Decenas de miles de personas marcharon en las calles céntricas de Santiago y otras ciudades en demanda de una amplia reforma política y económica, movilización que coronó el paro nacional de 48 horas convocado por la CUT y que registró incidentes durante la desconcentración.

Con bailes y batucadas, cuatro marchas distintas confluyeron en inmediaciones de La Moneda, en reclamo de profundos cambios que abarcan desde una reforma constitucional, electoral e impositiva hasta una educación de calidad, pública y gratuita.

 La jornada de protesta, convocada por la Central Única de Trabajadores, contó con la adhesión de más de 80 organizaciones sociales y partidos de la oposición, y se repitió en ciudades como Valparaíso y Concepción.

Jaime Gajardo, presidente del Colegio de Profesores, afirmó que la magnitud de la movilización "demuestra que estamos ante un movimiento de protesta social ciudadano por reformas de fondo, estructurales; aquí ya no es sólo un movimiento de los estudiantes, eso es lo real".

Camila Vallejo, líder de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile (FECH), señaló que "el pueblo de Chile está cansado de que se privilegie la ganancia de unos pocos, a costa del bienestar, los derechos y la dignidad del pueblo chileno".

El dirigente de los subcontratistas del cobre, Cristián Cuevas, confirmó que entre otras demandas los trabajadores chilenos reclaman "el derecho a negociaciones colectivas efectivas, el derecho a huelga, una reforma tributaria y un nuevo Código Laboral".

Desde el gobierno, dividido entre conservadores y liberales y con la imagen presidencial en mínimos históricos, algunos ministros pretendieron aliviar las tensiones, mientras otros profundizaron la confrontación.

El ministro de Economía, Pablo Longueira, señaló que el paro es "inútil" pero reconoció que si no pudiera pagar la educación de sus hijos "también estaría marchando". El ministro de Salud, Jaime Mañalich, en cambio, calificó de "asesinos" a los padres de los alumnos secundarios que desde hace casi 40 días están en huelga de hambre.

Por su parte, la ministra del Trabajo, Evelyn Matthei, minimizó los efectos de la huelga al asegurar que el 90,9 por ciento de los funcionarios públicos trabajaron normalmente, mientras la Asociación Nacional de Empleados Fiscales precisó que más del 80 por ciento de sus empleados se adhirió al paro.

El líder de la CUT, Arturo Martínez, prefirió no polemizar con las cifras del gobierno y apuntó a Matthei, quien "hace rato viene dando tumbos y se pone muy histérica cuando habla. Entonces no razona bien". "No me interesa polemizar con la ministra, me interesa que el gobierno debe saber que tiene que conversar acerca de los temas alrededor de los cuales se movilizó la gente".

La movilización de hoy se había desarrollado de manera pacífica hasta el momento de la desconcentración cuando comenzaron a registrarse incidentes entre encapuchados y manifestantes.

El más grave de los disturbios se produjo cuando un grupo de manifestantes prendió fuego a las puertas de la Iglesia de la Gratitud Nacional, ubicada sobre la Alameda, principal arteria de Santiago por donde habían marchado los manifestantes. El gobierno informó que hoy habían sido heridos siete policías, y que ayer habían sido detenidas 500 personas. Reportó además 108 heridos -42 de ellos carabineros-, 285 colectivos dañados y 60 semáforos destruidos.

Las protestas, que continuarán en septiembre y cuyo núcleo es el movimiento estudiantil, revela en el fondo una profunda crisis política derivada del sistema de representación en Chile heredado de la dictadura pinochetista, que determina un Congreso prácticamente equilibrado, sin mayorías claras y con un esquema presidencialista muy rígido.