Durante su administración, el Departamento de Seguridad Interna expulsó en 2011 a 397 mil indocumentados, la mayoría de ellos de origen mexicano. Obama aprovechó para fustigar a sus posibles competidores en las presidenciales de noviembre, los republicanos Newt Gingrich y Mitt Romney, por no apoyar la ley de fomento para el progreso, alivio y educación para menores extranjeros (Dream Act).

“Mientras no exista una reforma migratoria integral, continuarán las historias descorazonadoras de familias separadas o deportadas”, apuró el demócrata que en noviembre buscará su reelección. “Eso es lo que estamos tratando de cambiar. Pero en última instancia, tenemos que cambiar nuestra política”, aseveró. Obama recordó su compromiso de seguir impulsando una reforma migratoria integral o, al menos, la Dream Act. “Hablé de ello en el Mensaje de Estado de la Unión y voy a seguir haciéndolo”, aseguró.

Las declaraciones ocurrieron en momentos en que los candidatos republicanos a retarlo en noviembre reiteraron su postura de no apoyar la Dream Act. Gingrich y Romney deslizaron que apoyarían el Dream Act sólo si se otorgara a los que se inscriban en las Fuerzas Armadas estadounidenses. Esta norma permitiría a miles de jóvenes que son hijos de indocumentados regularicen la situación en el país, bajo determinadas condiciones. Obama atribuyó su política de deportaciones al sistema político, que no permite que el presidente pase por encima del Congreso. Sin embargo, dijo que continuará dando prioridad administrativa a la deportación de inmigrantes con antecedentes penales, y no a las familias que respetan la ley o a los jóvenes estudiantes indocumentados.

Esta semana, en su mensaje sobre el estado de la Unión, el presidente llamó al Congreso a trabajar de inmediato hacia una reforma migratoria integral o, al menos, una legislación que permita la permanencia de estudiantes indocumentados. También dijo que los actuales aspirantes a la nominación republicana para retarlo en noviembre representan ideas erróneas para Estados Unidos. Los republicanos evitaron profundizar sus posiciones en Florida, donde se encuentran para participar de las primarias el 31 de enero. Por su parte, el ex gobernador de Florida Jeb Bush llamó a sus correligionarios a considerar el problema migratorio con un sentido económico y no sólo como un tema de seguridad en la frontera. Los hispanos representan un margen de victoria en los quince estados que probablemente decidirán la elección presidencial de 2012, sostuvo Bush ayer.

El año pasado la Casa Blanca anunció una política de revisión de los 300 mil casos en lista de espera para ser expulsados. Pero tras los programas pilotos iniciales en Denver y Baltimore, se recomendaron 1600 suspensiones de deportaciones.