Imagen de archivo. Un avión militar de Estados Unidos bombardea la ciudad de Baghouz, en el norte de Siria. © DELIL SOULEIMAN / AFP

Hasta el momento Estados Unidos ha confirmado que el ataque aéreo lanzado en el este de Siria, en la noche del jueves, hora local, apuntó a instalaciones de milicias respaldadas por Irán, sin especificar posibles muertes. Fuentes médicas locales señalaron a Reuters este viernes que en el bombardeo fallecieron al menos 17 personas.

Sin embargo, la cifra podría ser mayor. El Observatorio Sirio de Derechos Humanos, con sede en Londres y una amplia red de colaboradores en el terreno, indicó que al menos 22 combatientes de las Fuerzas de Movilización Popular, un grupo iraquí, en su mayoría chiítas respaldados por Teherán, murieron en ese ataque perpetrado por Washington.

El Pentágono indicó un día antes que la operación se produjo en respuesta a un ataque con cohetes en Irak a principios de este mes que mató a un contratista civil e hirió a un miembro del servicio estadounidense y a miembros de otras tropas de la coalición.

"Confío en el objetivo que perseguimos, sabemos lo que acertamos", dijo el secretario de Defensa Lloyd Austin poco después de que se llevara a cabo el operativo.

Esta es la primera acción militar ordenada por la Administración del presidente Joe Biden, cuando persisten las amenazas en Medio Oriente. No obstante, la prensa estadounidense reporta que la decisión de Biden de atacar en Siria no parece indicar una intención de ampliar la participación militar de su país en la región, sino más bien demostrar una voluntad de defender a las tropas de EE. UU. en Irak.

"Hemos actuado de una manera deliberada con el objetivo de desescalar la situación general tanto en el este de Siria y en Irak", explicó el portavoz del Pentágono, John Kirby, en un comunicado.

Según las autoridades estadounidenses, la acción militar destruyó varias de las instalaciones que pertenecían a las milicias de Hezbolá y de Sayyid al-Shuhada.

El Pentágono describió la actuación como "proporcionada": "se llevó a cabo junto con medidas diplomáticas, incluyendo una consulta con el resto de la Coalición. La operación manda un mensaje sin ambiguedades: el presidente Joe Biden actuará para proteger al personal estadounidense y de la Coalición", agrega el comunicado.

-- Escalada de violencia desde el asesinato de Soleimani --

Desde que, en enero de 2020, Estados Unidos atacó y dio muerte al comandante iraní Qassem Soleimani a través de un bombardeo selectivo en Bagdad, un hecho que fue criticado por las fuerzas políticas iraquíes y las milicias proiraníes en Irak, los ataques a instalaciones estadounidenses en Irak han ido en aumento.

El 15 de febrero, varias personas murieron en la localidad de Erbil, entre ellas un soldado estadounidense y un contratista que hacía trabajos para la coalición internacional en Irak, tras el impacto de varios cohetes.

De acuerdo con la publicación británica ‘The Guardian’, un grupo de milicias chiítas poco conocido se atribuyó la autoría de esos ataques. Sin embargo, Kirby dejó claro que Irak es el responsable de investigar el ataque y los posibles responsables.

Posteriormente, el 22 de febrero, la embajada de Estados Unidos en Irak fue blanco de dos misiles tipo ‘Katiusha’ que impactaron en el exterior de la infraestructura, en plena Zona Verde, es decir la zona más segura en la capital iraquí desde que fue invadida en el año 2003 por tropas estadounidenses.

Los ataques en la Zona Verde son frecuentemente realizados por grupos armados poco conocidos. No obstante, Washington acusa directamente a Kataib Hezbolá, una milicia iraquí financiada directamente por Irán, calificada por Estados Unidos como una organización terrorista.

La escalada de ataques contra posiciones estadounidenses, y la respuesta militar de Estados Unidos, se presenta en medio de los intentos de Washington y Teherán de lograr restablecer el acuerdo nuclear firmado en 2015 y del que Estados Unidos se separó bajo la presidencia de Donald Trump.