El lanzamiento tuvo lugar en el parque La Libertad, en el sector sur de San José, en un acto en que participaron el presidente Luis Guillermo Solís y su gabinete, presidentes de instituciones autónomas y personal diplomático acreditado en el país.

El plan, denominado Puente al Desarrollo, contiene novedades en la forma de enfrentar el problema de la pobreza, según explicó el ministro de Desarrollo Social, Carlos Alvarado.

Dentro de esas novedades está la contratación de 160 “cogestores”, que trabajarán directamente con las familias y actuarán como “puentes” entre éstas y las instituciones públicas.

Ellos analizarán las necesidades de cada familia, facilitarán los trámites ante las instituciones y estimularán a los beneficiarios a ser parte activa en la solución de sus problemas.

El modelo cuenta también con innovadores instrumentos como los mapas sociales, desarrollados en los últimos meses, que ubican con precisión las concentraciones de pobreza en cada uno de los cantones, distritos y barriadas del país.

También utilizará el registro único de beneficiarios, que ha integrado en un solo sistema toda la información relativa a las ayudas que reciben las familias pobres de parte del Estado: becas de estudio, pensiones del régimen no contributivo, seguro social, bonos de vivienda, entre otros.

Un cambio de paradigma

Costa Rica tiene un total de 318.810 familias en situación de pobreza, de las cuales 94.810 viven en pobreza extrema, con ingresos iguales o inferiores a los 47.000 colones mensuales por persona.

La pobreza en general representa alrededor de un 20% de la población total, en tanto que la pobreza extrema un 6,7%.

“Esta situación (20% de pobreza) se ha mantenido inalterable, con pequeñas fluctuaciones hacia arriba y hacia abajo en las últimas dos décadas”.

“Si esto no ha cambiado, a pesar de toda la inversión social que ha hecho el país en ese periodo, es que algo hemos venido haciendo mal”, aseguró Alvarado.

Y lo que se ha venido haciendo mal, concluye el funcionario, es la dispersión de esfuerzos por un lado y, por otro, el concepto de que son los pobres los que tienen que ir a las instituciones a demandar ayuda.

El nuevo paradigma consiste en que es el Estado, en una acción totalmente articulada, el que tiene que ir adonde están los pobres para estimular la generación de procesos que les permitan superar su situación.

Dentro de esa lógica, los apoyos estatales estarán condicionados a que los beneficiarios participen en distintos sistemas de educación y capacitación, incluyendo la escuela formal para los más jóvenes, o los de capacitación laboral para los adultos.

Irán además acompañados de asistencia para el desarrollo de emprendimientos, que les permita a las familias llegar a alcanzar su independencia económica.

Un compromiso central

En su discurso, el presidente Luis Guillermo, dijo que un gobierno tiene el compromiso central de dirigir sus esfuerzos al ser humano, “que debe ser el centro de la acción pública”.

“En ese sentido hemos fallado en los últimos 20 años como nación, no sólo porque no se ha disminuido la pobreza sino que, peor aún, la hemos aumentado”, afirmó.

Solís afirmó que el plan es un esfuerzo que "persigue poner fin a ese círculo vicioso que nos lleva a una sociedad cada vez más próspera en las cifras económicas pero más desigual en lo social".

"Vamos a hacer lo que sea necesario para reducir los índices de pobreza y de pobreza extrema", prometió el mandatario, quien recordó que no solo existe el programa Puente al Desarrollo, sino una serie de programas dirigidos a escasos recursos que no están en el círculo de la pobreza extrema.