Marco Tulio Araya y Felipe Ortiz (*)

Todos los países que conforman la región centroamericana han sufrido la depredación de sus recursos naturales de forma acelerada e irracional y los impactos ambientales trastocan varios países.  En esta región central de América, son comunes los proyectos mineros emblemáticos y con graves daños sociales, económicos y ambientales, como consecuencia de la explotación minera a cielo abierto y/o artesanal.

En este informe, damos una nueva mirada al proyecto Minero Crucitas, que se localiza en el distrito de Cutris, cantón San Carlos, en la provincia de Alajuela Costa Rica, en la frontera entre Costa Rica y Nicaragua, en la cuenca del Río San Juan, región de abundante y riquísima biodiversidad.

 

Mirada ambiental

Durante la visita del día 3 de setiembre del presente año, 2019, nos enfocamos a realizar una valoración visual y documental de los daños ambientales que se están generando por la explotación minera artesanal, los cuales impactan de manera directa o indirecta a la Cuenca Binacional del Río San Juan. Muchos de esos daños son irreversibles.

Los primeros coligalleros o guriseros llegaron de la zona de Abangares, Guanacaste, Costa Rica. Luego la fiebre del oro provocó la invasión masiva de costarricenses en busca de fortuna y aventura que se fue diluyendo. En los últimos años, en los picos más altos de explotación, los que ingresan al sector de Crucitas en territorio costarricense, son “guriseros” nicaragüenses, procedentes de la regiones caribeñas de Nicaragua, además del municipio de Rama y Muelle de los Bueyes, la mayoría de forma ilegal.

La actividad minera artesanal, se está dando en el área de Crucitas, en la finca donde se pretendía establecer una mina a cielo abierto y se ha extendido a por lo menos 20 fincas aledañas. La explotación más fuerte se está dando en un área de al menos 200 hectáreas alrededor de lo que se conoce como “El Pantanal”, sector suamposo que se puede considerar como un humedal, donde existen huellas de una explotación completamente desordenada, con severos daños al suelo, tanto externos como internos.

Los daños a los ecosistemas que logramos visualizar durante la visita de campo son severos. Entre ellos podemos mencionar: la pérdida total del bosque primario húmedo tropical, el ensanchamiento o deterioro de los desagües naturales, la generación de muchas toneladas de material de relave dispersas, el cambio de uso de suelos, lo que da lugar a la presencia de malezas y matorrales, además de drenaje ácidos, la pérdida de la belleza escénica, abundantes residuos de desechos sólidos y de heces fecales.

Durante el proceso para obtener el oro utilizan mercurio, por lo que la contaminación de suelos y aguas es indiscutible; aguas y sedimentos escurren contaminadas con toneladas de mercurio hacia el Caño Crucitas y el río Infiernillo, cuyas aguas superficiales desembocan en el río San Juan, territorio nicaragüense.

Durante el proceso de trituración del oro hacen uso de la técnica conocida como tómbola, utilizando de 2 a 3 onzas de mercurio por tonelada. Dependiendo de la calidad de la broza, una tonelada de broza equivale a 36 o 30 cajuelas, lo que es igual al contenido de 30 bidones, con capacidad de 5 galones.

Fuimos informados por varias fuentes que están operando más de 100 tómbolas en territorio nica, en el sector fronterizo de ambos países, en donde procesan material o broza tica, con lo que la contaminación por mercurio es drenada hacia el río San Juan y la comercialización, tanto del mercurio como del oro, se hace desde Nicaragua.

Mirada social

Se nos informó que durante la última semana de agosto de este año la policía costarricense realizó el operativo militar conocido como Lapa 3, con el objetivo de expulsar a los guriseros, tantos ticos como nicas. El resultado fue la captura de aproximadamente 200 personas ilegales y algunos legales. Las personas indocumentadas fueron entregadas a migración nica en el puesto fronterizo Las Tablillas.

Además, lograron incautar 5 vehículos con placas costarricenses, además de equipos rústicos utilizados en la molienda, que se mantienen custodiados por la Policía de Fronteras en los predios de la finca Vivoyet, custodiados por la Policía de Fronteras, que tiene una estación policial permanente en este lugar.

Mirada a la contaminación

En septiembre del año pasado la Universidad Nacional (UNA) realizó un estudio en la zona de Crucitas y territorios aledaños, levantando muestras de suelos, agua, plantas y peces, obteniendo los siguientes resultados: De las 94 muestras tomadas en peces 92 de ellas superaban los 20µg/kg de mercurio.

Muestrearon navajuela, junco y raíces de Guarumo, en donde la menor concentración de sitios no impactados directamente fue de 12.6ng/g.p.h. El pasto afectado resultó con una cantidad de mercurio 15 veces más alta que en otras tomadas fuera del sitio; y la raíz de guarumo resultó con una cantidad 50 veces más alta que otras tomadas fuera del lugar.

En las aguas del Caño Crucitas, la concentración de mercurio está por encima de la norma canadiense, que tiene una concentración máxima admisible de mercurio orgánico para la conservación de la vida acuática de 0.026 µg/l. Todos los sedimentos de los sitios que muestreamos tienen altos de mercurio.

Es importante mencionar para el caso de Nicaragua, que una de las muestras de peces tomadas aguas arriba de la desembocadura del río Infiernillo, peces caracidos de la familia Characidae, contenía una concentración de 16 µg/kg, lo que hace suponer que también haya actividad de guriseros población nicaragüense sobre las diferentes terrazas del río San Juan.

Mirada a la impunidad y a la inacción

Las autoridades costarricenses, ambientales, de salud y de seguridad, conocen de la situación de explotación ilegal de oro en Crucitas, violación de las leyes ambientales, amenazas a la salud, trasiego de sustancias prohibidas, como el mercurio y cianuro, y saqueo de las riquezas del subsuelo. Las autoridades migratorias ticas saben que un altísimo porcentaje de los coligalleros son migrantes nicas indocumentados, muchos de ellos encontrados infraganti en la explotación minera y detenidos dos, tres y más veces. Existen varios vehículos, con placa tica, retenidos por las autoridades por trasladar broza para ser procesada en la zona fronteriza y otros lugares.

Esta más que comprobada (Estudio UNA 2018), la contaminación de los ecosistemas por mercurio y los impactos ambientales en el terreno, en el paisaje y en la población circundante. ¿Por qué entonces el silencio? ¿Por qué la inacción? ¿Será que existen intereses, por debajo de la mesa, de grandes inversionistas que están siendo protegidos? ¿Existirá un matrimonio entre autoridades competentes en el tema y las autoridades policiales? ¿Será algún negocio en contubernio con personas o autoridades nicaragüenses?

Mientras todo se mantiene en silencio y como si nada pasara, toneladas de mercurio se están vertiendo en los cauces de los ríos tributarios del San Juan, envenenado lentamente su cuenca y en su desembocadira en el mar Caribe.

(*) Marco Tulio Araya es ecologista costarricense; y Felipe Ortiz es gestor ambiental nicaragüense.