Nuestros verdaderos campeones son los ecologistas asesinados en Costa Rica cuyos crímenes siguen sin que se haga justicia.

En Costa Rica son los hechos y las palabras: Olof "Nicolás" Wessberg (1975), Antonio Zúñiga (1989), Jorge Aguilar (1994), Gerardo Quirós Acosta (1992), Jaime Bustamante, María del Mar Cordero y Oscar Fallas Baldí (1994), David Maradiaga Cruz (1995), Kimberley Blackwell (2011), Jairo Mora Sandoval (2013), Diego Armando Saborío (2014) y Sergio Rojas Ortiz (2019). Estas personas pagaron con su vida y son los verdaderos campeones.

Pero no solo ellos, hay una lista de decenas personas que han sido amenazadas, acosadas, estigmatizadas, perseguidas, demandadas y hasta encarceladas por lograr un país más justo y ecológicamente sano.

Hemos puesto el pecho y recibido amenazas de madereros, mineros, empresarios, cámaras agrícolas, ministros, alcaldes y hasta magistrados. Es una lista grande y es feo hablar de uno mismo; pero es lo que hemos vivido.

No estamos reclamando un premio, pero si tuvieran vergüenza y consecuencia serían conscientes de que para recibir un reconocimiento hay que agradecer a quienes hicieron posibles algunos logros ambientales de este país. Si fuera por los políticos y los gobernantes este país sería otro. Si no fuera por la sociedad organizada y las comunidades ya estaríamos llenos de mineras y petroleras, con un país mucho más destruido ecológicamente.

La conservación y las políticas alternativas han nacido de la legitimad de la ética y de movimientos alegres y contestatarios, de atrevernos a reclamar que otro país es posible. No de tiestos politiqueros que responden a las empresas, a las cámaras y a las transnacionales de siempre.

Un saludo a todas las y los campeones de las comunidades indígenas que han defendido y recuperado su territorio, a las personas campesinas que se han rebelado contra la tóxica agroindustria, a las mujeres que se han organizado para liderar las principales luchas comunitarias de los últimos 30 años defendiendo ríos, zonas de protección, biodiversidad y los bienes comunes que permiten la vida.

Saludos a las personas campeonas que, desde su función pública o particular, aportan a un colectivo consciente de transformación y cambio social. Desde la academia, sindicatos, cooperativas, empresas turísticas, guardaparques y tanta gente que cambia el mundo sin mayor crédito y generalmente contra el interés de los empresarios, las transnacionales y sus políticos mayordomos de siempre.

Ellas y ellos son los verdaderos campeones ambientales.