Caía una llovizna en Nueva York cuando en la madrugada los cientos de manifestantes que ocupan el parque de Wall Street, escobas y baldes en mano, lo limpiaron y para las seis y media concluían su tarea.

La razón de tanta actividad era que la policía los desalojaría esa mañana para "hacer la limpieza rutinaria semanal", y los ocupantes decidieron hacerla ellos mismos por si acaso a alguien se le ocurría desalojarlos permanentemente después del aseo.

Decidí hacer acto de presencia y tenía muchas razones, la mayoría difícil de explicar ahí y a esa audiencia. Entre otras cosas, me indigna la penetración de nuestros barrios y ciudades por las drogas, la creciente inseguridad ciudadana, los múltiples asaltos por tanto tiempo y por tantos a la Caja del Seguro Social, y la sensación de que desde sus torres de marfil nuestras autoridades buscan favorecer los intereses de unos pocos en detrimento de los derechos del ambiente y de la salud de la inmensa mayoría de nuestro pueblo.

Me indigna que Costa Rica no haya podido aprobar una ley para regular el consumo del tabaco que continúa matando a diez de nuestros compatriotas y a cientos de los suyos, algunos con mejor suerte, operados por mi cuando ejercí mi profesión en su país. Me indigna que con tanto éxito las compañías tabacaleras hayan logrado su propósito. Particularmente me indigna que sea un médico quien haya liderado la lucha a favor de las tabacaleras y contra el bienestar de sus compatriotas.

Pero todo esto hubiera sido muy difícil de explicar así que escogí hablar y protestar contra otro tema.

Ese día éramos mil los presentes, cifra que varía cada día hacia arriba o hacia abajo. A mi lado, un joven universitario residente de Brooklyn explicaba a un ciudadano que uno de sus vecinos tenía un patrimonio de diez billones (sí, billones) de dólares y que posiblemente pagaba la misma tasa de impuestos que la suya. Fue muy interesante escuchar la reacción del interlocutor, de clase media baja, quien argumentaba su anuencia ¡a que fuera así !

La policía, respetuosa pero intimidante con sus cientos de "esposas" plásticas colgando del cinto, tenía instrucciones de que no se interrumpiera la circulación en la acera, así que quien quería tomar una foto debía hacerlo rápido, y quien quería discutir con los manifestantes debía ingresar al parque detrás de nuestro presencia justo a la orilla del parque.

Mi manta. Como hemos hecho tan buena labor proyectando la imagen de que Costa Rica es un país verde, amante de la naturaleza, "sin ingredientes artificiales", fue relativamente fácil explicar mi presencia y el significado de mi manta. La mía desentonaba con los cientos de mensajes escritos a mano en pedazos de cartón. Fue diseñada por un artista alajuelense e impresa a todo color y en flamante vinilio por profesionales en San José. En un extremo tenía una llamativa lapa verde y en el otro un pozo derramando petróleo sobre nuestra bandera en el borde inferior. Decía en inglés: Mallon Oil: No exploración en la Costa Rica Verde.

*Médico