“Hoy en AyA estamos de fiesta, se gradúan 2.300 niños que representan a 60 escuelas, de un programa de Vigilantes del Agua en 120 escuelas. Es importante que estas escuelas cumplieron las metas que se habían propuesto, una de las cuales era reducir (el consumo) de 60 millones de litros de agua”, afirmó el gerente de la institución, Manuel Salas.

La graduación tuvo lugar en el Parque Viva, en la Guácima de Alajuela, en un ambiente festivo, con niños de todo el país.

La iniciativa Vigilantes del Agua cumplió este 2019 diez años de estar en los centros educativos impartiendo educación ambiental y promoviendo la protección del recurso hídrico.

Entre 2018 y 2019, el programa capacito a 9.252 estudiantes, lo que permitió un ahorro anual de 58,3 millones de litros de agua mediante el uso óptimo del recurso. “Esto representa un 60% sobre el consumo previo a la intervención del proyecto”, asegura un comunicado de AyA.

Vigilantes del Agua trabaja en sensibilizar a los niños y niñas de escuelas y colegios de Costa Rica sobre el uso racional del recurso hídrico, así como el cambio de infraestructuras en los centros educativos para reducir en al menos un 50% su consumo de agua.

 Algunos casos altamente exitosos son la Escuela Los Ángeles de Guápiles, que ahorró un total de 17,1 millones de litros,  y el Colegio Técnico Profesional Batán con un ahorro total de 13,8 millones de litros.                                                                 

 El proyecto, en el que participa la Fundación Aliarse, implementa cambios completos de tubería e instalación de losa sanitaria y grifería de bajo consumo, mejorando el abastecimiento interno de agua potable y las condiciones de higiene en cada centro educativo.

 

Así funciona Vigilantes del Agua

 La iniciativa consiste en una serie de talleres y giras técnicas que son coordinadas en primera instancia con el director(a) del centro educativo, quien designa un educador encargado y un grupo niños y niñas que trabajarán con el programa en su centro educativo.

 La misión es convertir a los niños en agentes multiplicadores en sus respectivas escuelas o colegios para así traspasar a sus compañeros los conocimientos adquiridos en las capacitaciones. Con esto se busca que el uso óptimo del agua potable en las instituciones sea una disciplina entre los estudiantes para lograr una reducción en los consumos del líquido mediante el mejoramiento de los hábitos.

 Esta labor se ha asumido con la visión de educar a la población más receptiva, los niños y niñas, de manera que se fomente una nueva generación con mayor conciencia, responsabilidad y valoración del recurso hídrico, y que además traspasen los valores aprendidos a su familias, para crear una nueva cultura del valor del agua.