Imagen: Foto tomada de su muro. Juan Ramón Rojas, es escritor y periodista.

Pero es posible que nadie se atreviera a decirlo con tanta claridad y desde una trinchera tan privilegiada como es este matutino. El hígado, lo mismo que el corazón, es mal consejero.

El “analista” plantea separar de las funciones de gobierno al presidente Carlos Alvarado y dejarle solamente un puesto decorativo, como jefe de Estado. Ignoro en que norma constitucional se ampara el abogado Hidalgo, otrora defensor del Estado de derecho y de respeto a la Constitución Política.

En su lugar propone que se nombre una figura “de mucho peso” como ministro de la presidencia (una especie de primer ministro, se deduce), “para que gobierne con un gabinete tecnocrático por el resto del periodo presidencial”.

Este “jefe nominal” recibiría “un voto simbólico de confianza de la Asamblea Legislativa, que lo invista de un mandato político”. Y mostrando gran desprendimiento y flexibilidad partidaria, sugiere que este puesto lo ocupe Rodrigo Arias, quien, “además de ser el ministro de la Presidencia más eficiente en de las últimas décadas, pertenece al partido con más representación legislativa”.

Y remata: “Claro está, depende de que el presidente reconozca que su liderazgo se agotó y que, por el bien del país, es mejor que dé un paso atrás”. Casualmente, hace solo unos años Hidalgo culpaba al último gobierno de Oscar Arias Sánchez, del que su hermano fue pieza fundamental, de llevar al país a la quiebra.

Por lo que podemos ver, la crisis económica y sanitaria que está padeciendo el país da para todo, hasta las más célebres ocurrencias. Y hasta demencia en algunas personas. Lo vemos casi a diario en la estrambótica y ostentosa nueva sede legislativa. Una sede de país superrico con una economía en quiebra.