Estos datos fueron recopilados y analizados durante los últimos ocho años por el politólogo Ronald Alfaro Redondo, quien es investigador del Centro de Investigación y Estudios Políticos (CIEP) de la Universidad de Costa Rica (UCR).

Para la realización de esta investigación Alfaro tomó en cuenta no sólo el número de personas que votaron y no votaron a lo largo de 16 años, sino también consideró datos de contexto como ubicación geográfica, género, estado civil y edad de la población.

El investigador asegura que el principal interés para realizar esta investigación fue entender las razones por las que se ha reducido la asistencia a las urnas de elección presidencial en Costa Rica, tal como está ocurriendo en otras de las democracias más estables del mundo. 

“En las democracias del mundo hemos visto en un largo periodo una reducción en la concurrencia a las urnas, así que uno tiene que buscar explicaciones de por qué esto ocurre y por qué ocurre en diferentes contextos, hay que analizar las fuerzas detrás de esos comportamientos” apuntó el politólogo.

De acuerdo con Alfaro, los datos recabados revelan además que las personas con mayor edad y casadas son quienes acuden más a las urnas, comportamiento que se atribuye a una madurez que les permite entender la importancia del sufragio.

“Es el ciclo de vida de las personas, conforme un individuo va envejeciendo adopta roles de adulto. La gente conforme envejece adquiere interés por la política y entiende que la política tiene implicaciones en su vida cotidiana, entonces actúa en consecuencia” acotó el académico.

 

Madres influyen en el ejercicio electoral de sus hijos e hijas

La investigación realizada por Alfaro mostró que las mujeres han tomado desde la mitad de la década de los noventa, y de forma progresiva, un rol más activo en la política costarricense y que incluso,  hoy en día acuden más a las urnas que los hombres.

“El caso de Costa Rica es muy interesante, las mujeres aquí votan más que los hombres y eso tiene que ver con conquistas como el voto femenino y otras luchas sociales. Fue desde mitad de la década de los noventas que la mujer empezó a superar al hombre” apuntó el académico.

Sin embargo, la influencia de las mujeres va más allá de acudir a las urnas. Para la investigación realizada, Alfaro tomó en consideración la influencia de los padres y madres de familia sobre la intención de votar de sus hijos e hijas.

“Los progenitores tienen un rol muy importante en la socialización política de sus hijos e hijas, son un ejemplo determinante para el futuro comportamiento de sus descendientes, si ven que sus padres son poco participativos van a replicar ese ejemplo” señaló el investigador.

Uno de los hallazgos más llamativos para Alfaro fue encontrar que las mujeres son más influyentes que los hombres como agentes de socialización política para sus hijos e hijas, lo que a la larga ocasiona que las madres impacten el comportamiento en mayor medida que los padres.

“La madre tiene un rol muy biológico y natural con sus hijos y en la política ese efecto es determinante, esto quiere decir que las mujeres tienen un rol muy determinante en la política. Las madres son agentes socializadores dominantes respecto a los padres” apuntó Alfaro. 

No obstante, el politólogo remarca que la influencia de los progenitores es mayor cuando los votantes se encuentra en etapas tempranas de su participación electoral y disminuye conforme van apareciendo nuevas alternativas políticas y los votantes van creciendo.

 

Polarización política es el principal motivante a votar para costarricenses

La investigación desarrollada por Alfaro, que se publicó bajo el título “Divide y votarás”, profundiza en el fenómeno de la polarización como medio de movilización política para la ciudadanía costarricense, principalmente en la última década.

De acuerdo con el académico, unas votaciones polarizadas pueden animar a los ciudadanos a acercarse a las urnas, pues existe una clara separación entre los partidos contendientes y para los votantes es más sencillo tomar la decisión de votar por uno u otro partido.

“A la polarización normalmente se le atribuyen cualidades negativas, pero al menos para la participación electoral es el principal estimulador, lo que pasa es que mucha polarización puede ser muy riesgoso. La democracia tiene que encontrar ese equilibrio” subrayó el investigador.

Alfaro asegura que el fenómeno de la polarización es propio de las democracias, sin embargo, la clave está en manejar adecuadamente los conflictos que puedan surgir en el camino de maduración de la política electoral. 

“En las democracias el conflicto es inherente, siempre va a estar presente. El tema es manejar ese conflicto, no podemos dejar que la polarización desestabilice el sistema político” concluyó Alfaro.