El presidente estadounidense Donald Trump realiza un discurso durante un acto de campaña en Waukesha, Wisconsin, el 24 de octubre de 2020. © Tom Brenner / Reuters.

Cuando las elecciones de 2016 le abrieron las puertas de la Casa Blanca a Donald Trump, pocos podían vaticinar cuál sería el curso de su presidencia. Pero si algo se podía esperar era un tono muy diferente en su forma de gobernar y de portar la primera magistratura de Estados Unidos.

El magnate del sector hotelero y de casinos se caracterizó siempre por su alto perfil mediático -al punto de patentar la frase “estás despedido” cuando oficiaba de jurado en un ‘reality show’ de emprendedores- y su tono directo y confrontativo. Esa postura no la modificó durante sus casi cuatro años de mandato, que buscará revalidar en las elecciones del 3 de noviembre.

Tal fue la forma en la que impuso su impronta al Despacho Oval que ni siquiera siguió la costumbre de abandonar sus cuentas personales en redes sociales para adoptar una oficial durante su Gobierno. Twitter se convirtió en su arma predilecta para disparar contra medios, opositores y todo aquel que le provocara un disgusto. Aunque tampoco esquivó los exabruptos públicos, los escándalos políticos y dilemas judiciales.

Los improperios, moneda corriente de Trump en público y en privado

El enemigo predilecto de Donald Trump han sido los medios de comunicación críticos con su figura y su gestión. El enfrentamiento inició incluso antes de su llegada a la Presidencia, cuando la prensa osciló entre la incredulidad de darle opciones reales al empresario de llegar a la Casa Blanca, las críticas por sus dichos y pensamientos y la divulgación de episodios oscuros de su vida pública y privada.

Desde el Despacho Oval, con la satisfacción de haber sorprendido al mundo, Trump no cesó con los ataques a los medios y, en ocasiones, a periodistas o presentadores particulares. La etiqueta de ‘fake news’ fue la más utilizada por el mandatario para tildar a cualquier cadena crítica.

Pero tampoco escatimó términos despectivos para sus rivales políticos, aliados que dejaron de serlo, mandatarios extranjeros y más. Así, su rival en la contienda electoral, el demócrata Joe Biden, se ganó el mote de ‘sleepy’ (dormilón); la líder demócrata en la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, fue tildada de ‘nervous’ (nerviosa); el exjefe del FBI, James Comey, recibió el apodo de ‘slippery’ (resbaladizo) tras denunciar la presunta trama rusa contra Trump; o el líder supremo de Corea del Norte, Kim Jong-un, fue catalogado de ‘little rocket man’ (pequeño hombre cohete), solo por mencionar algunos ejemplos.

Aunque sus intervenciones despectivas no se acotan al universo de las redes sociales. Trump ha dedicado insultos e improperios en actos públicos a inmigrantes (tildó de “delincuentes y violadores” a algunos mexicanos que llegaban al país), países y lugares (llamó ‘shitholes’ a Haití, El Salvador y naciones africanas, también ligado a sus quejas por la migración), al Covid-19 (al que nombró como 'virus chino' y 'Kung Flu') o a los científicos que han alzado la voz de alarma por el avance del coronavirus, a los que calificó de “idiotas”. También se le han adjudicado descalificaciones en conversaciones privadas, como haber llamado “perdedores” y “bobos” a soldados estadounidenses que murieron en combate, según una investigación de 'The Atlantic'.

La trama rusa, la sombra de sospecha sobre la victoria electoral de Trump

Pero muchos de estos episodios recurrentes suenan anecdóticos frente a uno de los escándalos políticos que tuvo que enfrentar Donald Trump: la presunta intervención de Rusia para beneficiar a su campaña presidencial en 2016.

El entonces director del Buró Federal de Investigaciones (FBI), James Comey, anunció al Congreso una investigación sobre una posible conspiración entre los miembros de la campaña de Trump y Moscú para menoscabar a la rival demócrata en los comicios presidenciales de 2016, Hillary Clinton. Ese movimiento le costó el puesto a Comey y desató la ira del presidente, quien calificó toda la investigación como una “cacería de brujas” en su contra.

El fiscal especial designado para el caso fue Robert Mueller, quien lideró una enorme investigación, la cual reveló, por ejemplo, una reunión entre Donald Trump Jr. (hijo del presidente) y la abogada rusa Natalia Veselnitskaya, quien ofrecía información comprometedora sobre Clinton. El proceso se tradujo en más de 2.800 citaciones judiciales, redadas, imputaciones a 34 individuos y condenas de prisión para antiguos colaboradores de Trump, siendo su exjefe de campaña, Paul Manafort, el principal afectado.

El reporte final de Mueller, de más de 400 páginas, nunca fue revelado en su totalidad y solo se difundió un resumen de cuatro hojas, divulgado por el fiscal general designado por Trump, William Barr. En él queda reflejado que no existían pruebas suficientes para considerar una conspiración de Trump o su campaña con Rusia y concluye que Trump no cometió un crimen de obstrucción a la Justicia, aunque el informe “tampoco lo exonera”.

Trump, el tercer presidente de Estados Unidos en ser sometido a un juicio político

La otra gran tormenta política que debió sortear Trump durante su estadía en la Casa Blanca fue el proceso de juicio político abierto a finales de 2019 por las presuntas presiones del mandatario a su par ucraniano para investigar a Joe Biden y su hijo Hunter. Otro episodio que el jefe de Estado consideró como una "cacería de brujas" de la oposición.

El disparador fue la denuncia de un informante anónimo, que habría presenciado una llamada telefónica entre Trump y el presidente ucraniano Volodímir Zelenski. En esa comunicación, el mandatario estadounidense primero felicitó a su contraparte por su reciente victoria electoral, pero luego le pidió en reiteradas ocasiones que investigara si el exvicepresidente Biden utilizó sus influencias cuando ocupaba el cargo para lograr el cierre de una pesquisa contra la empresa de perforación de gas Burisma en Ucrania, que empleaba a su hijo Hunter. Eso se conoció luego de que Trump accediera a divulgar las transcripciones de la llamada ocurrida el 25 de julio de 2019, a la que el mandatario calificó de “perfecta”.

En la Cámara de Representantes, la mayoría demócrata abrió la investigación contra Trump y reveló que, tras la llamada, la Casa Blanca retuvo casi 400 millones de dólares en ayuda militar para Ucrania, fondos aprobados por el Congreso y que eventualmente fueron liberados.

Además, en el proceso fueron citados múltiples testigos. Alexander Vindman, principal experto sobre Ucrania en el Consejo de Seguridad Nacional, testificó que la petición de Trump a Zelenski era “inapropiada” por solicitar a un gobierno extranjero que investigara a ciudadanos estadounidenses. Mientras que el exembajador de Washington ante la Unión Europea, Gordon Sondland, le aseguró al Comité de Inteligencia de la Cámara Baja que existió un ‘quid pro quo’, es decir, un favor a cambio de otro.

'Impeachment': Senado absuelve a Donald Trump y lo envía fortalecido a su campaña de reelección

La Cámara de Representantes aprobó, con el respaldo de la mayoría demócrata, los cargos de obstrucción al Congreso y abuso de poder e inició el juicio político contra Donald Trump, el tercer presidente en ser sometido a un ‘impeachment’. Finalmente y a principios de 2020, el Senado, de mayoría republicana, absolvió al mandatario por la vía rápida, sin llamar a testigos a declarar.

La declaración de impuestos de Trump, la velada información que salió a la luz en la recta final a las elecciones

La última gran controversia que involucra a Trump en la Casa Blanca fue divulgada por una investigación del diario 'The New York Times' en septiembre de este año. El periódico reveló el contenido de la declaración de impuestos del presidente, información que él se ha rehusado a dar a conocer durante mucho tiempo.

Según el diario estadounidense, Trump sólo pagó 750 dólares en impuestos federales en 2016, cuando fue electo presidente, y la misma cifra en 2017. Además, la investigación sostuvo que el mandatario no pagó impuestos sobre la renta en 10 de los últimos 15 años. De acuerdo al informe, el presidente reportó enormes pérdidas que le han permitido ajustarse a un método de optimización fiscal y, así, evitar la cancelación de tributos.

La investigación también amenaza la imagen del exitoso hombre de negocios que Trump ha querido proyectar dado que exhibe deudas de más de 400 millones de dólares que vencerían en los próximos cuatro años y que él se comprometió personalmente a pagar.

“Pagué varios millones de dólares en impuestos pero tenía derecho, como todo el mundo, a la depreciación y a los créditos fiscales”, afirmó el presidente en su cuenta de Twitter para justificar sus cuentas, a la vez que criticó a la prensa por “obtener ilegalmente la información y con mala intención” a menos de dos meses de las elecciones.

Pese a todo, Trump ha sobrevivido a sus cuatro años como presidente y aún aspira a mantenerse en el poder por otro ciclo más. Hasta aquí, ha sabido sortear cada una de las tormentas con relativo éxito. Fuera o dentro de la Casa Blanca, pocos pueden imaginar un futuro con Trump alejado de los escándalos.