En ese momento, millones de ticos liberaron la tensión que los mantuvo paralizados durante más de dos horas frente a la pantalla del televisor y empezó la fiesta.

Costa Rica estalló en euforia. La multitud tomó los consabidos puntos de celebración como la Fuente de la Hispanidad y la Plaza de la Democracia en San José, pero el desborde fue en todo el país. Miles de vehículos sonando las bocinas en cada calle y avenida; miles de personas en las aceras agitando sus banderas tricolores. Abrazos, saltos y gritos.

El partido fue complicadol, del primero al último minuto, con momentos de gran ilusión y muchos de angustia.

Grecia fue un equipo difícil, que empleó todos sus recursos para lograr contener y derrotar a un rival que ya no era sorpresa, porque Costa Rica había demostrado, en la etapa de clasificación, lo que era capaz de hacer frente a enemigos de la talla de Uruguay, Italia e Inglaterra.

Pero al final se impuso el coraje, el deseo enorme de hacer historia, y el fútbol de Costa Rica se agigantó ante el mundo.

Para la prensa deportiva internacional, el héroe de esta nueva hazaña se llama Keylor Navas, el brillante guardameta del Levante español. El diario El País habla de “la magia” del portero costarricense al que llama “gigante”.

Ahora Costa Rica deberá enfrentar el sábado a Holanda, uno de los favoritos para llevarse la Copa. Desde luego, nadie piensa que ésta sea naranja comida, pero tampoco habrá quien se atreva –después de lo que Costa Rica ha exhibido en Brasil 2014-, a efectuar un pronóstico absoluto sobre los resultados del encuentro.