Sin embargo, eliminar el monopolio estatal que administra RECOPE o cerrar esta empresa pública no incidirá significativamente en los precios finales de los combustibles, ya que la estructura de costos está determinada por los precios internacionales y el tipo de cambio que representan un 54,3%, el impuesto único a los combustibles que representa el 30% y que es una porción del 5% del PIB.

Los otros componentes del precio de los combustibles están dados por los gastos de operación de RECOPE cuyo peso es del 9% de las tarifas totales, así como por el 7,2% de margen de las estaciones de servicio y transportistas.

Según estimaciones de ARESEP una baja de 10% en los gastos de operación que transfiere RECOPE a la tarifa, se traduciría en pagar apenas ¢5 menos por litro.

En ausencia de un régimen de justicia tributaria, el impuesto único al combustible constituye un mecanismo "más fácil y seguro" para financiar los gastos del Estado. Por ejemplo, entre los años 2008 y 2012 dicho impuesto generó la suma de mil seiscientos cuarenta billones de colones (1.640 billones de colones).

Ese impuesto se seguirá cobrando sea quien sea que venda el combustible en Costa Rica, con el agravante de que si se trata de un actor privado, al costo actual habrá que sumar las utilidades de dicho operador que engrosarán los bolsillos de unos cuantos socios, en detrimento de la población costarricense en general y de las 1.800 familias de las y los trabajadores que quedarían condenadas al desempleo o a salarios de hambre.

Romper el monopolio estatal significa que el país renuncia al control estratégico sobre el aprovisionamiento y la distribución de los combustibles que el Estado costarricense ha tenido durante los últimos 50 años.

Este control se llama soberanía energética y nos libra de la especulación y la arbitrariedad que implica que el país esté atado a grupos particulares que lucrarían con el negocio petrolero.

El negociazo de quienes pretenden romper el monopolio y cerrar RECOPE consiste en arrebatarle a nuestro pueblo toda la infraestructura petrolera que ha venido desarrollando RECOPE durante 50 años y que ha sido financiada por todas y todos los costarricenses, para explotación y usufructo privado.

Si de verdad se quiere reducir el costo de los combustibles en Costa Rica, hay que revisar la injusta estructura tributaria y entrarle en serio y de una vez por todas a la modernización de RECOPE, para que desarrolle una refinería moderna y adecuada a los requerimientos nacionales que permita volver a procesar crudo, lo que sería muchísimo más barato que los productos terminados que actualmente compra el país.

Al igual que muchas otras personas, aspiramos a energías limpias y ambientalmente sostenibles, pero hay que reconocer que estas alternativas no están a la vuelta de la esquina y que por los próximos 50 años el país y el mundo seguirán satisfaciendo su demanda nacional a base de combustibles derivados de los hidrocarburos.

Paralelamente a la refinación en el país, urge modernizar RECOPE para que realice la investigación, el desarrollo y la generación de fuentes alternativas de energía, que permitan una transición responsable de los combustibles a energías más sustentables.

(Sindicato de Trabajadores Petroquímicos y Afines, Sitrapequia es el sindicato de trabajadores de Recope)