Simone Biles del equipos de gimnasia artística de los EEUU en los Juegos Olímpicos de julio de 2021 en Tokio. © AFP

Simone Biles tenía muchas razones para mostrar fragilidad. Adoptada por sus abuelos luego de que su madre perdiera la custodia de cuatro hijos por problemas de drogas y alcohol, separada de dos de sus hermanos en el proceso de la adopción, víctima confesa de abuso sexual del médico Larry Nassar, las grietas de un pasado tumultuoso nunca parecieron filtrarse a ese terreno de asombro y perfección que era su carrera deportiva…. Hasta la noche del 27 de julio en Tokio.

“No puedo subir ahí”, se percibe que dice a su entrenadora justo antes de comenzar la rotación de riel de equilibrio, en unos inusitados Juegos Olímpicos sin público que han desbloqueado un nuevo nivel de intimidad, en el que se escucha desde la respiración agitada de un atleta hasta el “¿pero qué hago?” del campeón de espada de Londres 2012 Rubén Limardo, mientras trataba de descifrar al ulterior ganador, el francés Romain Cannone.

Inmediatamente fue sustituida por Jordan Chiles, quien no pudo evitar que Estados Unidos fallara en su intento de lograr un tercer oro olímpico consecutivo por equipos femeninos.

“Desde que entro al tapiz, estoy yo sola con mi cabeza, tratando con demonios en mi cabeza (…) Debo hacer lo que es bueno para mí y concentrarme en mi salud mental y no comprometer mi salud y mi bienestar”, admitió Biles ante la prensa, luego de la ceremonia de premiación en la que el equipo del Comité Olímpico Ruso recibió su segunda medalla de oro en la gimnasia de estos Juegos Olímpicos, luego de la masculina.

-- Biles, una 'máquina' de ganar --

Hasta este momento, nada hacía sospechar que había un pendiente en la lista emocional de Biles, tan concentrada y dedicada a su pasión por la gimnasia que de niña decidió hacer educación en casa para poder entrenar más horas, hasta 32 por semana en ocasiones.

Cuando debutó internacionalmente en 2013, comenzó una revolución que cambió la gimnasia para siempre. De la gracia y la delicadeza heredadas del Bloque Oriental, en la que las competidoras se mantenían a medio camino entre el ballet y el deporte, se pasó a la potencia y la explosividad.

Biles era más enérgica, más atlética, más técnicamente desafiante que cualquier otra competidora que se hubiera visto antes, y parecía que la misma fortaleza física con la que compensaba su escasa estatura en aparatos como el potro de salto, la asistía mentalmente.

Pero dos episodios dieron campanadas de alerta que podrían explicar en alguna medida el quiebre de Tokio 2020.

En 2016, el grupo de piratas cibernéticos rusos conocidos como Fancy Bears ejecutó un hackeo a la base de datos de la Agencia Mundial Antidopaje y filtró los historiales médicos de varios atletas, entre ellos los de Simone Biles. Así se descubrió que tenía una Exención de Uso Terapéutico para el consumo de sustancias normalmente prohibidas, pero que a ella se le habían prescrito para controlar el TDAH o Trastorno de Déficit de Atención por Hiperactividad.

"Sí, tengo TDAH y medicarme para ello no es algo para estar avergonzada o para temer que la gente lo sepa", defendió ella en Twitter en esa oportunidad.

Dos años después ocurrió el escándalo de Larry Nassar, el médico del equipo de gimnasia de Estados Unidos y de la Universidad Estatal de Michigan acusado de abusar de más de 250 niñas y jóvenes, y condenado a una pena de prisión de 60 a 175 años.

Me he sentido rota y cuanto más intento apagar la voz en mi cabeza, más fuerte grita

Gimnastas que habían compartido con Biles en el equipo nacional, como McKayla Maroney y Aly Raisman, participaron activamente en el proceso contra Nassar. A ella le tomó más tiempo asumir y hacer público que también había sido una víctima.

"La mayoría de ustedes me conocen como una chica feliz, risueña y enérgica. Pero últimamente me he sentido rota y cuanto más intento apagar la voz en mi cabeza, más fuerte grita. Ya no tengo miedo de contar mi historia", admitió en Twitter.

-- Lejos de la perfección --

¿Fue el éxito deportivo un refugio en el que Biles se protegió de sus "demonios"? Parapetada por el triunfo, probablemente pocas veces tuvo que lidiar con ellos en público, hasta que en Tokio 2020 se vio por primera vez desamparada por la perfección.

Sin las exclamaciones de asombro del público, sin el aplauso avalando sus hazañas, y con la evidencia de su falibilidad ante las cámaras, en la ronda de clasificación se vio a Biles hacer expresiones de molestia luego de mostrar fallas en su rutina favorita, manos libres, y en su salida del potro.

Aun así, logró clasificar a todas las finales por aparatos, al 'all-around' o concurso general y por equipos. Pero en la primera de esas finales, algo definitivamente se rompió y Biles recibió un llamado interno que la desconectaba de su dimensión sobrehumana y la situaba en el mismo oscuro rincón que hizo a Naomi Osaka retirarse de Roland Garros y Wimbledon este año.

Permanentemente bajo los reflectores del triunfo, son pocos los atletas que han hablado abiertamente sobre sus problemas de salud mental como lo han hecho Biles y Osaka. Curiosamente, ambas salen de Tokio (no se sabe si Biles definitivamente) el mismo día, una jornada que podría abrir una nueva puerta de revisión para el deporte.