Exigir vacuna para asistir a los estadios inclinaría a muchos a aceptar la inmunización.

Según datos oficiales, en la última semana epidemiológica (del 19 al 25 de septiembre) se registró un total de 15.941 nuevos casos, casi un 5% más que en la anterior medición. La cifra de muertos durante esa misma semana fue de 223, un 5,6% más que en el informe previo.

El promedio de muertes por día pasó de 30 a 32, mientras que las hospitalizaciones siguieron acrecentando la saturación de los centros de salud, con un aumento de ingresos de 906, 6,5% más que en la anterior semana epidemiológica.

Pese al grave panorama de salud pública, las autoridades siguen aprobando aperturas. Por ejemplo, para el partido eliminatorio de la Selección Nacional, el 10 de octubre ante El Salvador, se anunció un aumento del aforo a 5.000 personas.

También aprobó la apertura del Estadio Nacional a eventos musicales que se realizarán en noviembre y diciembre, con aforos de 2.500 y 5.000 personas respectivamente.

Los hoteles de más de 100 habitaciones podrán trabajar con aforo del 100% a partir del próximo viernes, con el fin de incentivar el turismo al inicio de la temporada alta.

En otras palabras, está claro que la pandemia no podrá evitar la paulatina “normalización” de la actividad económica, porque esa parece ser la decisión del gobierno.

Siendo así, las autoridades deberían aumentar las presiones para lograr que el mayor número de personas se vacunen en el menor lapso posible. La imposición de la vacuna a los empleados públicos es un paso acertado en esa dirección, pero es insuficiente.

En otros países, se ha decretado la prohibición de ingreso a lugares públicos de las personas que rechazan la vacunación. Eso incluye estadios, bares, restaurantes, centros comerciales, cines y otros espacios donde se concentra público.

Esa podría sería una poderosa motivación para hacer cambiar de opinión a muchas personas que, por ignorancia o falta de solidaridad, se niegan a recibir la inmunización contra la Covid-19.