Desde Beijing. En vísperas del encuentro que hoy mantendrá con Xi Jinping y que será la actividad más trascendente de su visita a Beijing, Cristina Fernández de Kirchner afirmó ayer que “la alianza estratégica integral con China no es una política de este gobierno, de este espacio político, sino una política de Estado en la República Argentina”. Lo hizo durante su encuentro con los directivos de las treinta empresas líderes chinas, a quienes les transmitió la idea que ella misma sintetizó más tarde en Twitter: “La Argentina es una fuente inagotable de negocios”.

La Presidenta contó que la reunión fue “excelente” y, aún del otro lado del mundo, se acordó de los opositores. “Habría que traer a algunos de gira –dijo– para que escucharan lo que dicen los empresarios de la primera economía del mundo sobre nuestro país.”

La reunión con los CEO de las 30 empresas más importantes de China fue la primera actividad oficial de la visita de Cristina Kirchner. El encuentro se hizo en el mismo hotel St. Regis en el que la Presidenta se hospeda. La reunión empezó puntualmente a las cinco de la tarde. Los empresarios y sus colaboradores comenzaron a llegar una hora antes y el lobby del hotel, dominado por los argentinos desde la llegada de la comitiva presidencial, pasó a ser un reflejo de la integración que hoy en día existe entre los dos países.

La Presidenta recibió a los ejecutivos en un salón del primer piso, donde se dispuso una gran mesa cuadrada con flores rojas en el centro. Sobre la mesa había arreglos de rosas y hortensias, pero ya no con los colores de la bandera argentina como el ramo que le entregaron a CFK a su arribo al St. Regis, sino blancas y rosadas. Ella se sentó a uno de los lados, en la silla del centro. Hasta allí llegó caminado por sus propios medios, con la bota plástica que debe usar durante la recuperación de la fractura de su tobillo. De un lado, Julio De Vido y del otro Axel Kicillof. Sentado a la mesa entre los funcionarios estaba también el gobernador de Entre Ríos y precandidato presidencial, Sergio Urribarri.

Antes de hablar, CFK escuchó la presentación de cada uno de los CEO. Hubo de todo: los que –siguiendo el pedido del secretario de Relaciones Económicas Internacionales de la Cancillería, Carlos Bianco– se presentaron en forma breve y los que se extendieron. Los que se limitaron a plantear someramente sus expectativas y los que aprovecharon para colar algún reclamo. Fue el caso de Gu Yanmin, el vicepresidente de Midea Group, compañía que compró la empresa Carrier en la Argentina, quien sutilmente deslizó la queja de que en el país se hace difícil disponer libremente de las ganancias. Ning Gaoning, CEO de Cofco Corporation, socia de Nidera, le recordó que aún no tienen permiso para operar el muelle que hace tiempo terminaron de construir en Puerto San Martín, al norte de Rosario.

“Quédese tranquilo que la autorización la va a conseguir”, le respondió Cristina Kirchner, pero no fue más allá de eso con ninguno de los planteos y, por el contrario, brindó un mensaje destinado a entusiasmar a los empresarios. “Estoy muy impresionada de estar no sólo en la economía más grande del mundo, sino frente a las empresas y los bancos más grandes del mundo”, dijo de entrada y entre los elogios a las compañías chinas remarcó dos en forma particular. “Quiero realzar especialmente a la empresa Gezhouba, con la cual mañana (por hoy) vamos a dar el inicio a la obra hidroeléctrica nacional más importante de la Argentina. También agradecemos a Sinosure, que actuó como empresa aseguradora”. Con los representantes de la firma China Energy Engineering Company Group Limited, matriz de Gezhouba, incluso tuvo después una audiencia por separado.

La obra a la que aludía CFK es la construcción de las represas Jorge Cepernic y Néstor Kirchner, que demandará una inversión de 4174 millones de dólares. Tres bancos chinos, cuyos directivos también estuvieron en la reunión, financiarán la obra que en su faz civil estará a cargo de la empresa argentina Electroingeniería. Gezhouba aportará el diseño y la tecnología de las centrales hidroeléctricas y las turbinas. El desembolso de los créditos venía demorado, pero tres días antes de la llegada de Cristina Kirchner se liberó el primer tramo por 287.723.536 dólares para empezar la construcción. La Presidenta pondrá en marcha las obras en una teleconferencia con Santa Cruz, luego de su reunión con Xi Jinping.

Entre las posibilidades que ofrece la Argentina, CFK enumeró que “prácticamente todo el país es cultivable”, que “es el país más competitivo del mundo en la producción de granos por hectárea” y les habló de la inversión en el Belgrano Cargas, “que es una de las naves insignia en materia de competitividad porque atraviesa todas las áreas cultivables de la Argentina y abarata la logística”. También destacó el potencial de Vaca Muerta, sin pasar por alto el reciente acuerdo entre YPF y la china Sinopec para desarrollar proyectos de petróleo y gas convencional y no convencional, y la apuesta que en el país se hace a la energía nuclear.

“Es un país muy rico también en minerales”, señaló, además, para pasar a comentarles a los ejecutivos de los “importantes” yacimientos de litio que hay en Salta y Jujuy y hacerles una convocatoria concreta a que tomen la posta del yacimiento de potasio que la brasileña Vale abandonó en Mendoza: “Dejo sobre la mesa a estos importantes inversores chinos y jugadores mundiales que en la Argentina está vacante este yacimiento que es el más importante del mundo de potasio para que analicen sus posibilidades de inversión”.

Al final llegó la definición acerca de que su presencia en Beijing “confirma la alianza estratégica integral” con China que es “una política de Estado”. Fue el broche al marco político que le dio a la charla al señalar en el comienzo que “China es hoy un primerísimo actor a nivel de la geopolítica internacional y Argentina también es importante geopolíticamente porque forma parte de una región como América del Sur” y que ambos países creen “que es la política la que dirige la economía”.

Tras el intercambio de preguntas que habilitó la Presidenta después de su presentación, la reunión terminó. Los chinos salieron conformes. Destacaron, sobre todo, la franqueza del diálogo. CFK también quedó satisfecha. “La reunión fue excelente. El conocimiento de Argentina y de sus posibilidades por parte de los empresarios me sorprendió”, escribió en Twitter, donde contó también que “no tienen dudas sobre el potencial de Argentina luego de 10 años de crecimiento y desarrollo” y que “las expectativas me parecieron inmejorables”. Remató con el mensaje a Buenos Aires de que algunos deberían acompañarla para escuchar “lo que dicen los empresarios de la primera economía del mundo sobre nuestro país”.

Hoy Cristina Kirchner volverá a dirigirse a los empresarios, pero ya no sólo chinos sino también al centenar de argentinos que llegaron en busca de negocios. Les hablará a la mañana en el Foro Empresarial Argentino-Chino que se desarrollará en el World Trade Center, separado del hotel St. Regis por unas pocas manzanas que reúnen embajadas y dependencias oficiales y que, por la baja altura de las edificaciones y el menor tránsito, parecen un páramo en comparación al paisaje que deberá transitar para ir al encuentro de Xi Jinping en el Gran Palacio del Pueblo, frente a la mítica Plaza Tiananmen. Hasta allí irá por Jianguonmen, la principal avenida de Beijing, tanto o más ancha que la 9 de Julio y con veredas a ambos lados a la vez tan anchas como la propia avenida, pero que aun así en las horas pico no da abasto: la recomendación para los que no la acompañarán en la caravana es salir como mínimo una hora antes de lo previsto, porque en los momentos de mayor tránsito es ése el tiempo que puede llevar recorrer los tres kilómetros entre el hotel y el edificio de la Asamblea Nacional Popular.

Al término de la reunión, Cristina Fernández y Xi Jinping firmarán nuevos acuerdos y después el mandatario chino le brindará un agasajo. A esa altura ya habrá caído el sol y en su regreso al St. Regis –del que no salió desde que llegó– CFK tendrá oportunidad de disfrutar de los árboles repletos de luces de todos los colores posibles, una costumbre que se extendió en los últimos años a propósito de la celebración del Año Nuevo chino.