Por Marcelo Justo

Londres. En un nuevo round preliminar de la gran batalla del Brexit, el gobierno británico publicó su Papel Blanco (White paper), documento oficial en el que detalla los principales objetivos de la negociación con la Unión Europea. El ministro para el Brexit, David Davis, señaló que el gobierno busca conjugar un Reino Unido independiente y global con una nueva y ambiciosa relación con la Unión Europea. “Esto se basa en 12 principios con un objetivo: la construcción de un vínculo positivo, constructivo y de mutuo beneficio entre el Reino Unido y la UE”, señaló Davis.

Este nuevo lenguaje diplomático británico busca apaciguar años de beligerancia verbal y mostrar que el gobierno sigue abierto al mundo. El título del White paper tiene algo de hoja de ruta y prenda de paz tanto para los otros 27 miembros de la UE como para el 48,2% de los británicos que votaron a favor de permanecer en el bloque: “The United Kingdom’s exit from and new partnership with the European Union White Paper” (La salida del Reino Unido y la nueva empresa común con la Unión Europea). En otras palabras, separación sí, hostilidad no.

Este giro lingüístico es un paso necesario pero no suficiente. El White paper detalló los mismos principios que Theresa May había especificado en su discurso del 17 de enero calificado unánimemente como un “hard Brexit” (separación completa de la UE para recuperar el control inmigratorio). El documento confirmó que el Reino Unido renuncia a los dos mecanismos económicos del bloque: el “mercado único europeo” y la Unión Aduanera. El primero da plena libertad a las empresas de un país para operar en un mercado de más de 500 millones de personas: la unión aduanera regula el comercio con el resto del mundo. En su lugar aspira a llegar a un acuerdo con el bloque europeo que le dé la máxima inserción posible en la UE.

El White paper enfatiza que este objetivo es de “interés mutuo” señalando que en 2015 el Reino Unido exportó unas 230 mil millones de libras en bienes y servicios a la UE (288 mil millones de dólares) e importó unas 290 mil millones de libras (363 mil millones de dólares). “No se trata de unir dos sistemas divergentes sino de encontrar el mejor modo de aprovechar y mantener el sistema y los marcos de referencia que hoy en día permiten el pleno intercambio comercial y económico del Reino Unido y la Unión Europea. Deseamos que la UE sea un éxito político y económico”, señaló Davis.

Pero consciente de la complejidad de la negocación, el White paper expresa el deseo de tener un “acuerdo provisorio” en caso de que no se llegue a una solución definitiva cuando se completen los dos años establecidos por el Tratado Europeo a partir de la activación del artículo 50. Los objetivos que plantea el White Paper son una vara que permite al parlamento evaluar la política del gobierno. La otra vara es el proyecto de ley aprobado el miércoles por amplia mayoría (498 votos a favor y 114 en  contra) en la primera fase de su tránsito parlamentario. El proyecto autoriza a la primer ministro a activar el artículo 50, pero tiene todavía que atravesar varios escalones en la Cámara de los Comunes y los Lores antes de ser sancionado como ley.

La oposición propuso unas 60 páginas de enmiendas al escuetísimo texto del proyecto aprobado el miércoles que consta de dos cláusulas y 137 palabras. Las enmiendas impulsadas por los principales partidos de oposición –laboristas, nacionalistas escoceses y liberal-demócratas– buscan un mayor escrutinio parlamentario, la consulta a los gobiernos autónomos de Escocia, Gales e Irlanda del Norte, una votación sobre el acuerdo final que incluye la posibilidad de solicitar un nuevo referéndum y una evaluación del impacto de las negociaciones sobre diferentes aspectos de la vida británica (medio ambiental, igualdad, finanzas públicas).

Estas enmiendas necesitan el apoyo de ambas cámaras (comunes y Lores). A menos que haya fuertes fisuras en el interior de los conservadores y un cambio de posición del laborismo que decidió en su mayoría apoyar al gobierno, la ley se aprobaría tal como salió el miércoles. Una vez atravesado el parlamento y activado el artículo 50 comienza la parte más delicada: la negociación.

En su declaración ante el comité parlamentario del Brexit esta semana el ex embajador ante la UE, Ivan Rogers, quien perdió el puesto en enero por asegurar que la negociación podría prolongarse 10 años, reafirmó que sería un proceso de “una escala descomunal” y que terminaría en más de una ocasión a los “puñetazos” (fist-fighting)

El diplomático advirtió que la UE va a exigir por el Brexit un pago de entre 40 y 60 mil millones de euros (43 mil y 63 mil millones de dólares) y que Bruselas no está dispuesta a pactar un acuerdo de transición. “Muchos parten de la premisa, quizás equivocada, de que el Reino Unido no se atreverá a salir de las negociaciones porque terminarían sin un acuerdo preferencial y con un acceso restringido a la UE “, dijo Rogers.

Una de las áreas en las que más podría perder el Reino Unido es en el sector financiero, una de las columnas del sistema económico británico de los últimos 30 años. Según un reciente documento interno de la UE, los servicios financieros de la City representan el 40% de los activos europeos y sus bancos suministran más de un billón de libras en préstamos al bloque. “Tenemos que persuadirlos de que le conviene a la misma UE llegar a un acuerdo, pero no va a ser tan fácil cuando nuestro servicio diplomático está abrumado y no del todo listo para una negociación extremadamente compleja”, señaló Rogers.     

Nunca se pueden descartar las sorpresas, pero todo parece indicar que el gobierno podrá activar el artículo 50 en la reunión de la Unión Europea en Malta el 9 de marzo. A partir de allí comienza otro combate que dependerá mucho de la Diosa Fortuna.

En un año cargado con la incertidumbre de Donald Trump, la UE tiene un pesado calendario electoral que va a coincidir con las primeras fintas de la negociación. Seis días después de la reunión en Malta, Holanda va a las urnas: el candidato nacionalista de ultraderecha sigue liderando las encuestas. El turno electoral de Francia en abril es igualmente incierto: nadie descarta un triunfo en segunda vuelta de Marie Le Pen. Las elecciones en Italia deberían ser en mayo del año próximo, pero tras la renuncia de Mateo Renzi en diciembre nadie descarta elecciones anticipadas. El turno de Alemania es en septiembre.

Con este panorama la Fortuna que Maquiavelo rescataba tanto como causante del cambio histórico tendrá plenas posibilidades de expresarse en las negociaciones del Brexit.

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