Así resume Alberto Salom el desafío que se ha propuesto asumir al aceptar inscribir su nombre como candidato a la rectoría de la UNA, en las elecciones institucionales que se realizarán el próximo 15 de mayo.

“Creemos que ha llegado la hora de plantearse una nueva ruta que corrija esa fragmentación, la universidad debe volverse mucho más interdisciplinaria de lo que es hoy”, afirma este académico, doctor en Gobierno y Políticas Públicas, quien encabeza un amplio movimiento de profesores, administrativos y estudiantes universitarios.

Salom, lleva 39 de sus 62 años al servicio de la UNA, con algunos periodos de interrupción como el de hace nueve años, cuando fue electo diputado para el periodo 2006-2010.

Admite que le atrae la política, pero “siempre he pensado que soy más académico que político. Por eso, cuando ayudé a la campaña del presidente Luis Guillermo Solís, él ya sabía que yo regresaría a la universidad, porque además me había comprometido con todos estos compañeros universitarios que me apoyan para la rectoría”, relata en entrevista con Informa-tico.com.

Salom habló sobre los problemas actuales de la UNA que pretende enfrentar de resultar favorecido con el voto de los universitarios el próximo 15 de mayo: la fragmentación, el excesivo centralismo, la falta de transparencia, el distanciamiento entre la vida universitaria y la sociedad, entre otros. He aquí sus respuestas.

¿Cómo analiza usted la situación actual de la Universidad, cuáles son sus más acuciantes problemas?

Creemos que la UNA está sumamente fragmentada, compartimentada y eso se debe a dos circunstancias que concurren. Una de ellas es organizativa: la UNA es de carácter napoleónico, responde a esquemas de finales del siglo XVIII, inicios del XIX: la universidad nacional dividida en facultades y éstas en unidades académicas. Es un sistema que favorece la fragmentación del conocimiento.

La otra circunstancia es que el desarrollo de la ciencia y la tecnología desde finales del siglo XX produjo un portentoso desarrollo de la informática, la biotecnología, la robótica, la cibernética, la computación, la nanotecnología, pero no se pudo evitar que ese desarrollo fuera lineal, se distanciando los saberes unos de otros. Las universidades responden un poco a esa dinámica.

Creemos que ha llegado la hora de plantearse una nueva ruta, que corrija eso buscando un diálogo de saberes. La universidad debe volverse mucho más interdisciplinaria de lo que es hoy.

Este mismo fenómeno se produce entre las actividades sustantivas de la universidad - la docencia, la investigación, la extensión y la producción-, que en vez de ser actividades concurrentes, funcionan como islas. La docencia no necesariamente tiene que ver con la investigación, o la investigación con la extensión y la producción.

La investigación tiende a disminuir en importancia y eso es lamentable porque el conocimiento se desarrolla sobre todo a base de investigación y, aunque sea lo más caro, tenemos que apostar a ella.

Al mismo tiempo se ha ido apoderando de la UNA una suerte de administrativismo cortoplacista, mecánico, cuantitativista, que tiene postrada y enreda a la Universidad. Nos hemos enredado en una maraña de procedimientos, de normativas que acogotan los procesos académicos.

El IV Congreso que acaba de pasar, ya tomó nota de esto y hay una orientación en el Consejo Universitario y en otros cuerpos de la institución para intentar simplificar los procedimientos y los trámites. Y nosotros pretendemos profundizar eso, hacer un tipo de gestión que ponga el acento en lo académico.

¿Generan estos problemas descritos efectos negativos en relación con la calidad académica?

Claro que sí porque, si se deja de investigar y se hace docencia sin recurrir a investigación propia, se va cayendo en una especie de docencia libresca que es lo que pasa muchas veces con las que llamamos universidades de garaje.

Usted ha hablado de promover un proceso de “desconcentración” en la UNA, mientras que la fórmula que encabeza el señor Leiner Vargas habla de “descentralización”. ¿En qué se diferencian ambas propuestas?

Hay una diferencia muy importante. Cuando la otra fórmula habla de descentralización está pensando en crear entes dentro de la Universidad con personalidad jurídica propia. Por un lado, eso no se puede hacer porque solo la Asamblea Legislativa tiene potestad para crear entes públicos con personería propia.

Lo que la otra fórmula está proponiendo induce a error y fomenta fuerzas centrífugas en la Universidad, donde hay desaliento, inquietud en muchas sedes, secciones y facultades, que no están satisfechas de cómo se administran centralistamente los recursos.

Nosotros estamos pensando en una desconcentración máxima, entendiendo por eso el traslado de competencias, recursos y decisiones a unidades, facultades y sedes, pero manteniendo la unidad.

¿Qué papel juega la extensión en este planteamiento de cambio que usted propone para la UNA?

Para nosotros el estudiantado no se forma solo en el aula, con formación técnica, académica por selecta que sea. El estudiante termina de redondear su formación fuera del aula. Eso nos obligará a desarrollar políticas que potencien el desarrollo cultural, artístico, deportivo, el debate de ideas, el voluntariado; queremos ir al encuentro de la desigualdad social, de la pobreza, con estudiantes que se animen (porque será una decisión voluntaria de ellos). Quisiéramos tener a miles de estudiantes de la UNA apoyando en las comunidades las políticas públicas encaminadas a abatir la desigualdad social y la pobreza. Poner en el puro centro de la pedagogía el aprender haciendo.

Lo anterior también está relacionado con el tema de la regionalización. Queremos eliminar la idea de que la universidad funciona conforme a un centro, que ha sido históricamente el campus Omar Dengo. Porque si hay un campus central quiere decir que los recursos van a seguir ahí, que los profesores son más importantes ahí y que los estudiantes de primera están ahí. Y no lo vemos de esa manera.

Claro que es un proceso, no se pueden abatir 32 años de políticas de regionalización pensadas centralistamente, en un abrir y cerrar de ojos. Es un proceso pero la idea es ponerlo a caminar.

La regionalización comporta también un compromiso con la sociedad. Las mismas carreras que se imparten en las regiones deben salir de un diálogo con la sociedad local o regional.

¿Qué otros aspectos destacaría usted de su programa?

Me interesa mucho el tema de la cooperación internacional. Creemos que hay que darle mucho más énfasis a la cooperación en Centroamérica y con Centroamérica, el Caribe y la región latinoamericana. Eso no quiere decir que vamos a disminuir o dejar caer los convenios que tengamos hechos -de los cuales me siento muy satisfecho- con universidades del primer mundo, pero deberíamos regresar a ellos con una óptica mucho más regional.

Hay también un tema que tiene que ver la cultura institucional. Para nosotros, la universidad tiene una enfermedad. Se nota cuando muchos compañeros y compañeras universitarios van a dar a salud laboral por problemas de estrés. Hay un enfrentamiento entre la gente, se nos ha olvidado dialogar, acudir a la resolución alternativa de conflictos, por cualquier cosa estamos levantado un expediente disciplinario. Ese debe ser un recurso de última instancia.

El otro aspecto es el de la rendición de cuentas, pero no como una pose. No creo en la rendición de cuentas como autobombo, el jerarca tiene que poner al desnudo las llagas. Tenemos que ser capaces de hablar con naturalidad de los problemas.

Y en cuanto a la transparencia: todo online: el salario del rector, los acuerdos de la convención colectiva de cara a la sociedad. No puede haber nada de lo que nos avergoncemos.

Y finalmente el diálogo con la sociedad. Ahí estamos adquiriendo tres compromisos: con la defensa de los derechos humanos, con el combate a la desigualdad social y la pobreza y con la sostenibilidad del desarrollo.

La universidad tiene que contribuir con estos objetivos.

En particular, con el tema de los derechos humanos nos interesaría muy especialmente trabajar con las personas con discapacidad, en el combate a violencia contra la mujer, los adultos mayores y los niños, así como en contra de la discriminación de minorías por razones étnicas o religiosas y la discriminación por orientación sexual.

Hay críticas sobre el tema de los gastos de las universidades públicas. ¿Qué respuestas plantea frente a esto?

Ya dije una: todo online. Yo personalmente soy un administrador, soy especialista en administración pública, es mi doctorado, mi opinión es que la administración de una universidad no debe tener un secreto para nadie. Creo que hay que corregir los vicios de una administración centralista y clientelar, que también se da al interior de la universidad.

Eso se tiene que acabar porque conspira contra la planificación y el uso racional de los recursos. Lo otro es lo que ya hablamos: la rendición de cuenta y la transparencia.