Luis Guillermo se nos presenta como un administrador honesto, que lo es, pero a mí me deja el sinsabor de que lo que muchos en este país queríamos era algo más ambicioso, más valiente, más inspirador.

No hay en el discurso, tan lleno de detalles y de números, un reconocimiento de la necesidad de romper con los intereses y las prácticas del pasado, única forma de que esa Costa Rica sin pobreza y sin desigualdades, pueda ver la luz.

No encontré el llamado a construir una nueva forma de hacer política, que fue tan recurrente en su campaña electoral.

Bondades por todas partes, tibieza, conciliación, ausencia de la más mínima confrontación, como si de verdad esa fuera la realidad.

Se puede terminar concluyendo que aquí basta con un partido "moderado", al estar todos en la misma sintonía.

Con relación a la política exterior, en una región convulsa y llena de retos, que obliga a definiciones y toma de posición, prefiere pasar de puntillitas como para que nadie se entere. Somos un oasis neutro, comprometido con abstracciones.

Mentiría si dijera que esperaba otra cosa. Ya los cambios de verdad vendrán, no será en esta ocasión.