Imagen: Padre Francisco Calvo. Tomada del blog de la Francmasonaría de Costa Rica.

Imagen: Padre Francisco Calvo. Tomada del blog de la Francmasonaría de Costa Rica.

El padre Rafael Calvo agradecido con este hermoso gesto, lo abrazaba y le acariciaba su cabeza. Dejaba que el niño se divirtiera porque le despertaba una gran misericordia. Recién nacido fue abandonado en la puerta de la iglesia, lo acogió como si fuera su hijo y le dio sus apellidos.

Sabía quiénes eran sus progenitores pero con mucha prudencia nunca repitió sus nombres, aunque era un secreto a voces.

Lo bautizó con el nombre de Francisco Cipriano Calvo. De cariño lo llamó Chico y veló por su educación basada en una sólida formación en valores cristianos. El güilita resultó ser inteligente, travieso, con don de gentes y muy servicial.

Chico creció bajo el amparo y la guía del padre Rafael y se convirtió en su sombra. A donde iba el padre Rafael, ahí estaba Chico. Por eso conocía todos los enredos del pueblo y aprendió a callarlos también. Tenía una capacidad innata de análisis y de encontrar soluciones a los problemas y en muchas ocasiones daba consejos a su mentor.

El padre Rafael lo escuchaba como si de verdad le fuera a obedecer y esta confianza le ayudó a forjar un niño valiente, gestor, creativo y con aptitudes para ejercer el liderazgo.

Cuando trasladaron al padre Rafael a Cartago, se fueron juntos y ahí estudió sus primeras letras. Continuó su preparación en Nicaragua y a los 25 años se había graduado en Teología, Filosofía y Derecho civil.

A su regreso al país, se le nombró profesor en la recién inaugurada Universidad de Santo Tomás. Años después se consagró como sacerdote y su vida transcurrió entre los asuntos propios de su vocación, ejerciendo la docencia que disfrutaba mucho, cultivando un predio con café e incursionó en la política nacional.

El padre Chico Calvo fue un aliado incondicional del presidente Juan Rafael Mora Porras por quien sentía un profundo respeto y admiración. Por eso ni lo pensó dos veces cuando le dijo que contaba con sus servicios como primer capellán del ejército, en la Guerra Patria Centroamericana, conocida como la Campaña Nacional de 1856-57.

Es oportuno destacar el valioso apoyo que brindó la iglesia Católica al presidente Mora. El obispo Anselmo Llorente y la Fuente fue un aliado incondicional y estuvo de acuerdo en que el padre Calvo acompañara al ejército en esta gloriosa gesta militar.

Previo a la partida del ejército hacia Guanacaste, doña Inés Aguilar, esposa de don Juanito Mora, invitó al padre Francisco Calvo a tomar café a su casa y en un ambiente de mucho secretismo, semejante al que reina en un confesonario, ambos intercambiaron inquietudes con respecto a la guerra que se avecinaba.

- Padre Calvo, cree que sea urgente defender Costa Rica de las amenazas filibusteras, preguntó angustiada doña Inés.

- Sí, mi estimada señora. Don Juanito no tiene otro camino. O vamos a defender nuestra patria y nuestras libertades o nos harán esclavos y perderemos la paz en que vivimos.

- ¿Así de grave es este asunto?, inquirió de nuevo doña Inés.

- Sí. Pero confíe en la Providencia Divina. Está de nuestro lado y nos acompañará siempre. Vamos a luchar por una causa justa. No queremos la guerra pero tenemos que defender nuestros derechos, nuestra religión, la paz de nuestras familias y la soberanía de nuestra patria.

- ¡Hay padre me siento muy acongojada y oro todas las noches para que esto no suceda!

- Pues debe orar más para que retorne la paz a Costa Rica y porque regresemos sanos y salvos al país: el padre de sus hijos, los soldados y su sacerdote confesor. Mi querida Inecita ¡Dios será nuestro casco protector!

Y el ejército partió a la guerra al mando de don Juanito Mora. El padre Chico Calvo siempre diligente, apaciguaba con su sabio consejo las incertidumbres que atormentaron al Presidente y al alto mando del ejército.

Durante las batallas se le vio correr de un lado para otro atendiendo heridos, ayudando a distribuir municiones, socorriendo a los moribundos, consolando a los afligidos e impartiendo los santos óleos. En repetidas ocasiones estimuló a los desfallecidos soldados quiénes agotados, con hambre y sed, no podían ni empuñar las armas para batirse en contra del enemigo.

Luego de ver como la falange filibustera corría acobardada ante los ataques inclementes de la artillería costarricense, los soldados recibían el abrazo generoso y alentador del padre Calvo y cuando todos dormían, el padre registraba en su libro de notas, los nombres de los soldados que habían perecido y los que habían sido heridos en las batallas.

Cuando apareció en las filas del ejército el cólera morbus, el Padre atendió a los enfermos y les dio palabras de consuelo. Oró junto los moribundos por su recuperación y fue la voz de aliento que más escucharon los afectados por esta fatal bacteria, que en esos años no tenía cura conocida y que acabó con la vida de diez mil costarricenses.

Colaboró con el general José María Cañas para establecer un cordón sanitario que no permitiera el ingreso de más contagiados al valle central y tuvo que recurrir a su inquebrantable fe religiosa para no desfallecer, en esa peligrosa misión de atender los soldados enfermos del cólera.

Al concluir la guerra, presentó sus valiosas notas que registraron los soldados heridos y muertos en batallas o por el cólera. Estas listas de defunciones permitieron conocer los nombres y de dónde procedían esa gran cantidad de soldados, humildes campesinos, quienes ofrendaron su vida por la patria en la Guerra Patria Centroamericana de 1856-57.

El presidente Mora le reconoció al padre Calvo los heroicos servicios prestados a Costa Rica con tanta entrega y valentía al concederle el grado de Coronel y la Cruz de Honor, la cual lucía siempre con mucho orgullo.

Después del golpe de Estado que le dieron al presidente Juan Rafael Mora, el padre Calvo demostró sin temores su fidelidad a don Juanito, al participar activamente en el movimiento militar para restablecerlo en el poder, apoyando a doña Inés, la esposa fiel y perseverante, quien acompañó siempre a su amado esposo en todas sus luchas y sueños fallidos.

Al padre Chico Calvo le llovieron las amenazas de los enemigos políticos del presidente Mora y fue obligado a salir del país. Viajó a América del Sur y se instaló en Perú.

En dicho país el padre Calvo incursionó en la masonería. Eso era inaudito para la época: un cura masón. Años después trajo este pensamiento a Costa Rica, fundando la primera logia masónica llamada Caridad, en San José.

La masonería era un pensamiento que, en esos años, no era aceptado por la iglesia Católica por lo que causaba extrañeza ver a un sacerdote buscando adeptos para conformar su recién fundada logia.

El padre Chico Calvo consideraba que la masonería era un complemento de sus creencias religiosas y así lo expuso ante otros sacerdotes que lo acusaban de practicarla. Defendió el espíritu conciliador que promulgaba este pensamiento basado en la libertad, la igualdad y la fraternidad entre los seres humanos. Afirmaba que los masones eran personas libres, de buenas costumbres y se unían para buscar la concordia universal y la práctica de la solidaridad.

Este compromiso con la masonería le trajo al padre Calvo muchos anticuerpos en el seno de la iglesia y fuera de esta, a pesar de que destacados políticos y prominentes intelectuales del país, simpatizaban con estas ideas.

Años después mermó el entusiasmo por la masonería y el padre Calvo se recluyó de nuevo en la iglesia de la que, en realidad, nunca había salido; pero no se quedó quieto porque se involucró en la formación del primer gremio de artesanos del país y en algunas rencillas motivadas por la elección del nuevo obispo.

Genio y figura hasta la sepultura, el padre Calvo continuó siendo impetuoso, carismático, hacedor, propositivo y muy político.

En el Hospital San Juan de Dios, olvidado de todos y en la mayor pobreza, el padre Calvo vivió sus últimos días. Nunca recibió una tierna caricia materna y añoró la presencia de un padre amoroso. Le sobraron méritos para ser declarado Héroe Nacional pero algunos sectores no lo avalaron por haber sido un sacerdote-masón, su fidelidad al presidente Juanito Mora y haber tenido fuertes roces con prominentes miembros del alto clero.

Momentos antes de su partida de este mundo fue visitado por el capellán del hospital quien respondió algunas preguntas que le hiciera el padre Calvo, en vos baja y rodeados de un sospechoso misterio.

El capellán con una sincera compasión le recordó la hidalguía y coraje desplegados por él en la defensa de la patria que tanto amó, su fidelidad a un estadista visionario y valiente como lo fue don Juan Rafael Mora Porras, el apoyo moral que brindó a muchos costarricenses necesitados de escuchar una frase de aliento en el fragor de la guerra y durante la pandemia y las bendiciones recibidas, porque desde que nació estuvo presente en las oraciones de destacados miembros del clero, sus antepasados cercanos.

El rostro del padre Calvo reflejó una profunda paz y con una sonrisa en sus labios, abandonó este azaroso valle de lágrimas. Partió en silencio el huérfano, hijo de padres conocidos, quien ejerció un reconocido liderazgo como sacerdote, cafetalero, teólogo, filósofo, profesor universitario, consejero, político, capellán, soldado, escritor, líder gremialista, fundador de la masonería en Costa Rica, promotor de candidaturas para el obispado y otras cosas más.

 

Actividades didácticas

 

- Mediante una búsqueda en Internet comprueba la participación de la iglesia Católica en la Guerra Patria Centroamericana, llamada por los costarricenses Campaña Nacional 1856-57. Elabora un esquema que resuma dicha participación y lo comentas con tu familia y con tus compañeros de clase.

- En Internet busca la biografía del padre Francisco Calvo y conoce su obra como ministro de la iglesia católica. Elabora un pequeño ensayo o pensamiento sobre su persona. Compártelo con tu familia o compañeros de aula.

- Investiga en Internet más detalles sobre la masonería y elabora un listado de destacados intelectuales y políticos costarricenses que han sido y son reconocidos masones.

- Investiga la procedencia familiar del padre Francisco Calvo para que comprendas el secretismo que rodeó su nacimiento. (Artículo del historiador José Aurelio Sandí Morales. https://ahabat.blogspot.com/2017/01/el-libro-de-defunciones-del-presbitero.html. Lo compartes con tu familia y compañeros de estudio.

- Destaca el valioso aporte que hizo a la historia del país, las anotaciones sobre la guerra, realizadas por el Pbro. Francisco Calvo. (Libro de defunciones) Lo comentas mediante un diálogo con tu familia y compañeros de clase.

- Elabora una canción o una poesía que transmita el aporte del padre Francisco Calvo a la historia patria. Lo compartes con tu familia y tus compañeros de estudio.

(* Escritora, miembro de la Academia Morista de Costa Rica)

Libro Cuentos y relatos sobre la Campaña Nacional de 1856.