Impunidad a militares y civiles que cometieron crímenes imprescriptibles: torturas, secuestros, violaciones, asesinatos, desapariciones, según los tribunales de Nühremberg que juzgaron la barbarie nazi.

¿Por qué injusta? Por asegurar la impunidad para los agentes del Estado – tanto militares como civiles – que practicaron crímenes que, acorde a la jurisprudencia surgida en los tribunales de Nühremberg que juzgaron las barbaridades nazistas, serían imprescriptibles: torturas, secuestros, violaciones, asesinatos, desapariciones.

Firmada por el último dictador del régimen que duró de 1964 a 1985, un general llamado João Batista Figueiredo que amaba más a los caballos que a las personas (seguro se sentía mejor identificado con las cabalgaduras), permitió el regreso a Brasil de miles de exiliados y libertó a varios centenares de presos políticos. Gracias a la amnistía volvieron a la escena importantes dirigentes, como Leonel Brizola, Miguel Arraes, Luis Carlos Prestes y Darcy Ribeiro, que hacen más falta que nunca.

Pasados cuarenta años Brasil vive una experiencia perversa.

Por la omisión cobarde y cómplice de las más altas instancias judiciales de esta pobre y desgarrada tierra mía, somos el único país de América – ¡el único! – que trae la vergüenza de no haber punido un solo y miserable torturador.

Un país en que, a raíz de esa misma omisión, tenemos a Lula preso y un presidente ultraderechista que defiende la dictadura y la tortura.

Los jueces son otros, pero la omisión indigna e indignante es la misma.

Nos preside una aberración ambulante llamada Jair Bolsonaro, que reitera a cada día que uno de los más miserables e inmundos símbolos de aquellos tiempos, el coronel torturador Carlos Brilhante Ustra, es su ídolo.

Vivimos días y noches de asco, de impotencia, de indignación y miedo en una tierra cada vez más náufraga.

Vivimos en un país que no tiene memoria. Que prefirió la amnesia por el puro y asqueroso miedo a enfrentarse en el espejo y ver proyectada la imagen no solo de la derrocada de la esperanza y del futuro, pero del más absoluto retroceso en todos los aspectos de la vida.

La imagen de quienes eligieron a un psicópata que nos lleva al derrumbe moral y ético. Pobre y perdido país, pero mío!

¿Lograremos alguna vez levantarnos de ese mar de fango?