Al parecer, todos quisiéramos un presidente con estas características, guardando las razonables diferencias que pueda haber entre las dos naciones. ¿Podríamos aspirar los costarricenses a un gobernante con atestados similares?

Costa Rica es un país que, históricamente, ha compartido muchas características con Uruguay, más allá del tamaño de su población, como son los altos índices de bienestar social, alfabetismo y la fortaleza de sus instituciones, que siguen siendo sólidas en el país suramericano y en crisis, muchas de ellas, en el nuestro, producto de su manejo irresponsable en las últimas administraciones. El ejemplo más repetido es la Caja Costarricense de Seguro Social, nuestra institución insignia. A esto se suman los numerosos y sonados casos de corrupción de las últimas décadas.

El Partido Unidad Socialcristiana pagó su precio con el castigo de los electores, que lo han convertido en un cadáver insepulto. ¿Se le pasará al Partido Liberación Nacional su factura en estos comicios? Por el bajo índice de aprobación que le dan las encuestas, todo parece indicar que sí. El país está exigiendo novedosas formas de hacer política, nuevos liderazgos, más eficiencia y más rectitud en el manejo de los recursos de todos los costarricenses.

Este desencanto con los partidos tradicionales lo vemos en estas elecciones que, por otro lado,  contrasta con un entusiasmo que no se había visto en los más recientes comicios y que, incluso, podría llevar a bajar el abstencionismo. Una dispersión de partidos políticos, algunos con muy escaso caudal electoral, si nos dejamos llevar por las encuestas, pero que ofrecen al costarricense la más variada gama de alternativas y ofertas para expresar ese descontento, como posiblemente nunca antes.

Por sobrados motivos, está superada esa forma corrupta y clientelista de hacer política. De eso no cabe duda y los números así lo dicen de manera categórica. Pero creo yo, tampoco podemos desconocer que el país no está en la total ruina económica y social como algunos, desde una perspectiva muy pesimista, lo quieren hacer ver. Se pueden citar muchos ejemplos, pero me limitaré a uno extremo: pese a la crisis económica, el país no ha dejado de recibir inmigrantes, que han encontrado trabajo, y sus hijos, educación y salud. Por otro lado, no está exportando población, como se podría pensar de un país que estuviera en la bancarrota.

Esto no niega que hay grandes desafíos por delante si queremos tener un país más equitativo y con mejor estándares de vida. Algunos de estos retos han sido repetidos y ampliamente discutidos en esta campaña electoral en los distintos foros en los que han participado los candidatos: crear empleo, bajar los índices de pobreza y de pobreza extrema, sanear las finanzas públicas,  dinamizar el aparato productivo, rescatar a la Caja Costarricense del Seguro Social, mejorar las políticas ambientales y, sobre todo, mayor transparencia en el manejo de las finanzas públicas. Si se le va a pedir sacrificios al ciudadano, el primero que debe dar el ejemplo es el presidente de la República y, de allí para bajo, los demás funcionarios. Se está demandando, sobre todo, un compromiso con la ética en la función pública.

El elector quiere una nueva forma de hacer política dejando atrás formaciones anquilosadas que ya agotaron sus propuestas. Pero en el fondo, el tico es temeroso de perder lo que aún queda, y, no hay duda, queda mucho por rescatar. De allí las descalificaciones que se han dado contra algún aspirante presidencial. Es un camino fácil, hacer ver al costarricense que puede perder su tradición de libertades y la solidez de una amplia clase media que aún sobrevive.

¿Hay opciones? Sin duda que la hay. Una opción madura, que garantice ese cambio urgente, que rescate la confianza de los costarricenses desde una perspectiva moderada, tolerante, inclusiva y responsable. Un remozado liderazgo que le dé un nuevo aire al país con la garantía suficiente que será respetuoso del sistema republicano que tanto nos enorgulleció en el pasado.

Creo que Luis Guillermo Solís es esa persona. Su madurez, demostrada sobradamente en cada debate, y en su limpia carrera política y académica, es la garantía de que el país tendrá un rumbo claro, con una renovado liderazgo. Con Luis Guillermo en la presidencia, el país estaría en buenas manos para caminar, juntos, hacia nuevas formas de desarrollo. Entre los candidatos, si hay alguien que se pueda parecer a Mujica, ese sería Luis Guillermo Solís. Espero que los costarricenses votemos sabiamente el domingo y no desaprovechemos la oportunidad de elegir al mejor de los candidatos.