Melania Guerra, ingeniera y oceanógrafa costarricense, vinculada al trabajo científico con fondos marinos y masas glaciares. (F: Tomada de su muro),

El grupo de expertos lo integran científicos investigadores de los océanos y diplomáticos que este viernes asistieron a la conferencia de la ingeniera y oceanógrafa costarricense,  Melania Guerra, vinculada a las investigaciones y al trabajo científico con fondos marinos y masas glaciares, titulada “La ola de la diplomacia científica del océano: retos y oportunidades para el liderazgo ambiental de Costa Rica” en estas materias, que se llevó a cabo en el Ministerio de Relaciones Exteriores.

Estas dos áreas, la científica y la diplomática, destacó Guerra,” no pueden funcionar por conductos separados, sino que están llamadas a complementarse.  La ciencia debe ser un aliado del trabajo diplomático y su concurso es invaluable para fortalecer la incidencia del Estado costarricense en la atención de prioridades nacionales y planetarias”. 

Entre los temas destacados, el grupo de expertos recordó que “el último informe del Panel Intergubernamental de Expertos en Cambio Climático alertó sobre las dramáticas consecuencias del calentamiento global sobre los océanos y la criósfera (agua superficial del planeta que se encuentra en estrado sólido debido a las bajas temperaturas) que da pistas para prevenir graves peligros futuros”, que será referencia obligada para la agenda marina internacional 2020.

La responsable de la agenda azul (gestión del recurso hídrico y ecosistemas asociados) en la Dirección de Política Exterior, Viviana Tinoco, enfatizó en el importante trabajo que hay por delante y el esfuerzo de la Cancillería por vincular espacios de trabajo para lograr un mayor efecto multiplicador y un mayor impacto en los cambios que deban inducirse en una propuesta integradora. 

La conferencia se dio en el marco del programa de conversatorios sobre temas relevantes en la formación y actualización diplomática, y como parte del programa del Instituto del Servicio Exterior para conectar de manera articulada y constante la labor diplomática con el quehacer científico.