Alois Möller, economista, escritor, alemán y luterano; llegó a estas tierras hace más de 30 años y trabajó en diversas instituciones de la cooperación de las iglesias de Alemania, principalmente en Meso América, donde fue un amigo constructor de puentes y de nuevas propuestas entre su país y la región y nos ha dejado en días pasados. Su gran legado de amor, servicio, compromiso y solidaridad; nos convoca seguir luchando arduamente por ese otro mundo posible más justo y humano por el que soñó y trabajó.  
 
Hablar de Alois Möller en esta región es también hablar de Pan para el Mundo, EZE hoy EED, Servicio Mundial, Federación Luterana Mundial, de desarrollo sustentable, derechos humanos, de iglesia liberadora, incidencia, consorcios, concertación entre muchos otros temas e instituciones. No es posible hablar de estas ellos sin pensar en Alois.

Hablar de Alois Möller, o Alvis para sus seres cercanos, no es posible, sin que venga a la memoria ese particular alemán, bajito, risueño, andariego, crítico y aventurero; sí, aventurero de la utopía, de otro mundo posible.

Por eso, la pérdida de un ser querido -mas aún si se nos va de repente-, como Alvis, causa dolor, tristeza; porque los seres humanos todo lo que amamos tanto, quisiéramos eternizarlo.

Si pero eternizarlo, en una vida eterna; futura pero presente, una vida distinta a la biológica, una vida a la que se puede vivir siempre, una vida eterna que no es una vida después de la muerte, es una verdadera vida, una profunda y tan intensa que nada físico puede arrebatarla

Es la vida de la que Cristo nos habla cuando dice:
“quien cree en mi tiene vida eterna”;
quien guarda mi palabra conocerá la vida eterna;
quien guarda mi palabra nunca conocerá la muerte;
quien como de este pan vivirá eternamente”.

Pero es una vida, que nos toca vivirla, como ha dicho hoy la lectura de Isaías 35:4-7; en medio del desierto de tierra seca, donde ahora viven los chacales (de la injusticia y la infelicidad), pero que soñamos será un lago, que se llenará de manantiales (de paz de justicia y felicidad).

Para que esa justicia y felicidad se den, hay que sembrarla, por eso Alvis decidió asumir el reto que el evangelio nos puso hoy del sembrador; salió a sembrar por esta tierras mesoamericanas.

Y como dice el evangelio leído hoy de San Marcos 4:1-8; “Alguna semilla cayó entre las piedras, donde no había mucha tierra; pero el sol, al salir, la quemó, y como no tenía raíz, se secó. Otra parte de la semilla cayó entre espinos, y los espinos crecieron y la ahogaron, de modo que la semilla no dio grano, pero otra parte cayó en buena tierra y creció, dando una buena cosecha….

En palabras de Lutero, salió a compartir los frutos de amor de lo que Dios le había dado su vida. Salió a amar, y podríamos hablar horas de las experiencias y múltiples momentos, ya que muchos que estamos hoy aquí, los vivimos junto a él, en reuniones, proyectos, evaluaciones y fiestas.

Muchas horas de esfuerzo y trabajo que no fructificaron, pero necesarias, para hacer camino donde no había camino y a pesar de ello, nunca dejó de sembrar, de luchar, soñar y trabajar por la justicia y esperanza de un mundo mejor.

Es que fueron muchas propuestas que había que apostar y no se estaba seguro el resultado y ahí se contó con Alvis. Se sumó a la locura, a los riesgos, a la ilusión de muchos líderes y liderezas centroamericanos, que a veces si hubiera seguido criterios rigurosos de su agencia; no hubiera sido posible apoyar, es decir, entendió, la necesidad de mezclar rigurosidad científica y programática con la intuición de nuestra cultura, apostó con mística y sacrifico, compromiso y entrega, pero siempre pensando en lograr algún cambio para el bienestar humano.

Pero también muchas semillas lanzadas dieron y siguen dando frutos, ahí están abundantes conquistas de derechos humanos, experiencias de desarrollo sustentable, consorcios, leyes, procesos de paz y de nuevas liderezas en la región, en las cuales tuvo una decidida participación.

Muchas organizaciones sociales campesinas, indígenas, mujeres, derechos humanos, ambientales e iglesias, sembradoras de justicia y esperanza, son testigos de esa combinación de exigencias programáticas y flexibilidad para acercar un poco la utopía, y construir otra región posible, mas justa y en paz.

Mucho amor dado a sus hermanos y hermanas de la región con el apoyo pero también sacrifico de Soledad, su compañera del camino y sus hijos, Edgar, Nicole y Natalia. En este compromiso, como lo conversamos muchas veces, siempre es difícil mantener un sano equilibrio, a veces la familia da más y arriesga más de lo normal.

Alvis vivió lo que Cristo ha revelado, que para resucitar y llegar a Dios, basta con empezar amar y servir a los demás. Amar a nuestros hijos, familiares, vecinos, pero más aún a los que carecen de casi todo.

Cuando Dios ama en nosotros a los demás, hemos empezado la vida eterna. Quienes conocimos a Alvis, sabemos que empezó ese camino, aquí en esta vida terrena, en su país, en América Latina pero lo intensificó en esta región Mesoamericana

Afirmaremos la resurrección de Alvis cada vez que practiquemos el amor que el vivió con amigos, familia, prójimo; que como dice el evangelio de hoy, estemos dispuestos a sembrar amor, justicia y aunque no todo crezca como quisiéramos, afirmaremos la resurrección de Alvis, cada vez que recordemos, sus risas, sus cariños, su vehemencia en sus ideas, sus críticas pero siempre en servicio por los demás.

Y por eso es que nos duele su partida, y por eso es que queremos eternizarla, para que el amor que nos dio nunca se vaya.

En estos últimos meses con muchos de nosotros hablaba de su anhelado regreso a Chile, de escribir mas novelas, de continuar la reflexión sobre el desarrollo sustentable, sobre las ONG's, sobre las iglesias, sobre la cooperación. Se veía sin ninguna atadura laboral pero atado de por vida a los temas, personas y sueños de esta región.

Sin haberse ido ya se veía de nuevo por aquí en algún seminario, alguna evaluación, con algún análisis y comentarios críticos que le llevaría días y meses elaborando desde su Chile.

Nos pedía que no lo olvidáramos, que no los excluyéramos, de nuestras reflexiones y trabajos. Que ironía, el que luchó por incluir a muchos y muchas que no lo excluyéramos a él. ! Como lo íbamos a excluir o mucho menos a olvidar ¡

Porque Alvis entendió y practicó lo que dice en su carta Santiago 4:17 hoy: “el que sabe hacer el bien y no lo hace, comete pecado”.

Se veía practicando y dándole continuidad a ese amor en el que Dios continuaba obrando y amando a los demás a través de él, donde si darse cuenta y preocuparse; ahí seguía construyendo esa vida eterna aquí y ahora, y talvez construyó tanto para los demás y poco para él, que por eso se adelantó en su partida.

Alvis vivió amando lo que hacía, convencido de lo que dice el poeta costarricense Jorge Debravo:

“Digo que yo trabajo,
vivo, pienso,
y que esto que yo hago es un buen rezo,
que a Dios le gusta mucho
y respondo por ello.

y digo que el amor
es el mejor sacramento,
que os amo, que amo…”

Sí, lloremos a Alvis porque no esta con nosotros físicamente pero resucitémoslo al vivir el amor y la solidaridad que nos enseñó, practico y nos dio, en estas tierras mesoamericanas.

Porque como dice el poeta Otto René Castillo de Guatemala, poema con el que iniciamos esta celebración, y se que Alvis lo diría:

Y si ya no estoy
sobre el planeta
de todos modos,
compatriotas míos,
reíd, bailad, gritad.

¡siempre os acompañara
mi gran ternura!

Amén

(*)  Melvin Jiménez es obispo de la Iglesia Luterana de Costa Rica.