La milicia armada que ha ocupado la sede del Refugio de Vida Salvaje de Malheur, en Oregón (noroeste de EE.UU.) asegura que resistirá allí durante muchos años si fuera necesario. Están fuertemente armados con rifles de guerra y engranajes tácticos.

Este domingo han empezado a trasladar a sus familias, menores incluidos, al sitio que han ocupado y planean quedarse ahí y resistir ante el “tiránico” gobierno del presidente Barack Obama por “muchos años”, si fuera necesario.

“Tienen un buen equipo de seguridad y hogueras para mantenerse calientes. Quieren que los estadounidenses con cabeza racional y fría se les unan”, ha dicho Maureen Peltier, una de las integrantes de esta milicia.

La situación actual en Oregón tiene sus raíces en las disputas entre las autoridades federales y el granjero Dwight Hammond Jr., de 73 años, y su hijo Steve, de 46, por la existencia del mencionado refugio de aves migratorias cercano a sus tierras.

Los dos mencionados granjeros provocaron un incendio en 2001, por la cual han sido condenados a 4 años de cárcel. Los congregados en el Refugio de Vida Salvaje de Maheur exigen la liberación de estos y advierten que de no satisfacer sus exigencias establecerían una zona autogobernada por los milicianos que será independiente del Gobierno estadounidense.

Estos milicianos, que se consideran “patrióticos”, han advertido de que abatirán a las fuerzas de seguridad estadounidenses si estos últimos tratan de sacarlos por la fuerza de las zonas que actualmente ocupan.

“Estas zonas públicas son de nosotros, el pueblo. Nos quedaremos aquí y disfrutaremos de la nieve y el paisaje hasta cuando nos dé la gana”, ha dicho uno de los milicianos que patrullaba, con un rifle automático AR-15, la única entrada del mencionado refugio.

Según un estudio del Departamento de Seguridad Interior de Estados Unidos, estas milicias se han convertido en el tercer problema de seguridad más temido por las fuerzas de la ley en Estados Unidos, solo por detrás de la amenaza yihadista y de los llamados “ciudadanos soberanos”, individuos con los que simpatizan profundamente estos grupos paramilitares al compartir ambos un intenso odio por el Gobierno federal, al que ven como una amenaza constante para sus intereses particulares.

“El incidente en el rancho de Bundy”, avisa el analista del Southern Poverty Law Center (SPLC) Mark Potok, “no fue una respuesta espontánea a los problemas de un individuo, sino una acción bien organizada y militar, que refleja el potencial de violencia que ofrece un movimiento mucho más grande y peligroso. Y si el Gobierno no presta atención, puede que un día le pillen con la guardia baja”.