Un balance preliminar de la Policía señala que en 2015 hubo al menos 6.670 homicidios, un 70% más que los registrados en 2014 (3.912).

Jeannette Aguilar, directora del Instituto de Opinión Pública de la Universidad Centroamericana (UCA) aseguró que esta cifra “nos coloca como el país con la tasa más alta de homicidios, incluso por encima de los países de África Subsahariana que son los que regularmente encabezan (la lista)".

Los números son los más altos desde que en 1992 concluyó la guerra civil y, de hecho, se acercan al record de 1983, cuando en pleno conflicto el país llegó a acumular más de 7.000 muertes violentas.

"Estamos realmente preocupados, es una zozobra la que se vive, porque las muertes son una respuesta de la misma situación de impunidad, falta de justicia y desigualdad que estamos viviendo", comentó el coordinador de la Comisión de Derechos Humanos de El Salvador (CDHES), Miguel Montenegro, en declaraciones a la agencia de noticias francesa (AFP).

La revelación constituye un golpe para la política del presidente Salvador Sánchez Cerén, bajo cuya administración se han multiplicado las detenciones de miembros de pandillas y delincuentes comunes.

La estrategia gubernamental ha llevado a punto de colapso las hacinadas las cárceles salvadoreñas, abarrotadas con una población 300% superior a su capacidad de alojamiento.

Desde que asumió el poder en 2014, Sánchez Cerén, se negó rotundamente a negociar con las violentas pandillas, al contrario de lo que hizo su antecesor Mauricio Funes para reducir los homicidios, y en su lugar ejecutó el Plan El Salvador Seguro, el cual privilegia la represión del delito.

En un mensaje de fin de año, el mandatario advirtió que continuará "con paso firme garantizando la seguridad y tranquilidad de las comunidades", otorgando más recursos para mejorar la capacidad de la Policía y de la Fuerza Armada, que cargaron en 2015 con el asesinato de 85 de sus efectivos por parte de los pandilleros.

"Lo más lamentable es que la mayoría de población impactada por la violencia y los homicidios son los más pobres", destacó Montenegro.

Uno de los sectores más golpeados por la violencia, según Aguilar, es el de la población joven entre 15 y 29 años, cuyas familias, para resguardarlos, en algunos casos "abandonaron sus lugares de origen o se sumaron a la migración salvadoreña (a Estados Unidos) sin haber logrado (en el país) la paz tan anhelada".