Gobernar en favor de las mayorías, lo que debe ser obvio, pasa entonces por toparse con "La Nación".

Alguien ha dicho, con justa razón, que Costa Rica ha venido teniendo dos casas presidenciales, una en Zapote y otra en Llorente de Tibás. Los gobiernos anteriores, en todo lo grueso, han marcado el paso que les señalen los editoriales de "La Nación". A ella no solo se le respeta, lo que puede darse por sentado, sino que se le teme. Quién quiera que se disponga a poner su nombre entre los aspirantes a la presidencia, o a los ministerios más importantes, hacienda, economía, relaciones exteriores, en primer lugar, se cuida de ser aceptado o por lo menos no vetado por los dueños de "La Nación". Eso ha venido siendo lo usual.

Luis Guillermo Solís ni gozaba ni goza de las simpatías de estos señores, que se han propuesto meter en cintura su gobierno evitando que se salga del redil. Para eso el permanente hostigamiento contra sus más íntimos colaboradores. Todo aquel que no sea sumiso, que no les tema, o que de señales de independencia o atrevimiento, está expuesto a los comentarios ácidos, a las exageraciones, a las mentiras, para aislarlos o debilitarlos.

Gobernar en favor de las mayorías, decíamos, quiérase o no, pasa entonces por chocar con "La Nación". Hacerlo con solvencia y sin temores, obliga en primer lugar a reconocer ese papel de constante obstaculizador de todo lo progresista que se proponga en las direcciones principales, y a dar la pelea permanentemente y con energía contra sus propósitos paralizantes.

La gran mayoría de los costarricenses no leen "La Nación", su influencia le viene de que los sectores sociales acomodados lo hacen, y eso sin ser despreciable, no es definitorio. La fuerza social y política que apoye e impulse las iniciativas de cambio más gruesas deben buscarse ahí, entre la gente que no es cautiva de "La Nación". Su poder por tanto no es tal, si se aprende a informar y movilizar a la gente. Lo que es infinitamente más importante que enfrascarse en discusiones con editorialistas y plumíferos de plantilla.