Uno de los agresores se presentó como Mariano Martínez Rojas, un empresario que aseguró ser el propietario del diario tras la compra de las acciones al kirchnerista Sergio Szpolski.

Szpolski y su socio Matías Garfunkel dejaron de pagar los salarios en diciembre y abandonaron el edificio. Desde entonces los periodistas organizaron una cooperativa de prensa y, con amparo de la Justicia y el Ministerio de Trabajo, relanzaron Tiempo Argentino con un formato semanal.

“Martínez Rojas y los matones que contrató, armados con navajas y encapuchados, echaron a los trabajadores que se encontraban en las instalaciones, tapiaron las ventanas y puertas y comenzaron a destrozar el lugar, las herramientas de trabajo y documentación de la cooperativa -Por más tiempo-", denunció el Colectivo de Trabajadores de Prensa (CTP) en un comunicado.

Según explicó Javier Borelli, presidente de la cooperativa, la “patota” ingresó a la redacción en el barrio de Colegiales, en Buenos Aires, y expulsó a los trabajadores con el argumento de que tenían un contrato de alquiler.

"Dicen ser los dueños del inmueble pero ese contrato fue rescindido. Estoy en la comisaría con las pruebas necesarias para mostrar que es así", dijo Borreli. "El Ministerio de Trabajo nos puso bajo la custodia de los bienes y las herramientas del diario, por eso estamos trabajando ahí", dijo.

La situación se tornó violenta, con los encapuchados dentro de las instalaciones y decenas de periodistas y policías en el exterior. Mientras desde las redes sociales se convocaba a acercarse al lugar, los encapuchados intentaron huir por los techos. Finalmente abandonaron el edificio custodiados por las fuerzas de seguridad.

Las imágenes difundidas por los periodistas de Tiempo Argentino mostraron la violencia del ataque: mampostería destruida, documentos desparramados en las oficinas y el polvo de los extintores de incendio cubriendo todas las instalaciones.

Tiempo Argentino formó parte de una red de medios creada por Szpolski y Garfunkel con una línea editorial afín al gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, que a cambio aportó unos 800 millones de pesos (5,3 millones de dólares) en publicidad estatal para su financiación. Pero con el cambio de Gobierno en diciembre el empresario decidió desprenderse de sus marcas.

En el caso de Tiempo Argentino dejó de pagar los salarios y abandonó las instalaciones. Los periodistas han debido desde entonces auto gestionar el diario. Además de una página web han logrado mantener con regularidad una tirada en papel que sale los días domingo.