La noche del pasado jueves, eran cerca de las 6 pm cuando un carro de bomberos verde limón y un par de motorizados de la policía de tránsito irrumpieron su paz mientras viajaban por la ruta número 1 (San José-Alajuela).

Cientos de personas abrieron un ¨túnel¨ entre los vehículos para poder avanzar, sin saberlo ustedes en esa caravana viajaban dos Policías de Tránsito, Carol y Oscar, dos técnicos en emergencias del Cuerpo de Bomberos, Rubén y Diego, un enfermero, Arnaldo y yo.

Durante catorce minutos, justo detrás de ellos, vimos a los policías ¨luchar¨ tenazmente contra el flujo vehicular, atascado a más no poder en la ruta hacia Alajuela, ellos, únicamente con su cuerpo como chasis y sus motocicletas como vehículo giraban órdenes y señalaban hacia dónde dirigirse a cada uno de los conductores que con nosotros interactuaron, todo para lograr un pequeño espacio de cerca de tres metros para que nuestro vehículo de rescate pudiera avanzar.

Fuimos testigos como la mayoría de los conductores acataron prontamente sus órdenes, vimos también a quienes les gritaron sus más profundas maldiciones,  otros retaron su pericia como conductores y conocedores de que el objetivo final, de llevar un vehículo a puerto es más importante que una acción intermedia, en muchas ocasiones en lo que parecía un acto intencional bloquearon nuestro paso o peor aún ¨echaron¨ sus vehículos en contra de estos dos policías amenazando su vida e integridad,……por qué?????  Nunca lo entenderé.

Nuestro viaje se inició con una llamada de emergencia del Hospital de Upala, a ese centro había llegado un pequeño de menos de un año de edad críticamente enfermo por un evento relacionado a una colisión con objeto fijo.

Los miembros de La Cruz Roja atendieron su condición inicial, le llevaron a este centro y ahí muchos profesionales y personal de apoyo dio todo lo que podía y sabía para atender a este bebe.

Un par de pilotos despegaban cerca de las cinco de la tarde hacia Upala y el control de tierra monitoreaba cada detalle rogando porque sus compañeros pudieran salvar la tormenta que tenían que atravesar, todos ellos miembros del Servicio de Vigilancia Aérea.

Un médico y una enfermera se adosaban al interior de un pequeño avión para poder asistir a gran altura a este niño, sus familias también oraban para que todos llegaran vivos a tierra, nuevamente.

Periodistas nos acompañaron, en su labor, se han convertido en compañeros de su noticia y muchísimos de ellos han cruzado la frontera de volverla, de alguna forma, personal y nos llaman para conocer como sigue aquel niño o niña que vieron en un momento agudo de su vida.

Todos en un tiempo espacio estábamos congelados en una acción, atender a un pequeño gravemente enfermo.

Finalmente, llega el avión y el ruido cósmico acelera nuestro cerebro, se abre la puerta y se vierte en un pequeño decenas de años de entrenamiento y estudio, y, empieza la angustia, realmente esta muy enfermo.

A la distancia, menos de veinte kilómetros delante de nosotros un complejo grupo de profesionales nos esperan para continuar nuestra labor de reanimación crítica, todos ellos se han comunicado con nuestro equipo en múltiples ocasiones para que la ejecución de su trabajo esté puntualmente sincronizado, sin embargo, nuevamente tenemos que cruzar un enjambre de vehículos que tienen un destino diferente al nuestro.

Otra vez, es una lucha por cada centímetro de autopista.

Nuevamente lucha cuerpo a cuerpo, con franca desventaja.

Si por al menos un segundo, aquel conductor que nos ¨tiró¨ su camión a nosotros y a la mujer policía cerca del aeropuerto pudiera pensar que quizá su hijo era quien llevábamos en nuestra cabina, o tal vez un hermano o su padre, no habría detenido todo el tránsito solo para que durásemos un segundo menos……?

Finalmente llegamos, desgraciadamente nunca tuvimos una oportunidad sus lesiones eran terminales.

Hoy, muchas horas después, como Director de la Unidad de Trauma Hospital Nacional de Niños tengo la obligación de agradecer a todos aquellos que lucharon a nuestro lado por este pequeño bebe, es un orgullo y placer servir al país con hombres y mujeres como ustedes.

Hoy no es más vulnerable ese par de oficiales que luego de batirse en lucha, dejaron caer sus lágrimas cuando al oído me correspondió comunicarles que nuestro paciente había muerto.

No lo son ellos como tampoco el personal que durante ocho horas, hasta las tres am esperó a la madre para poder decírselo de frente y que ella no tuviera que leerlo en un periódico

Perdón a todos aquellos que nuestras sirenas y ¨cuerno¨ interrumpieron su paz relativa mientras conducían hacia y desde Alajuela, lo haremos todas las veces que seamos llamados al deber, ahora saben el por qué

Y, ahora que lo saben, quizá quieran ayudar a los policías, bomberos, cruzrrojistas y otros miembros de primera respuesta que a diario piden un pequeño espacio, de menos de tres metros de ancho, para salvar una vida, quizá podría ser la de un ser muy amado por usted

*  Director Unidad de Trauma Hospital Nacional de Niños