Construir un pozo en la comunidad de Lepanto, en la Península de Nicoya, y cruzar una tubería submarina de más de 6.700 metros hacia Isla Caballo es el proyecto que tiene el Instituto Costarricense de Acueductos y Alcantarillados (AyA) para brindar una solución definitiva al problema de falta de agua potable en la isla. Sin embargo, este proyecto es sólo una posibilidad lejana y es un “proceso constructivo complejo”.

De acuerdo con la oficina de prensa del AyA, este proyecto para la isla se encuentra en la fase de pre-factibilidad, estudios y valoraciones.

Una vez que la tubería submarina permitiera llevar el agua a tierra firme, se transportaría el recurso hídrico a un tanque de almacenamiento -por construir- y luego se instalaría otra tubería para distribuirlo hacia los asentamientos.

Actualmente, según el AyA, se trabaja en varios frentes, antes de continuar con el estudio del fondo marino. Primero, se tiene que terminar el estudio hidrogeológico para definir el sitio de construcción del pozo en la comunidad de Lepanto, en la península de Nicoya. Segundo, se requiere que el Concejo Municipal de Distrito de Lepanto colabore para determinar el propietario del terreno por donde pasaría la tubería. Y tercero, se necesita que la Municipalidad de Puntarenas ayude “en cuanto a información de ordenamiento territorial en la Isla”.

Por el momento, el AyA no cuenta con suficiente información para establecer los plazos y costos de la obra, se indicó a este medio.

Pozos artesanales están contaminados

Isla Caballo se ubica en medio del Golfo de Nicoya, a unos 12 kilómetros del puerto de Puntarenas, entre San Lucas e Isla Venado. Allí viven unas 250 personas en dos núcleos de población, Playa Torres y Playa Coronado.

A diferencia de otras islas en el Golfo de Nicoya, Isla Caballo no cuenta con servicio de agua potable para su población. La problemática aumenta por la ausencia de mantos acuíferos importantes, la contaminación de muchos de los pozos artesanales y la precariedad de agua en época seca.

La carencia de agua potable y de electricidad; la falta de acceso a la educación permanente y de calidad; el abandono de parte de los Gobiernos durante muchos años y las necesidades de las y los pescadores son problemáticas históricas.

A la par de estas problemáticas, la Universidad Nacional (UNA) ha ido construyendo alternativas y tiene 10 años de trabajar en la isla a través del Programa Interdisciplinario de Desarrollo Costero (PIDC). En el 2017 la comunidad aprobó el Plan Estratégico de Desarrollo Integral Comunitario de Isla Caballo 2017-2022.

El pasado 3 de octubre visitamos la isla, como parte de una gira organizada por la UNA para presentar dicho plan en un encuentro entre la comunidad, funcionarios de instituciones estatales y actores sociales que trabajan en el Golfo de Nicoya.

Les llevan 100 pichingas diarias

Doña Marta Rojas nació en Isla Caballo y ha vivido aquí toda su vida. Tiene  60 años. Su papá fue de los primeros en llegar. Cuando desembarcó, apenas habían tres familias. Siempre han vivido de la pesca.

“Antes tomábamos agua de pozo; pero ya no, porque se fregó. Luego íbamos a Puntarenas a traer agua en pichingas. Ahora nos traen el agua en panga, la del AyA”, contó doña Marta.

En la isla existen pozos artesanales, construidos por la misma comunidad a lo largo de más de 80 años. Sin embargo, según pruebas realizadas por el Laboratorio de Análisis Ambiental de la UNA, están contaminados por coliformes fecales y metales pesados; y no son aptos para el consumo humano. Según información de la UNA, desde hace muchos años las familias se las han agenciado para conseguir agua en tierra continental, recolectándola en botellas, galones plásticos y baldes; pero no se garantiza una manipulación adecuada de la misma.

Desde el 6 de octubre del 2016 el AyA está entregando 100 pichingas de agua potable al día, de 20 litros cada una, a las población de Isla Caballo, confirmó la institución. Lo hace a través de la oficina de la Región Pacífico Central, trasladándolas desde el muelle de Incopesca, en Puntarenas, y distribuyéndolas en tres playas (Torres, Coronado y Rojas).
“En forma paralela, se habilitó una prevista de agua potable en Playa Naranjo, que suministra la ASADA de Bajo Negro, con su respectivo tanque de almacenamiento y las medidas de seguridad e higiene necesarias. Esta medida permite a los pobladores abastecerse de más agua potable cuando la requieran”, se informó.

El AyA paga, en promedio, un consumo de aproximadamente 15.000 colones mensuales a la ASADA por dicho servicio.

Asimismo, este año se instalaron cuatro tanques para captar agua de lluvia en el Ebais de Isla Caballo. Es un proyecto del Campus Nicoya de la Sede Región Chorotega de la UNA. Cada tanque tiene capacidad para almacenar 5 mil litros.
Sin embargo, para las y los isleños, estas son todas medidas temporales y paliativas. Sin olvidar el problema que tienen de falta de tratamiento de aguas residuales.

“Lo del agua nos afecta. El AyA nos trae unas pichinguitas ahí pequeñas; pero no basta. Estamos aburridos en eso, jale y jale las pichinguitas de agua pa’ arriba. Viera! un martirio eso. Y cuando no alcanza sacamos el agua de un pozito que tenemos nosotros aquí. La gente sí que se enferma por el agua, muchos virus. Y no hay que agarrar agua de lluvia, porque caen muchos bichillos”, dijo doña María de los Ángeles Álvarez Peralta, pescadora artesanal quien también nació y creció en la isla.

(*) Fabiola Pomareda García es periodista freelance. Vive en San José, Costa Rica. Correo: pomaredafabiola@gmail.com. Twitter: @FabiolaPomareda