Imagen. Foto facebook. Diego Armando Maradona. 

Murió hace una semana, y yo lo sigo llorando. Lloro con sus chistes, con las canciones que le dedicaron, con los especiales que le hicieron, con las fotos que se tomó con Fidel, con Néstor y Cristina, con el Comandante, sus tatuajes y las margaritas que le puso Dalma en las medias.

Diego entró en mi conciencia a mis 9 años, durante el mundial del 86. Vivíamos en Buenos Aires desde el 84, cuando ya mi viejo se sintió seguro de volver luego de exiliarse para salvar su vida y la de la familia.

En el 85 nos mudamos de barrio y entré a la escuela Dalmacio Vélez Sarfield, donde terminé la primaria junto a un grupo de amigos que siguen en mi vida. Una de ellas tenía (tiene) una familia muy peronista y futbolera, los Pierpaoli. Los Pierpa son de Racing, como el General, y me enseñaron el amor por la Acade, y por el fútbol. Así que, para el mundial, yo ya entendía que no estaba bien hacer un gol con la mano, pero también tenía claro que en la Guerra de Las Malvinas, habían muerto muchos pibes, que fue una guerra que intentó recuperar de los ingleses las islas para la Argentina. (Años después supe otras cosas que no vienen al caso sobre el gobierno de facto de ese momento). También entendí la belleza del segundo gol, que vi sentada en la esquina de la cama de mis viejos, porque no podía estar quieta de la emoción.

Al terminar el partido, un sonido invadió el aire, el cielo, entraba por las ventanas del departamento que daba al pulmón de la manzana, pero llegaba desde la avenida. Avenida Rivadavia, la de la canción de Manal, la más larga del mundo. Sobre esa avenida de doble mano, cinco carriles de cada mano, vi morir un gatito atropellado, también un anciano y una pareja jovencita. Sobre esa avenida me caí muchas veces y dejé regado el pan, quebrados los huevos, y esparcidos los ravioles frescos del domingo.

Sobre esa avenida vi a cientos de personas abrazándose después de ese partido (Argentina – Inglaterra), con esas personas canté “el que no salta es inglés” y vi a un tipo limpiarse el culo con la bandera de Inglaterra. Sobre esa avenida me sonreían mis vecinos y vecinas, que a veces, en las tardes, me cuidaban si mi mamá se atrasaba al regresar del trabajo. Nadie nunca en esa avenida me pidió el DNI para ver dónde nací, nadie nunca me trató mal por ser de otro lado. A esa avenida aún voy a caminar un rato cada vez que viajo a Baires, porque sigue siendo mi barrio, siguen estando los momentos más felices de mi vida, como ese del 86.

Cuando Dalma nació, yo ya admiraba tanto a Diego, que recorté la primera foto de ella que publicaron en el diario, y la tuve años pegada en mi pared, junto a fotos del Diego, de Canni, de Goyco, de Madonna, y de los New Kids on the Blocks. Y así pasé estos 34 años, viendo a Maradona jugar, putear periodistas, irse y volver, caer en drogas, recuperarse, volver a jugar, dirigir, organizar el Tren al Alba, reunirse con el innombrable, con Charly, Néstor y Cristina, apoyar a las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, irse a vivir a Cuba, tatuarse al Che, conducir “De Zurda” con Víctor Hugo, tener más hijos, ponerse pelotudo y no reconocerlos, reconocerlos al fin, pelearse con la Claudia, con Dalma y Giannina, reconciliarse, agarrarle la manito a Putin, engordar, adelgazar, vivir en Dubai, aportar guita para comedores de las villas, perder todo, recuperar todo, etc, etc, etc. Nunca dejé de quererlo, de admirarlo, de sentirlo. Yo no le veo contradicciones, ni siquiera su muerte lo es para mí.

Cuando vine a vivir a Costa Rica, el primer domingo busqué una silla para ir a ver el partido con mis tíos. Me extrañó que sólo los hombres de la familia mostraban interés. Juro que intenté ver los partidos completos varios domingos. Para empezar, tuve que soportar a los machirulos de mi familia y de mi colegio agrediéndome por venir de Argentina, xenofibia y machismo sin par. Y encima los partidos eran pésimos. Aún hoy me chupa un ovario el fútbol tico, lo lamento pero es cierto. Como aquí sólo se podían ver los partidos de Argentina por cable y yo ni tv tenía, fui perdiendo contacto con el fútbol fuera de los mundiales. Con el fútbol, pero no con el Diego.

Fue un machista? sí. Mucho. Y no creo que fuera una cuestión de clase como me han argumentado algunos amigos hombres que se sienten ya deconstruidos. Ni ellos, ni el Diego, ni yo. He lamentado el camino que tomó, me dolió cada una de las decisiones de mierda. Las noticias de los últimos meses me preocuparon más aún, pero pensé lo mismo que todo el mundo “de ésta también sale”. No me imaginé que estaba tan triste, cómo saberlo si nunca en mi vida siquiera lo vi de cerca. Escuché la noticia de su muerte, transmitida en vivo, como aquellos goles, en mi radio preferida, una radio feminista, popular, a la que bancamos los oyentes depositando una cuota mes a mes. Feministas ellas, feminista yo, machistas por doquier, futbolistas, periodistas, su familia, pero principalmente millones de personas pobres, de villerxs, laburantes, fanáticxs del fútbol y gente que no, llorando. Llorando mucho. Pasé pegada a la radio y a las transmisiones de la tv argentina por internet, todo al mismo tiempo, mientras lloraba e intentaba seguir con mi vida.

Vi como la cana de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, a cargo de un gobernador de derecha (y no del gobierno nacional como creen quienes dijeron que Alberto reprimió), que se tomó la atribución de boicotear el funeral, de mancharle aún más a su familia semejante momento, y de cagar a palos a la gente pobre que tanto asco le da, y también vi a mucha gente replicando la noticia de los “disturbios” repitiendo sin informarse que eran machirulos tóxicos los que se peleaban.

Porque, cómo iba a ser la gente que ama al Diego, sino exactamente como él, negro, villero, agresivo, descerebrado, feo, mono que se viste de seda pero mono se queda, ignorante que prefiere el cuarteto que le dedicó Rodrigo que el piezón que le hizo Fito, grasa, corriente, idiota, argentino! Diego, a cuántxs has dejado en evidencia durante tu vida y ahora con tu muerte!!! Cuántos que sí se contradicen creyéndose dueñxs de la verdad, creyendo que te critican a vos pero sólo supieron atacar a quienes te lloraron.

Diego Armando Maradoooo murió hace una semana, y yo lo sigo llorando. Quiero imaginarlo de fiesta con Rodrigo, Néstor, Chávez, Fidel, Galeano, conociendo a Evita y Perón como tanto lo soñó, bailando con sus viejos un cuarteto y con el Flaco Spinetta, comiendo con todos un glorioso chori del cielo de quienes le dan alegrías al pueblo, a lxs que no tienen nada pero cuando lxs ven, vuelven a soñar.

Lo endioso, sí, por primera vez en mi vida siento que puedo pedirle a D10S algo, por primera vez me siento libre de gritar “D10S mío” cuando me enojo. Ya no pienso si existe algún dios o no, simplemente porque sé que si lo tuviera enfrente y él me hubiera visto necesitar algo, sufrir por algo, llorar por algo, o preguntar algo, no se habría quedado de brazos cruzados ni con la boca cerrada. Gracias Diego, prometo llevar el chimi cuando me toque a mí.