El virus de la bancarrota que hace tambalear a Grecia podría contagiarse a Hungría, que camina por la cornisa del default. Es que la Unión Europea le exige al gobierno fortaleza de parte del Banco Central (como prerrequisito indispensable) para un próximo acuerdo que permita enviar ayuda financiera a ese país.

El vocero de la Comisión Europea (CE), Olivier Bailly, lanzó un mensaje despojado de toda ambigüedad: Budapest debe ofrecer plena garantía de la independencia de su banco nacional antes de pensar en sentarse a negociar una futura asistencia económica. Las autoridades europeas reaccionaron luego de que en los últimos días el gobierno del premier Viktor Orbán evitara dar precisiones sobre la ley constitucional que pone al Banco Central bajo control político. Ensombrecida por esa advertencia, el desplome de la economía de Hungría se manifestó en una disparada del riesgo país que trepó ayer a los 745 puntos, empujando a Budapaest hasta el filo de la cesación de pagos.

Nunca en la historia del país balcánico el riesgo de un posible default fue tan alto como en las últimas jornadas. Tanto es así que un analista del banco francés BNP Paribas definió el contexto financiero de Hungría como de terror. Sumado a la escalada de su riesgo país, Budapest no pudo llevar a cabo la última subasta de títulos públicos programada para ayer, habiendo vendido sólo 35 mil millones de florines (unos 109 millones de euros, aproximadamente) de los 45 mil que se habían programado para esa operación. Las tasas de los bonos anuales treparon hasta alcanzar el 9,96 por ciento respecto del 7,91 por ciento registrado el 22 de diciembre. Con todo, el gobierno húngaro vio cómo los costos de su endeudamiento se elevaban mientras su divisa derrapaba. Al mismo tiempo, los operadores financieros apostaron a que las autoridades internacionales abandonaran el país.

Hungría, país que supo pivotear entre el este y el oeste europeo, puede convertirse de pronto –corriendo del centro de la escena a la alicaída Grecia– en la primera nación de la UE que entra en desgracia y cae en la bancarrota. En su mínimo histórico, que podría hacer tambalear las endebles economías de la Zona Euro, el florín húngaro cayó más del uno por ciento frente al euro. Esto hizo que los bonos se dispararan por encima del 10 por ciento. “Tomaremos una decisión cuando tengamos clarificación sobre el entorno legal respecto de la estabilidad financiera en Hungría”, señaló Bailly, durante una conferencia de prensa.

Sin condiciones previas: ésa es la cláusula que el gobierno de Hungría impone para iniciar una ronda de negociaciones con el Fondo Monetario Internacional (FMI) y la Unión Europea (UE) –el objetivo no es otro que conseguir un préstamo para evitar el colapso de su economía–. Sin embargo, advirtió que no es seguro que acepte todas las propuestas de la “troika”. “No se puede pedir solamente dinero a la UE y al FMI, sino que también hay que dar las garantías necesarias a los actores internacionales, tanto públicos como privados, de que uno está en posición de respetar y garantizar la estabilidad financiera de los fondos que recibe de esos socios”, lanzó Bailly.

 

Asimismo, la Comisión Europea busca que se cumpla el artículo 130 de los tratados de la UE, que establece la total independencia de los bancos centrales respecto de los gobiernos europeos, pero también hace votos para que el caso Hungría y el control sobre la banca no se extienda al resto del bloque. “Este problema va más allá de Hungría.

Todos los bancos centrales están interconectados y trabajan juntos en el sistema europeo de bancos centrales. Intercambian dinero e información y todos juntos, bajo la coordinación del Banco Central Europeo (BCE), garantizan la estabilidad financiera de toda la UE”, explicó el funcionario. “Si un banco no es percibido por los demás (bancos) y los mercados como plenamente independiente, entonces eso crea un problema para toda la UE, por lo que necesitamos garantías plenas de que el Banco Central húngaro es completamente independiente”, insistió Bailly.

Por su parte, el Poder Ejecutivo de la UE evalúa la controvertida ley, que, aunque fue enmendada en algunos puntos, sigue mostrando puntos oscuros. El nombramiento de nuevos vicegobernadores y miembros del Consejo Monetario de la institución depende completamente del gobierno húngaro. “La independencia del Banco Central es un prerrequisito para la estabilidad financiera”, sentenció Bailly. “Ahora depende de las autoridades húngaras decidir cómo quieren garantizar a sus socios internacionales y a los mercados que salvaguardarán este clima legal necesario”, agregó desafiante el funcionario.

Hungría necesita un tramo de ayuda financiera que se estima entre 15.000 y 20.000 millones de euros. Con algo de recelo, la CE analiza otras leyes polémicas aprobadas por la Legislatura húngara, que para algunos entendidos violan los tratados europeos.