¡Si fuera un aprendiz de cínico y estuviera dispuesto a seguir destruyendo el Estado de bienestar social sería un modelo ejemplar de juventud! Pero, como está apostando por la decencia, la honestidad y la transparencia, hay que destruirlo y el estereotipo de joven inexperto calza maravillosamente en una sociedad adultocéntrica y de doble moral. Veamos algo con respecto a la juventud.

Jesús, aparentemente, empezó a predicar a los treinta años, no llegó a los treinta y cuatro; sin embargo, dejó una huella que se extendió por el mundo entero. Parece ser que Mahoma tuvo su primera revelación a los cuarenta años. Según la leyenda, Siddarta, el príncipe, dejó su vida de palacio a los 29 años para convertirse en mendicante en búsqueda de la iluminación y despertó, a los 35 años, de sus meditaciones como un Buda, como un iluminado. Según estos datos, que siempre son aproximados, los profetas que iniciaron nuevas visiones de la vida espiritual tuvieron su iluminación entre los 30 y 40 años.  

Pero, dejemos a los profetas porque José María no es místico ni está fundando una nueva espiritualidad. Vayamos a América Latina. Según las fuentes históricas, Simón Bolívar, el Libertador de América, juró liberar a su patria del yugo español a los 23 años. ¡Exaltación de juventud!, dirán algunos. Cumplió su juramento y, no sólo eso, a los 36 años, pronunció el famoso Discurso de Angostura, en el que hacía un análisis crítico de la situación y anunciaba la Ley Fundamental de la República de la Gran Colombia. Su lucha no terminó ahí, siguió su peregrinar y sus batallas hasta diciembre de 1830, cuando muere a la edad de 47 años.

José Martí, otro líder de la independencia de América, vivió únicamente 42 años. Es decir, cuando contaba con 39 años, en 1892, redactó las Bases y los Estatutos del Partido Revolucionario Cubano. A la edad de 38 años escribió su famoso ensayo Nuestra América, texto fundamental para el pensamiento latinoamericano.

Como dato curioso de la literatura latinoamericana, Gabriel García Márquez tenía 40 años cuando publicó Cien años de soledad,  lo que me lleva a concluir que la escribió de 39 años o menos.

Dejemos el subcontinente, vayamos a Costa Rica, que sobran ejemplos. José María Castro Madriz, conocido como el fundador de la República, asumió el primer mandato a la edad de 29 años. ¡Nunca he oído una queja para quitarlo de la historia por “güila”! Juanito Mora ejerció su primer mandato a la edad de 36 años y cuando inicia la guerra de 1856 tenía 42 años. 

Veamos algunos datos del siglo XX: Alfredo González Flores fue nombrado presidente en 1914, cuando contaba con 37 años. Don Ricardo Jiménez Oreamuno asumió la Presidencia de la Corte Suprema de Justicia cuando tenía 31 años. Rafael Ángel Calderón Guardia fue presidente cuando tenía 40 años. Manuel Mora Valverde, como líder del Partido Vanguardia Popular, tenía 33 años cuando promovió las Garantías Sociales y el Código de Trabajo junto con el presidente citado anteriormente. José Figueres Ferrer asumió su primer mandato con 42 años.

Hasta aquí he nombrado a los “beneméritos de la Patria”. Vayamos ahora a ver los ejemplos menos gloriosos de la historia reciente: Rafael Ángel Calderón Fournier fue electo presidente cuando tenía 41 años y José María Figueres Olsen asumió su período presidencial con 40 años. A su vez, Kevin Casas y Fernando Sánchez tenían, respectivamente, 39 y 33 años cuando puntualizaron el Memorandum del miedo, estrategia de dominación y terror que se sigue aplicando continuamente en nuestro país.

Eso de la edad es tan relativo, qué me dicen de la cincuentona que no ha destruido y robado más porque, mal que bien, no se lo hemos permitido.

Entonces, ¿cuál es el problema con la edad de José María Villalta? Está, en una edad similar, con una diferencia de años más o años menos, a esa lista de “héroes” y “antihéroes”.

Socióloga y profesora universitaria.
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