Este objetivo será posible gracias al esfuerzo de la Comisión Institucional UCR Carbono Neutro, creada hace cuatro años. Está compuesta por representantes de diferentes instancias universitarias y es coordinada por la investigadora de la Escuela de Química, Giselle Lutz.

Desde el 2011, la universidad se dio a la tarea de realizar un inventario de sus emisiones que provienen de factores como el humo de sus vehículos, el consumo eléctrico, las emanaciones producidas en los viajes en avión de funcionarios, estudiantes y visitantes que son financiados por la institución, entre otros. Todas estas fuentes acumularon 286,3 toneladas de emisiones que contribuyen al efecto invernadero.

“Tuvimos que empezar de cero. Medir las emisiones de gases es complicado, porque no se trata sólo de dióxido de carbono, sino también de metano, óxido nitrógeno y gases refrigerantes”, explicó Lutz.

Este camino ha impulsado metas de pequeño, mediano y largo plazo. En el primero, que abarcó desde el inicio de este proyecto hasta el año pasado, se realizó un monitoreo de la cantidad de dióxido de carbono utilizado para el suministro de electricidad a la UCR. Además, inició una campaña de sensibilización para facilitar la recolección de estos datos, así como la implementación de un plan de separación y reciclaje de materiales en desuso y un mejor aprovechamiento de desechos orgánicos, muchos de los cuales son vendidos como alimento para cerdos.

En el mediano plazo, que abarca hasta el 2016, la meta es crear conciencia en toda la población universitaria sobre este proyecto, además de visitar todas las sedes y recintos para fomentar proyectos de investigación que permitan la reducción de gases de efecto invernadero, mediante charlas y otras herramientas.

Para el largo plazo, el período entre el 2011 y el 2019, la Comisión pretende ejecutar un plan de reforestación que permita incrementar la cobertura vegetal, recapturar los gases de enfriamiento o reemplazarlos por otros que cumplen la misma función (aunque no haya tantos equipos adaptados a ellos), reducir el desperdicio eléctrico (principalmente durante la estación seca) y los viajes laborales en avión de funcionarios, estudiantes y visitantes, así como tener un mejor manejo de los desechos.

Estrategias para conseguir estos objetivos hay varias. Algunas son evidentes, mientras que otras pueden sorprender. Por ejemplo, Lutz reconoció que se debe considerar la idea de cortar algunos árboles que llegan a una edad madura, pues en ese momento dejan de crecer y esto produce que su capacidad fotosintética iguale a su respiración, por lo que dejan de ser útiles para reducir gases contaminantes. En su reemplazo, se deben sembrar otros que inicien su etapa de crecimiento.