(Ilustración tomada de Esclavitud indígena en América Central. Curriculum Nacional. MINEDUC. Chile. https://www.curriculumnacional.cl/614/w3-article-34096.html)

(Ilustración tomada de Esclavitud indígena en América Central. Curriculum Nacional. MINEDUC. Chile. https://www.curriculumnacional.cl/614/w3-article-34096.html)

Casi ocho siglos de lucha contra los moros –denominada la Reconquista- habían capacitado al español para la acción militar. España y Portugal disponían de los mejores navegantes en los siglos XV y XVI, como lo demuestran los viajes de Cristóbal Colón, Fernando de Magallanes y Sebastián Elcano, el primero en circunvalar el globo terrestre. Durante el siglo XVI y hasta mediados del XVII, las tropas españolas de infantería se impusieron en Europa.

No es que haya habido guerra permanente entre moros y cristianos, pues incluso se dieron alianzas para luchar por el poder, pero al final de la Reconquista, el secular conflicto adquirió tintes de ofensiva cultural y religiosa: se expulsó a los judíos en 1492 y en 1502 se planteó a los moros la disyuntiva de bautizarse o salir de España.

La conquista encontró su fundamento justificador en la conversión de los indígenas al cristianismo; era la continuidad de la Reconquista. La lucha religiosa y cultural hacia los moros incapacitó al español para comprender al indígena americano, al que veía como los moros de ultramar y contra quienes era lícito aplicar métodos de la Reconquista, como el pillaje. El choque cultural llevó a la aniquilación de los valores de los pueblos indígenas.

Sólo hombres excepcionales como el dominico Bartolomé de las Casas y el franciscano Bernardino de Sahagún superaron los prejuicios y se esforzaron por comprender culturas tan diferentes de la propia. Las Casas cuestionó la legitimidad de la conquista española y encausó una evangelización pacífica, sin fuerza armada. Su influencia condujo a las Leyes Nuevas de 1542, que prohibían el repartimiento de indios y la encomienda.

Estas consistían en la asignación de aborígenes a un español, so pretexto de evangelizarlos e instruirlos en el cultivo de especies de origen europeo y en habilidades manuales; a cambio, los indígenas pagaban con trabajo gratuito. No obstante, en la práctica subsistieron las encomiendas. Con todo, el Imperio español fue el único en la historia que cuestionó su propia legitimidad.

Otra característica era el legalismo, que alargaba y complicaba los conflictos. Debe mencionarse asimismo que España fundó varias universidades en sus colonias americanas. Resulta útil comparar el estilo de colonización que españoles e ingleses efectuaron en América. Los primeros se mezclaron con los indígenas, mientras que los segundos los exterminaron y empujaron a reservas desérticas.

La religión católica funcionaba como elemento de identidad y cohesión social. La corona española obtuvo del Papa el derecho de administrar las iglesias del nuevo mundo, dirigir la evangelización, demarcar las diócesis, cobrar el diezmo, etc. Los reyes escogían a quienes iban a ser obispos y presentaban sus nombres al Papa, quien se limitaba a ratificarlos.

La religiosidad española temía la cólera divina que se manifestaba en forma de sequía y tempestades, hambre y pestes, guerras intestinas y ataques enemigos.  Se esperaban abundantes cosechas, salud y victorias militares de la gracia del Altísimo y ganar la benevolencia divina con oraciones rituales, prácticas de piedad, construcción de templos, fundaciones pías y donaciones a las órdenes religiosas

Se imploraba el perdón divino con duros ejercicios penitenciales, silenciosas peregrinaciones y en especial, mediante ofrendas y favores a la Iglesia (Prien, Hans J. “La historia del cristianismo en América Latina”, 1985, pp. 280 ss.).

Este catolicismo, muy devoto a la Virgen María, se valía de las imágenes para acrecentar la piedad, pero lo decisivo era su capacidad de dar sentido a la vida y a la muerte.

 

4. En Costa Rica, los españoles no encontraron abundante mano de obra

La parte norte del territorio costarricense, de Esparza hasta Nicaragua, conforma el extremo sur de Mesoamérica. Como ya se mencionó, las tierras mesoamericanas del litoral pacífico –ocupadas por los chorotegas- permitían como cultivos principales, el maíz, el frijol y diversas calabazas, desde el ayote al chayote. Esta base alimenticia sustentaba una población relativamente numerosa y sedentaria. En contraste, el territorio selvático que va de Esparza hacia el sur, al igual que las llanuras del Caribe, imponía prácticas agrícolas de menor rendimiento y, por ende, una población comparativamente menor. Téngase en cuenta que los indígenas, tanto del norte como del sur, no disponían de hierro ni de agroquímicos.

Otro factor que explica la reducida mano de obra accesible por los españoles al momento de la conquista de Costa Rica –tardía con respecto a la del resto de Centroamérica- fue que la población indígena ya había disminuido por obra de los virus y bacterias traídos por los europeos.

Con la ocupación por Juan Vázquez de Coronado del Valle del Guarco en 1565 finaliza la conquista, si bien quedaron regiones extensas habitadas por indígenas nunca sometidos, como la cordillera de Talamanca. Luego, con la repartición de indios en encomiendas realizada por Perafán de Rivera en 1569, comienza la colonia.

Los españoles prefirieron asentarse en el Valle Central, posiblemente por su clima y fertilidad, pero dispusieron de una mano de obra indígena escasa, tanto en las encomiendas como en otras modalidades de trabajo forzado. Otras formas de trabajo forzado fueron los tributos pagados en especie (maíz, cera de abeja, telas de algodón, por ejemplo). También hubo tributos en dinero. Lo que quedaba  para los indígenas a veces no les alcanzaba ni para sobrevivir. También existían los indios alquilones, personas cuyo trabajo pertenecía, por un tiempo estipulado, a un español que podía alquilarlos a quien le pagara.

Con el objeto de suplir la escasez de mano de obra, los españoles realizaban expediciones de “entra y saca” a Talamanca, para obtener indígenas. Los piratas hacían lo mismo y, además, incendiaron Esparza y Nicoya. En cambio, los indígenas de las llanuras del norte permanecieron prácticamente aislados hasta finales del siglo XIX, cuando fueron diezmados por huleros nicaragüenses para venderlos como esclavos.

Es admirable que los pueblos originarios que se refugiaron en zonas alejadas del Valle Central conserven su identidad –siempre amenazada- hasta el día de hoy. Lamentablemente, los colonizadores no dejaron escrita ninguna descripción de sus creencias y costumbres, salvo Vázquez de Coronado en algunos aspectos, tal era su desprecio.

Como no se encontró oro ni otro metal precioso en cantidades significativas, fue innecesario importar mano de obra en gran escala. De modo convergente, tampoco se dieron las condiciones para explotar la caña de azúcar de modo industrial (como, por ejemplo, en Haití), por lo que la esclavitud de los negros –comprados en Cartagena y Panamá- se redujo a labores domésticas, unas veces, y al cuidado de plantaciones cacaoteras en Matina.

No se conoce bien la causa de la temprana presencia de negros en Guanacaste, pues no se ha encontrado documentación anterior al siglo XVII. Posiblemente migraron desde Nicaragua y se mezclaron con la población autóctona, dando origen al zambo guanacasteco. En cambio, recientes estudios demuestran el temprano cruce de personas de origen africano con parientes de los conquistadores (ver Meléndez, Mauricio. “Descendientes mulatos de Juan Vásquez de Coronado”, en Revista de la Academia Costarricense de Ciencias Genealógicas, N. 50, noviembre 2014).

Con el cultivo de cacao en Matina se procuró un producto de exportación, pero cayó en ruina por el frecuente saqueo de la cosecha por los misquitos, que bajaban desde las costas de Nicaragua y Honduras. Hasta tiempos de Braulio Carrillo, cuya influencia en el gobierno va de 1835 a 1842, se le pagó tributo al rey mosco, para que limitara su rapacidad. También saqueaban los piratas, pero, dado el aislamiento de Costa Rica de las rutas comerciales, se terminó comerciando con ellos; era un contrabando practicado por muchos, bien tolerado.

Eso sin olvidar que los célebres corsarios Eduard Mansvelt y Henry Morgan intentaron apoderarse de Cartago en 1666, pero fueron repelidos por las tropas de Juan López de la Flor, gobernador de la provincia.

En resumen, las circunstancias mencionadas en esta sección ayudaron al nacimiento de una nacionalidad con características distintivas bien marcadas, como veremos en el siguiente capítulo.   

(Esta Síntesis Histórica se va a ir publicando en Informa-Tico a razón de dos entregas semanales, los días martes y jueves. Se recomienda coleccionarlas).