"Que no se dé como limosna lo que ya se debe de justicia. Y que antes de
hacer caridades baratas, regalitos, fiestas navideñas, etc. revisemos
nuestra justicia social, que no puede haber paz de Navidad si no hay
verdadera justicia en las relaciones de los salvadoreños ". ¡Es esa la Paz
que anhelamos!"
 
Me llegó ese pensamiento como propio de Monseñor Romero, en el correo no venía la referencia bibliográfica.  Por lo tanto, la asumo como del líder salvadoreño.  Muy a tiempo, suenan las campañas del recuerdo.  Recordar a Monseñor Romero en Navidad es retomar el hilo de la decencia, la dignidad y la comunión entre los seres humanos.  Se trata de ver una estrella, una lucecita, al final del túnel oscuro donde nos sumergen los colmillos de los depredadores.

¿En dónde tendrán el alma los y las depredadoras para que no les tiemble el ánimo cuando decretan el hambre, la desnutrición y la muerte lenta y despiadada de miles y millones de seres humanos? ¿O será que el capital lo primero que les compra es el alma?  En medio de esta pesadilla neoliberal, que ya lleva treinta años lanzando sus huracanes y ráfagas de hielo sobre los indefensos y los débiles, sobre la desprotegida Madre Naturaleza, aparecen dos estrellas, qué digo estrellas, dos constelaciones para alzar el rostro y bañarlo con la luz de la confianza. 

La lucha contra Infinito Gold, más conocida como la lucha de Crucitas, se anota un nuevo triunfo.  La huelga bananera en Sixaola logra un punto conciliatorio, por lo menos, no los mataron a hambre, como pretendía la empresa, la solidaridad de las organizaciones ayudó para ponerlos en jaque.
El capital versus la fuerza de trabajo, una historia que se repite una y otra vez, y otra vez y otra vez…  Lo poco que he leído de las condiciones de vida de esos trabajadores, es como estar leyendo Mamita Yunai de Carlos Luis Fallas o Bananos y hombres de Carmen Lyra.  Por algo querían sacar la novela de Fallas del programa de español, para que nadie viera la imagen de la actualidad en el espejo del pasado.

Pasado y presente se juntan hoy en la Costa Rica pisoteada y sangrada por las sanguijuelas de la corrupción,  la mentira y el cinismo.  ¡Oh, oligarquía! ¡Qué bien te definió Roque Dalton!, “…núcleo de la clase interna lacayo-dominante…”

Pasado y presente se juntan hoy en la Costa Rica defendida y dignificada por los héroes, muchos anónimos, que dan hasta lo que no tienen para detener las ansias de ese ogro  devorador de vidas, llamado capital. 

Tres abogados y un biólogo se unen a unos 400 0 600 bananeros y nos ofrecen  el mejor regalo de Navidad.  José Martí le llamó decoro y dignidad humana y afirma que quienes defienden la libertad, que es el decoro, son personas sagradas.  “Esos son héroes, los que pelean para hacer a los pueblos libres, o los que padecen en pobreza y desgracia por defender una gran verdad.  Los que pelean por la ambición, por hacer esclavos a otros pueblos, por tener más mando, por quitarle a otro pueblo sus tierras, no son héroes, sino criminales”. (José Martí, La edad de oro,  Tres héroes.)
El capital tiene sus pastores y sus ovejas.  Para Roque Dalton, pastorean los  lacayo-dominadores a las ovejas que, ciegamente, van al matadero de la opresión.  Para José Martí, son criminales ambiciosos que esclavizan a los pueblos ignorantes.

La rebeldía también tiene sus pastores y sus ovejas.  Monseñor Romero fue un héroe y dio su vida por defender a sus ovejas de los criminales.
¡Una Navidad diferente para nuestro golpeado CORAZÓN!, que sigue latiendo porque en este país y en el mundo siempre hay seres humanos “que tienen en sí el decoro de muchos…”. 

Gracias a todos los que ponen todos los días un granito de luz para que la esperanza y la rebeldía no se apaguen.
¡Que la Madre Tierra nos bendiga con muchas ganas de seguir luchando por nuestra porción de decoro cotidiano!