Para poder cristalizar sus pretensiones, tenían que tomar, necesariamente, la dirección de la institución metiendo un caballo de Troya que le permitiese su destrucción desde dentro.
Para ello era imprescindible torpedear la autonomía de rango constitucional que los creadores de la Caja le confirieron visionariamente, la cual la ponía a resguardo de los intereses políticos de la clase dominante que siempre se opuso a su creación.
Cobijada por el artículo 73 de la Constitución Política y teniendo como máximo jerarca a un gerente poderoso que respondía a los intereses populares, la Caja se desarrolló aceleradamente hasta convertirse en el factor más importante en el fortalecimiento de la sociedad costarricense.
Injerencia política. Dentro de este esquema de desarrollo institucional, el cuerpo médico ha jugado un papel protagónico dando lo mejor de sí.
Pero la clase dominante, los políticos-empresarios que, desde su creación, estuvieron en contra de la Caja, instrumentalizaron hace 30 años con la promulgación de los PAES un sistema que les permitiese el debilitamiento y, de ser posible, la desaparición de la institución.
Como el artículo 73 de la Constitución les impedía meter mano en la Caja, inventaron la Ley 4-3 y de presidencias ejecutivas, mediante la cual introducían el brazo peludo del Poder Ejecutivo dentro del manejo institucional, pasando a segundo término la gerencia que hasta el momento se manejaba con criterio técnico, con visión de desarrollo de la prestación de servicios, para poner, como máximo jerarca al presidente ejecutivo –verdadero caballo de Troya– con una visión netamente política en la conducción de la institución.
Desde ese instante, la ruta institucional varió sensiblemente, convirtiéndose la institución en la caja chica del Estado, extrayéndole los recursos financieros necesarios para producir más y mejores servicios, para enjugar con ellos los déficits fiscales.
Igual función de debilitamiento institucional tuvo la integración con orientación política y no técnica de la Junta Directiva, cuyos integrantes son nombrados por los dos partidos mayoritarios.
Inclusive, horror de horrores, hasta hace poco uno de los integrantes de la Junta Directiva de la Caja era director de la Clínica Bíblica.
Este esquema de cosas que se mantiene hasta este momento estacionó a la institución, impidiendo su desarrollo y debilitándola para buscar su desprestigio y así buscar su desaparición.
Un mercado muy lucrativo. El interés de los empresarios-políticos es hincarle el diente al jugoso pastel de la atención en salud en nuestro país, una fuente de enriquecimiento gigantesca que no dará todos los réditos financieros que la empresa privada ambiciona mientras exista la CCSS.
De ahí que desde hace muchos años los políticos-empresarios comenzaron a invertir en centros privados de atención en salud.
De hecho, uno de los sectores privados de mayor desarrollo en los últimos años son estos centros privados de atención, con inversiones gigantescas que tienen que ser recuperadas rápidamente.
La Caja es un obstáculo enorme para la empresa privada que produce salud, cuyos dueños son políticos de renombre, obsesionados por el poder y el dinero.
Asimismo, los empresarios-políticos, con una visión clara de la importancia de tener los medios de difusión del pensamiento en sus manos para así poder formar opinión en los temas que les interese, han invertido masivamente en la compra de estos medios, apropiándose en gran cantidad de ellos, escritos y radiados, dado que los televisivos son incondicionales del capital.
Siguiendo una línea finamente diseñada, astutamente elaborada, estos políticos-empresarios por medio de la prensa nacional hace meses comenzó a destacar los problemas financieros de la Caja para, acto seguido, destacar los supuestos altos salarios y alegadas prebendas y granjerías de los médicos de la institución, achacándonos la culpa del problema financiero institucional.
El pueblo de Costa Rica debe tener claro que los problemas financieros institucionales se deben, fundamentalmente, a las enormes deudas que mantienen con la Caja el Gobierno Central y los empresarios privados, quienes mediante múltiples subterfugios, como cambio de razón social en sus empresas, no le integran ni las cuotas obreras que les retienen a sus trabajadores, menos aún la cuota patronal.
Los montos que estos deudores de postín deben son gigantescos y con su reintegro a la Caja le permitirían a esta sufragar sus gastos, contratar más personal que permita la solución del problema de colas en especialidades y en cirugía, así como la compra de mejores implementos tecnológicos para la investigación y tratamiento de muchas enfermedades. La CCSS tiene más de 30 años de no invertir en salud, estando estancada por la complicidad de quienes dirigen la institución con el Gobierno Central y con estos ladrones de corbata, al no cobrarles sus deudas, muchas de las cuales engrosan el renglón de deudas incobrables e irrecuperables, dineros perdidos para siempre.
Recuperar la independencia.Para que la CCSS recobre vigencia y logre los cometidos para los que fue creada, debe recobrar independencia. Esto pasa necesariamente por la eliminación, vía legislativa, de la Ley 4-3 y de presidencias ejecutivas, haciendo valer la voluntad del legislador que le dio plena autonomía a la institución. Esto permitiría eliminar la presidencia ejecutiva para volver al gerente general como máxima autoridad institucional y la integración de una Junta Directiva con representación de los asegurados, sindicatos, asociaciones solidaristas, cooperativas y representantes de los trabajadores institucionales, todos elegidos en votación abierta, con candidatos con atestados que aseguren conocimientos sobre seguridad social y prestación de servicios de salud. Cualquier otra solución a la crisis institucional sería cosmética y no resolvería absolutamente nada, condenando a la Caja a su desaparición y muerte, en poco tiempo.
La actual huelga médica debe orientarse en el rescate de la institución, presionando para que los cambios propuestos se den, haciendo un llamado para que la sociedad en pleno, con todas sus organizaciones sociales, participen en un gran movimiento nacional que rescate la CCSS.