Pero ese acuerdo no existe y tampoco hay señales de que se pueda alcanzar a corto plazo. Los diálogos intersectoriales no han arrojado frutos y más bien, lucen estancados por efecto de las medidas y acciones que ha debido tomar el gobierno, porque el tiempo no se detiene y los problemas y las demandas de solución saltan por doquier. Como sociedad estamos en una etapa en la cual predominan los intereses particulares, y donde los grupos de presión intentan halar la nave del estado por el rumbo que a cada uno de ellos mejor le conviene, en una competencia insensata que nos mantiene varados sin solucionar los serios problemas que nos aquejan.

Los partidos políticos, que supuestamente se deben encargar de la agregación de intereses diversos, dentro de rangos establecidos por sus diferentes visiones de mundo, están desorientados, fragmentados y apocados, sin que en su seno fuerzas renovadoras hagan su aparición. Acusan al gobierno de falta de rumbo, como maniobra distractora para ocultar su realidad: la carencia de norte. Seguramente por eso en las encuestas postelectorales los "sin partido" sigue siendo el grupo más grande. Incluso en el último año han decrecido notablemente los simpatizantes del PLN, debido seguramente a su pobre desempeño electoral, con un candidato que decidió sin razones claras no jugar el segundo tiempo del partido, y la desteñida actuación de la fracción en la Asamblea Legislativa en  2014.

La cercanía de las elecciones municipales seguramente no favorecerá el escudriñamiento interno, la depuración y la emergencia de planteamientos partidarios remozados. Las viejas dirigencias, sobre todo en la constelación opositora, siguen presas en las lógicas del pasado, registrando y agrandando los supuestos errores del gobierno, pensando que en 2018 ganarán las elecciones prácticamente caminando. No entienden que el mundo cambió y que al pasado pertenecen muchos líderes y dirigentes, esquemas y formas de acción política. La debilidad y el temor han sustituido la audacia de antaño, imposibilitando el pensar en grande.

En la sociedad civil hay mayores muestras de renovación, aunque el espacio público lo siguen ocupando viejas organizaciones y dirigencias gremiales y empresariales. En todo caso, los retoños son todavía escasos y carecen de la articulación necesaria para influir en forma determinante en la política, forzando la renovación de pensamiento, cuadros y partidos.

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