Hoy, como pocas veces antes, la Patria exige de todos protagonismos mesurados, humildes y responsables. Las certezas en situaciones graves como las que atraviesa el país, ya sea encerrada en  frases huecas como la de “yo ya voté”, en ghetos ideológicos o en mezquinas conveniencias, terminan siendo evasiones de la realidad. Han sido causa de graves errores en la historia de América Latina y hasta ha servido para encubrir grandes mentiras.

Hemos dicho y reiteramos que este domingo iremos a votar por lo que consideramos mejor y solo hay dos opciones. Una es la de un posible cambio y votar por ella es a la vez castigar a ese total continuismo que tanto daño le ha infringido al país y a un modelo de sociedad surgido de acuerdos tácitos entre distintas fuerzas y líderes de singular estatura política.

Una es para seguir en lo mismo, la otra abre posibilidades de nuevos espacios para el reclamo activo, unido y organizado si no se responde adecuadamente a las múltiples e intensas expectativas creadas. Esta afirmación nada tiene que ver con ciegas o excesivas confianzas y credibilidades en una persona, grupo de personas o en un Partido.

Respetamos profundamente cualquier llamado que se haga en uno u otro sentido siempre y cuando se fundamente en argumentos de peso. La expresión dura que hemos escogido para calificar a quienes justifican su postura de no ir a votar o depositar un voto nulo por no arriesgar a sentirse responsables o “cómplices” en caso de incumplimientos de lo ofrecido en la vitrina electoral no ha variado: es arrogancia pura de meros espectadores.

La “acción ciudadana” de la que tanto se habla, pasará de ser una simple divisa o un enunciado de buenas intenciones si se convierte en participación real, efectiva y decisiva, y no meramente consultiva, de todos los sectores de la sociedad en la futura conducción del país. “Hay un tiempo para cada cosa…”