Como ocurre a menudo,  se presentan  varias lecturas al respecto.  Hay quienes plantean un exilio, otras personas  conciben una salida del país como una forma de protegerla porque la iban a matar y hasta lapidar.  Es decir, nos encontramos con una historia oficial que  libera de culpa a los victoriosos;  otra que acusa y denuncia.

Ambas son posibles, dependiendo del marco de referencia de que se disponga.  Uno de los argumentos de la lectura protectora de la vida de Carmen Lyra y con ella del honor de las fuerzas victoriosas es que no existe documento que certifique el exilio.  ¿Existe documento que demuestre la expulsión del contingente que se tuvo que ir del país o esconderse en los lugares más insólitos como una tumba?  ¿Está debidamente certificado el exilio de Carlos Luis Sáenz, por ejemplo, quien se tuvo que ir a Panamá?  La versión proteccionista la podríamos extender a otras personas y argumentar, por ejemplo:   ¿a Carlos Luis Fallas lo acusaron de robar gallinas para no acusarlo de algo más grave?;  ¿a Jaime Cerdas, padre de Rodolfo Cerdas,  lo iban a sacar de la Penitenciaría y matarlo para que no sufriera más las penas de la cárcel?; ¿ametrallaron el avión, en La Sabana,  en que viajaban Manuel Mora  y Carmen Lyra como una despedida menos violenta?

En fin, podríamos seguir esgrimiendo dudas acerca del particular.  Las elipsis y los silencios sociales dan para mucho.  Una última cuestión nos inquieta: ¿Si había tal afán de protegerla, en lugar de obligarla a irse, no era más humano darle custodia y un policía que cuidara su casa, pues moverse no podía, estaba muy enferma?  Esa medida hubiera sido realmente una protección a una mujer desvalida de sesenta y dos años enferma de cáncer, quien tuvo que viajar acompañada de una enfermera.

La Psicología nos enseña un principio ético según el cual hay que creerle a la víctima y su versión no cabe nunca dentro de la historia oficial.  En este caso, las victimas nos legaron varias constancias: Manuel Mora y Carmen Lyra dejan una carta en la cual afirman no querer abandonar el país.  El primer número del periódico Trabajo después de la guerra civi circuló como hojitas mimeografiadas pues ya no había dinero ni imprenta con que hacerlo como antes. En su última página se lee lo siguiente:

Después del armisticio, se dio a los voluntarios la ayuda que los camaradas conocen.  Además hubo que pagar los gastos de viaje de aquellos camaradas cuya salida era indispensable para evitar que fueran asesinados.  No incluimos aquí el viaje de los compañeros Mora y Carmen Lyra que, echados por el gobierno, no tuvieron que pagar pasaje. (Recuperado de: http://www.ccl.una.ac.cr/flash/Documentos%20oficiales.swf)

Otro elemento para argumentar la existencia del exilio fue el hecho de que ella no pudo regresar a morir aquí, tal y como lo deseaba.  Eso lo documenta Víctor Manuel Sanabria, arzobispo de San José.   El 17 de mayo de 1949, el Diario de Costa Rica se vio obligado a publicar un texto de Sanabria en el que aclaró la correspondencia sostenida con Manuel Mora V.  La nota del arzobispo Sanabria había sido enviada el día 16 de mayo, a raíz de ciertos comentarios aparecidos en los periódicos sobre una solicitud de Manuel Mora V. hecha a Sanabria con el fin de que le ayudara a conseguir un permiso para ingresar al país con Ma. Isabel Carvajal.  El telegrama decía:

 Ahora pídole respetuosamente intervención para que se me permita acompañar Carmen Lyra quien vive sus últimos días y anhela morir Patria. Acepto restricciones quieran imponerme y comprométome salir nuevamente País plazo se me fije.  Anticípole profundo agradecimiento, y encarósele rapidez posible.

El señor Sanabria da cuenta de sus gestiones con un señor Pinto, quien, a su vez, envía el cablegrama al señor presidente electo Otilio Ulate, quien guarda silencio y lo pone en manos del señor presidente de la Junta de Gobierno.  En ese lapso, el arzobispo le escribe a Manuel Mora y le advierte: Lamento comunicarle que hechos lo sondeos del caso, no parece probable se acceda su solicitud.

Concluye su nota, aclarando la resolución que la Secretaría de la Junta de Gobierno le comunicó, por súplicas de don Otilio Ulate antes de salir de San José,  pues, visto el cablegrama en la Junta de Gobierno,  esta no podía resolver nada porque no había una solicitud formal.  Lo cual el arzobispo no podía resolver.  Víctor M. Sanabria alude, en esta misma nota, a un trámite en el que él tuvo que intervenir -frente al ejército  figuerista o frente a la Junta, no queda claro- para hacer llegar unas medicinas para Carmen Lyra.

(Recuperado de: http://www.sinabi.go.cr/biblioteca%20digital/periodicos/diario%20de%20costa%20rica/diario%20de%20costa%20rica%201949/eo-Diario%20de%20Costa%20Rica_17%20may_1949.pdf)

El regreso de la moribunda se convierte a partir de esta nota de Sanabria en un problema de Estado.  Si no hubo exilio por qué tanto trámite.  La seriedad de la petición estaba fundada en el estado de la moribunda, la aceptación de restricciones de parte de Manuel Mora y la intervención del arzobispo de San José.  Sin embargo, había que hacer trámite formal…

Escojan las cartas y armen su propio juego de lectura.