Imagen: Chuleta el personaje del cuento. Ilustración de la Batalla de Sardinal, del Museo Histórico Juan Santamaría

(Imagen: Chuleta el personaje del cuento. Ilustración de la Batalla de Sardinal, del Museo Histórico Juan Santamaría).

La matrona, doña Inés, de vez en cuando, le daba una lechita con tortilla para que se repusiera y así creció sin estímulos ni cariños especiales, de la mano de Dios.

Trató de llamar la atención y de sobresalir en algo pero aunque hacía sus mejores esfuerzos siempre llegaba tarde, salía corriendo cuando los fuertes la amedrentaban y se refugiaba temerosa en las faldas de doña Inés.

El patrón, ñor José María, le tenía lástima porque él era de cuna pobre, y todo lo que había logrado obtener en esta vida le había costado sudor y más sudor. Un ranchito, una chacra sembrada de maíz y algunos vegetales, una yunta de bueyes y una carreta. Ese era todo su patrimonio, pero lo más valioso eran sus ocho hijos que le ayudaban a mantenerse con el trabajo realizado entre todos.

Y ahí, en la vereda izquierda del majestuoso río Sarapiquí, tenían su hogar. Vivían tranquilos, y solamente la luz del día y las sombras de la noche hacían que su vida cotidiana transcurriera entre un período de descanso y otro productivo.

En tono burlesco, a Chuleta la apodaron así por su esquelética figura, pero ella disfrutaba la vida al lado de sus hermanos y perros vecinos. Con el paso de los años, aprendió a ayudar en las labores de cuidado del rancho y no permitió que se acercara ningún advenedizo ni animal peligroso.

En su currículo, destacaba la defensa que hizo de un ternerito recién nacido cuando un tigrillo de montaña se lo quiso llevar. También, la frenética valentía con la que defendió a Gasparcito, el pequeñín de la casa, del ataque de una terciopelo y cuando ladró, hasta quedarse afónica, alertando de una manada de saínos salvajes que eran el tormento de la zona y que destruían todo lo que encontraban a su paso.

Pero cuando obtuvo el mayor reconocimiento familiar, fue cuando se enfrentó a unos coyotes hambrientos que querían comerse las gallinas. Ese día, toda la familia asistió a un matrimonio de un vecino y dejaron la casa bajo el cuidado de Chuleta. El ataque se produjo como a las seis de la tarde. Cuando regresaron, encontraron a Chuleta herida y el gallinero con todas las gallinas vivas, pero alborotadas y nerviosas.

A partir de ese día se ganó el honor de comer con la familia en la mesa de la cocina y acompañaba a ñor José María cuando salía a laborar en la huerta. Era la más valiente entre los valientes.

Una mañana del mes de abril, oyeron unas voces de hombres cerca del rancho. Doña Inés llamó desesperada a Chuleta para que estuviera cerca y la protegiera, pero no resultaron enemigos. Era un contingente de 100 soldados costarricenses, la mayoría provenientes de Alajuela, que iban de paso.

Ñor José María interrogó al jefe, que se llamaba general Florentino Alfaro Zamora. Este le explicó que se trasladaban a pie para enfrentarse a un grupo armado de invasores llamados filibusteros, quienes venían desde Nicaragua a apoderarse del país. Doña Inés abrió los ojos y exclamó:

-¡Santa María, madre de Dios!... ¿es qué acaso estamos en guerra?

Sus hijos alarmados los rodearon para enterarse de tan funesta noticia.

-¡Sí estamos en guerra! – exclamó el General.

Chuleta se puso inquieta. Sus amos estaban angustiados. No estaba clara la situación para ella. De pronto, llegaron unos extraños y en vez de echarlos, los recibieron de buena manera y hasta les ofrecieron ayuda. Tampoco entendía por qué todos se vestían parecidos y quién era ese señor tan serio y con aires de gran señor a quien llamaban “Mi General”.

El general Alfaro seguía las instrucciones del comandante en jefe y presidente de la República, don Juan Rafael Mora Porras, estratega militar ingenioso, quien sabía que tarde o temprano nuestro ejército se enfrentaría al invasor en el río Sarapiquí y quiso cerrarles el paso lo más pronto posible.

Se tomaron las precauciones debidas y el contingente de soldados alajuelenses, liderado por el general Alfaro, marchó por la ribera del lado izquierdo del río Sarapiquí, rumbo al río San Juan. Es así como se toparon con el rancho de ñor José María.

Doña Inés, solidaria, cooperadora y como buena patriota, sirvió a las hambrientas tropas gallina achotada con agua dulce, tortillas y totoposte. Chuleta no se le despegaba. Tanta fidelidad llamó la atención del general Alfaro, quien de forma espontánea le acarició su cabeza y mientras saboreaba la deliciosa cuchara de doña Inés, preguntó:

-¿Y esta perrita tan fiel, de dónde salió?

Chuleta se volteó sorprendida y lamió la mano del General. Por primera vez alguien, que no era uno de sus amos, le brindaba cariño. El general Alfaro comenzó a jugar con ella y esta, mimosa y muy alegre, le siguió el juego. De forma espontánea, surgió una amistad entre ambos y de ahí en adelante, Chuleta fue la sombra permanente del general Alfaro.

Los hijos de doña Inés, henchidos de amor patrio, se ofrecieron para luchar en esta batalla. El general Alfaro les permitió que participaran en las preparaciones bélicas, pero que solamente los ocuparía si se necesitaban refuerzos.

Los llamados filibusteros, ni lerdos ni perezosos, ya habían recibido noticias del avance de este grupo de soldados costarricenses y enviaron 100 soldados en 4 embarcaciones, desde el puerto de La Trinidad, ubicado en aquellos años donde desemboca el Sarapiquí en el río San Juan. Estos soldados enemigos venían navegando por el río Sarapiquí, hacia el sur, porque su interés era apoderarse de San José.

El 10 de abril de 1856, entre las 8 y las 11 de la mañana, en una pequeña ensenada donde el río Sardinal se une al Sarapiquí, ocurrió la esperada batalla. Chuleta, como solía hacerlo, con fuertes y rabiosos ladridos, avisó al ejército costarricense que los filibusteros se acercaban sigilosos por el río; entonces nuestros soldados, en forma valiente y con premura, les prepararon una emboscada.

En el intercambio de balas, Chuleta corría desesperada de un lado para el otro y cuando cayó herido en su brazo derecho el general Alfaro le hizo guardia de honor y lamía con ternura su herida. Fiel a su General, nunca lo dejó solo hasta que este recibió ayuda médica; aun en esos momentos se mantuvo junto a él y lo miraba con unos ojos lacrimosos y de profunda tristeza.

Chuleta nunca imaginó que sería una insigne protagonista de la segunda batalla que libraron nuestras tropas en territorio nacional, porque la primera había sucedido en Santa Rosa, el 20 de marzo de ese mismo año. Ella compartió la victoria con su General y los valerosos soldados que lucharon en contra de la falange filibustera en Sardinal.

Chuleta, orgullosa y muy contenta, meneaba su cola porque, sin saberlo, contribuyó con sus acciones valientes y osadas a que esta gloriosa columna de soldados costarricenses mantuviera el control e impidiera más ataques de los filibusteros, utilizando la tradicional vía de transporte del río Sarapiquí hacia el interior de nuestro país.

El combate de Sardinal le demostró a William Walker, líder de los filibusteros, que no le resultaría fácil apoderarse de Costa Rica ni de Centroamérica, porque sus moradores estaban decididos a defender con sangre, valor, coraje y plomo su libertad y su soberanía y que, liderados por el Presidente don Juanito Mora, el triunfo estaba de nuestro lado, tal como sucedió un año después.

Cuando regresaron las tropas victoriosas a la capital, el general Alfaro nunca más se separó de Chuleta, compañera inseparable en otras batallas. Gracias a su olfato del peligro, coraje, nobleza y lealtad, el general Alfaro le concedió el honroso grado militar de “Chuleta, Generala cinco estrellas en la batalla de Sardinal”.

ACTIVIDADES PARA REALIZAR EN CASA

1.            Lean el cuento evacuando las dudas del vocabulario desconocido. Utilicen un diccionario. Uno de los integrantes de la familia irá buscando en el diccionario las palabras desconocidas.

2.            Ubiquen en un mapa de Costa Rica el río Sarapiquí.

3.            Enumeren el aporte de las mascotas en la dinámica de los hogares y como compañía de las personas que viven solas.

4.            Destaquen la lealtad y solidaridad de Chuleta con el General Florentino Alfaro.

5.            Dibujen y pinten a Chuleta de manera semejante a la macota de sus más cercanos familiares y amigos.

6.            Redacten un texto pequeño en donde expliquen la importancia de la batalla de Sardinal para la defensa del territorio nacional, frente al avance de los filibusteros.

7.            Destaque los valores que distinguen a Chuleta como una mascota valiente y escriban una lista de esos valores.

8.            Elaboren una canción sobre Chuleta y su historia como mascota del ejército victorioso en la batalla de Sardinal. Pónganle el ritmo que más les guste de una canción conocida y cántenla en coro con sus familiares.

(* Escritora, miembro de la Academia Morista de Costa Rica)

Libro Cuentos infantiles sobre la Campaña Nacional de 1856.