En todo el mundo rebrota la enfermedad. En Francia, en Holanda, en Inglaterra, en España, en Australia los nuevos casos diarios superan cifras anteriores, se recomiendan nuevos cierres, se advierte a la población de renovados riesgos, mientras se aproxima el invierno en el hemisferio norte.

En Francia el primer ministro Jean Castex habla por televisión, pide a la población respetar las medidas de protección para evitar el retorno a los peores días de la pandemia. En España, la administración conservadora de la capital rechaza las medidas de control que el gobierno socialista le pide; en Holanda, el primer ministro Mark Rutte hace sonar la alarma luego de un segundo día con récords de casos. Lo mismo en Inglaterra, donde, con 40 muertos diarios, las autoridades advierten a la población que, sin embargo, sale a las calles el sábado para protestar contra las medidas de confinamiento.

Europa tiene mucho que hacer para estabilizar la situación y poner bajo control la trasmisión; estamos viendo un preocupante aumento de la enfermedad, dijo Mike Ryan, especialista en emergencias de la OMS.

Maria Van Kerkhove, experta en Covid-19, también de la OMS, recordó que el período de influenza no ha comenzado todavía en Europa, lo que hace prever que las cosas podrían no estar yendo en la dirección correcta.

FALTA PLATA, SOBRA PLATA

Las economías, paralizadas por las medidas de protección ante la pandemia, se hunden. Por primera vez todas las regiones del mundo están en recesión decía, en junio, el Fondo Monetario internacional (FMI): cae un 9,4% en América Latina y el Caribe; 8% en Estados Unidos; 10,2% en la zona euro.

Los datos de la OCDE para el segundo trimestre del año muestran un extraordinario crecimiento negativo de la economía de la India, de 25,2%; de 11,4% en la Unión Europea; de 9,1% en Estados Unidos, frente a un sorprendente crecimiento del 11,5% en China, el único país con una tasa positiva.

En medio de las turbulencias causadas por la pandemia, el Grupo de Alto Nivel sobre Responsabilidad, Transparencia e Integridad Financieras Internacionales (FACTI), creado por Naciones Unidas en marzo pasado, rindió informe: el blanqueo de capitales de procedencia ilícita en el mundo asciende a 1,37 billones (millones de millones) de euros, equivalente al 2,7% de la riqueza mundial.

10% del PIB mundial se encuentra depositado en activos financieros transfronterizos. Las fortunas privadas escondidas en paraísos fiscales alcanzan los seis billones de euros.

Lejos de atenuarse, con la irrupción del coronavirus la evasión fiscal parece haberse incrementado, dijo Dalia Grybauskaité, copresidente del FACTI, en la presentación del informe. “Muchos bancos colaboran activamente en el robo a los más pobres”, agregó. Las pérdidas para los gobiernos, causadas por la elusión fiscal, alcanzan los 430 mil millones de euros anualmente.

Queda en evidencia que no es el coronavirus la causa de la crisis.

UNA DIRECCIÓN PELIGROSA

Septiembre es mes de la Asamblea General de Naciones Unidas, que este año se celebró del 22 al 29. Lo habitual es que miles de altos funcionarios y algunos de los más importantes líderes políticos mundiales se reúnan en Nueva York. No ha sido así este año, en que la 75ª Asamblea se celebró de modo virtual.

¡Estamos avanzando en una dirección muy peligrosa”, dijo el Secretario General de Naciones Unidas, Antonio Guterres, al inaugurarla el pasado martes. Frente a la pandemia de coronavirus, el mundo debe “hacer todo lo posible para evitar una nueva Guerra Fría”, agregó, al referirse a la creciente rivalidad entre China y Estados Unidos.

Después vinieron los discursos por país. El primero, como es tradición, corresponde a Brasil, en reconocimiento al papel de su canciller, Osvaldo Aranha, primero en hablar en la sesión especial de la Asamblea General de 1947, y luego presidente de la II Asamblea General y del Consejo de Seguridad.

Bolsonaro abrió la sesión en medio de una expectativa sobre la política ambiental de Brasil y la mirada puesta en los incendios que consumen vastas regiones en dos de sus principales ecosistemas: la amazonia y el pantanal de Mato Grosso.

En su opinión, Brasil es víctima de una de las más brutales campañas de desinformación, que atribuyen los incendios a los grandes intereses del agronegocio. Para Bolsonaro, el agronegocio sigue siendo un sector floreciente, que respeta “la mejor legislación ambiental del planeta”.

Según el mandatario, la mayoría de los incendios no tiene origen criminal, sino que son resultado de las actividades de indígenas y pequeños agricultores. Una afirmación que, según diversas fuentes, incluyendo una nota de la prestigiosa Asociación Brasileña de Prensa (ABI), contradice la verdad y provocó escándalo.

Bolsonaro, que inició su discurso reivindicando la verdad como requisito para que el mundo pueda enfrentar sus desafíos, culpó a sectores de la prensa de haber provocado el pánico entre la población sobre la Covid-19, instando a la población a permanecer en casa, lo que “casi provocó un caos social en el país”.

Reivindicó las medidas adoptadas por su gobierno para enfrentar la crisis, entre ellas una ayuda de emergencia de casi mil dólares (unos 5.600 reales), cuando, en realidad, esa ayuda fue de apenas 600 reales.

Y aseguró que no faltaron en los hospitales los medios para atender a los pacientes de la Covid-19, algo que también parece contradecir los resultados de la pandemia en el país.

Alineado con la política norteamericana contra Venezuela y en Medio Oriente, Bolsonaro concluyó asegurando que Brasil “es un país cristiano y conservador y tiene en la familia su base”.

CLIMA DE GUERRA FRÍA

Luego habló Trump y su discurso no pareció estar encaminado en la dirección sugerida por el Secretario General. Como Bolsonaro, defendió su política para enfrentar la Covid-19, pese a que su país es el más afectado por la pandemia, con más de 200 mil muertos, casi 7,5 millones de casos y una previsión de que su Producto Interno Bruto se reducirá un 9,1% este año.

Desde el inicio, Trump dejó sentado un tono de confrontación con China, calificando de “virus chino” el Sars-Cov-2, tocando un nervio particularmente sensible que puede afectar los esfuerzos mundiales de unidad para enfrentar la pandemia. Mientras perseguimos nuestro brillante futuro, siguió Trump, “debemos hacer responsable a la nación que esparció esta plaga por el mundo: China”, acusando a la Organización Mundial de Salud (OMS) –de la cual se retiró– de estar “virtualmente controlada por China”.

Trump, que también se retiró del Acuerdo de París sobre cambio climático, arremetió contra las prácticas ambientales chinas y reclamó a las Naciones Unidas “enfocarse en los problemas reales del mundo” se quiere seguir siendo una organización efectiva.

Trump, que retiró también su país del Tratado de Armas Nucleares de Rango Intermedio (Tratado INF) –firmado en diciembre de 1987 por el entonces presidente Ronald Reagan y por Mijail Gorbachov– reivindicó una renovada carrera armamentista, en la que Estados Unidos ha gastado 2,5 millones de millones de dólares en los últimos cuatro años, asegurando tener hoy armas a un nivel más avanzado que nunca y concluyó su intervención con una referencia a América Latina, reivindicando sus intervenciones políticas contra los gobiernos de Cuba, Nicaragua y Venezuela.

CAMBIOS PROFUNDOS

El presidente chino, Xi Jinping, habló en otro tono. “No tenemos intención de pelear ni una guerra fría ni una caliente con ningún país”.

China, como el mayor país en desarrollo del mundo, está comprometida con un desarrollo pacífico, abierto, no buscamos ni hegemonía ni expansión, afirmó.

El dirigente chino afirmó que el mundo sigue enfrentando la pandemia de la Covid-19 mientras atraviesa los cambios más profundos ya vividos en un siglo; hay que enfrentarlos con la visión de un futuro compartido.

Rechazamos los intentos de construir bloques para mantener a otros afuera; debemos respetar el modelo de desarrollo que cada país elija, afirmó.

Xi rechazó también los intentos de revertir el proceso de globalización económica, asegurando que no se podrá aislar a los países, ni cortar los lazos de esa globalización.

En tono más beligerante, el embajador chino en Naciones Unidas, Zhang Jun, acusó a Trump de diseminar un “virus político” en la Asamblea General, asegurando que si alguien debe ser considerado responsable por la pandemia es Estados Unidos, “por haber perdido tantas vidas con su actitud irresponsable”.

El pasado 11 de septiembre, días antes de la apertura de la Asamblea General, China y Rusia emitieron, en Moscú, una declaración conjunta de sus ministros de Relaciones Exteriores en la que reiteran “su firme compromiso con los principios del multilateralismo” y rechazan vehementemente las acciones unilaterales y el proteccionismo, las políticas de intimidación a otros Estados, las sanciones no amparadas en la legislación internacional o la aplicación extraterritorial de legislaciones nacionales, en clara alusión a las políticas de la administración Trump.

La declaración, de 12 puntos, fue considerada como “inédita y tremenda” por el excanciller brasileño Celso Amorim, en declaraciones publicadas por la revista Tutaméia el pasado 24 de septiembre.

Es una alianza sólida, que va a tener mucha fuerza en el escenario internacional, afirmó, con una enorme población; un gran territorio, con grandes riquezas naturales; y un gran poder militar. Una alianza basada en intereses nacionales, no en similitudes ideológicas.

China se enfrenta a desafíos en Hong Kong, Taiwán y en el Mar del Sur de China, recordó Amorim, mientras destacó que Rusia ve la OTAN expandirse hacia el este, hasta sus propias fronteras, enfrentando conflictos en Ucrania, en Georgia occidental y ahora en Bielorrusia (cuyo gobierno el excanciller brasileño no necesariamente defiende. No es bueno que el presidente gobierne desde hace 20 años, afirmó).

VIEJAS HISTORIAS

El presidente ruso, Vladimir Putin, en su discurso en la Asamblea General, expresó su preocupación por la retirada de Estados Unidos de acuerdos sobre desarme.

Aparte de la pandemia, dijo Putin, debe resolverse con rapidez la prórroga del Tratado de Reducción de Armas Estratégicas (START III), que expira en febrero de 2021, un tema que está negociando con los norteamericanos.

Pidió también un acuerdo vinculante entre las principales potencias para prohibir el despliegue de armas en el espacio y destacó que su país no ha recibido respuesta por parte de Estados Unidos y sus aliados a la propuesta de limitar el despliegue de misiles de corto y medio alcance en Europa y otras partes del mundo.

El ministro de Relaciones Exteriores de Rusia, Sergei Lavrov, concedió la semana pasada una larga entrevista a la agencia rusa Sputinik. Lavrov afirmó que Rusia va a trabajar “con cualquier gobierno que sea elegido en cualquier país, incluyendo Estados Unidos”. Pero vamos a discutir los temas que interesen a los estadounidenses solo sobre la base de la igualdad. Es inútil hablar con nosotros en un lenguaje de ultimatos. “Si alguien no lo ha entendido, son unos políticos inútiles”, agregó.

Existen muchas tendencias alarmantes, dijo Lavrov, como la retirada de Estados Unidos del Tratado INF y la intención de desplegar misiles no solo en Asia, sino también en Europa, sistemas que ya se han desplegado en Rumanía y que se están desplegando en Polonia.

Es triste –añadió– que, para ganar puntos en la carrera presidencial, se introduzcan “sanciones ilegales contra quienes digan cualquier cosa que contradiga la línea general de los representantes de Estados Unidos”. 

Se trata de un instinto de sanciones que se formuló en gran medida en la administración actual, pero no es una historia nueva, Obama también recurría activamente a estas sanciones.

Lavrov recordó que bajo la afirmación de que Rusia había interferido en las elecciones presidenciales norteamericanas en 2016 Obama “introdujo sanciones sin precedentes, incluidas la apropiación de propiedad rusa en Estados Unidos, la expulsión de decenas de nuestros diplomáticos junto a sus familias y muchas otras cosas”.

“Lamentablemente, esto se hace contagioso incluso en el continente europeo. La Unión Europea recurre al garrote de sanciones cada vez más a menudo”. 

Le preocupa especialmente a Rusia una tendencia a revisar la historia de la Segunda Guerra Mundial, que proponen organizaciones y partidos conservadores en Europa, equiparando el papel de la entonces Unión Soviética con el de los nazis como causantes de la II Guerra Mundial.

Detrás de esas iniciativas están los países bálticos y otras naciones, como Polonia.

Se trata de una resolución sobre la importancia de preservar la memoria histórica para el futuro de Europa aprobada por el Parlamento Europeo el 19 de septiembre de 2019 en la que se acusa explícitamente a la URSS —junto con la Alemania nazi— de desencadenar la Segunda Guerra Mundial.

Sobre el tema, dijo Lavrov en su entrevista, “se observa, francamente, una agresión histórica encaminada a la revisión de las bases modernas del derecho internacional que se han establecido después de la Segunda Guerra Mundial en forma de las Naciones Unidas y los principios de su Carta”.

Nos ofenden –agregó– “cuando dicen directamente que la Unión Soviética es más culpable de haber desencadenado la Segunda Guerra Mundial que la Alemania nazi. Al mismo tiempo, tratan de hacernos olvidar cómo comenzó todo en 1938, cuando los países occidentales, sobre todo, Francia y el Reino Unido “llevaban a cabo una política de apaciguamiento de Hitler”.

Putin publicó un largo artículo sobre esta situación en junio pasado, cuando se conmemoraban los 75 años del fin la II Guerra Mundial y la fundación de las Naciones Unidas.

Es nuestra responsabilidad hacer todo lo posible para evitar que se repitan estas terribles tragedias, dijo, citando una cuidadosa investigación de archivos soviéticos hasta ahora clasificados, incluyendo referencias al Acuerdo de Munich entre la Alemania nazi, Inglaterra y Francia, al pacto Molotov-Ribbentrop de no agresión, firmado entre la URSS y Alemania y a los acuerdos secretos agregados a este pacto por Stalin.

Además de la amenaza a los principios fundamentales del orden mundial, también hay un lado moral en esta materia, dijo Putin. La burla de la memoria constituye una bajeza “cuando todos los participantes de la coalición anti-Hitler, excepto la URSS, figuran en declaraciones en el 75º aniversario del final de la Segunda Guerra Mundial”, aseguró. 

(* Historiador, Periodista, Escritor, gilberto.lopes@ucr.ac.cr).