Nacido en Argentina en 1934, Catania llegó a Costa Rica en la década de los años 70 y convirtió a este país en su nueva patria, a la que dejó un legado imborrable de creatividad y excelencia.

Trabajó en más de 80 obras teatrales, tanto en calidad de actor como de director; fundó la Escuela Oficial de Teatro de Costa Rica; fue profesor de la Escuela de Artes Dramáticas de la Universidad de Costa rica y director del Teatro Universitario.

También ocupó el cargo de director artístico de la Compañía Nacional de Teatro, dirigió el Teatro Universitario, la Compañía Nacional de Teatro y el Teatro Carpa, entre otros desempeños.

La ministra de Cultura, Elizabeth Fonseca, dijo que “a pesar de no haber nacido en nuestro país, Alfredo Catania adoptó Costa Rica como su patria, y en el teatro nos dejó un enorme legado, porque vivió la época de oro del teatro costarricense, y como actor y director, creó verdaderamente escuela en el país. Lo extrañaremos mucho”.

“Alfredo fue un hombre maravilloso, que llegó a este país trayendo todo su conocimiento desde Argentina, con toda su familia. Costa Rica lo adoptó y se quedó con nosotros. Fue un hombre con una mística impresionante, con un amor al teatro, con un estudio riguroso, un maravilloso actor y uno de los mejores directores teatrales que ha tenido este país”, dijo por su parte la directora del Teatro Melico Salazar, Marielos Fonseca.

Entre las obras dirigidas por Alfredo Catania destacan “La Familia Mora”, de Olga Marta Barrantes (1974); “Puerto Limón”, de Joaquín Gutiérrez (1975); “El farsante más grande del mundo”, de J. M. Synge (1975); “El martirio del pastor”, de Samuel Rovinski (1987); “La llamada del tiempo”, de Guido Sáenz (1989); “El rey se muere”, de Eugene Ionesco (1992); “El cuidador”, de Harold Pinter (1995); “Roberto Zucco”, de Bernard-Marie Koltés (1996); “Olimpia”, de Linda Berrón (2002), y “Puerto Limón”, de Joaquín Gutiérrez (2003).