Fabiola Salas y Aldeir Cortez Cash, ambos de 13 años, y la profesora Yanette Ibarra viajaron este viernes a San José para entregar en Zapote una carta en la que suplican a Chinchilla que adelante del último lugar a uno de los primeros puntos de la agenda para las sesiones extraordinarias de la Asamblea Legislativa, el Expediente 17984 para Declarar el Manati Símbolo Nacional.

El proyecto inició hace cuatro años por iniciativa de Fabiola y Aldeir, cuando tenían 9 años de edad, y contó con el apoyo de la maestra Ibarra y del biólogo Alexander Gómez, de la Universidad Nacional, que ayudaron a los niños a darle forma y con la información científica que fundamenta la declaratoria del Manatí como símbolo nacional. Los estudiantes son alumnos de la Escuela de Limoncito, Limón.

Ibarra y Gómez dijeron a Informa-Tico que temen que de no aprobarse la declaratoria en esta administración “el gran esfuerzo de los dos niños se malogre”, razón por la que decidieron trasladarse a San José para pedir a la Presidenta que lo convoque para después del receso electoral.

El Manatí es un mamífero marino que habita en los canales y lagunas del Caribe costarricense. Es una especie muy esquiva y por las características del agua turbia de su hábitat no es posible cuantificar la población que existe en nuestro país aunque se sospecha que es muy escasa, señaló Gómez, biólogo del proyecto.

“La única manera de saber dónde hay poblaciones de manatíes es cuando emergen y se dejan ver, la gente les toma fotos o nos reportan cuantos ejemplares vieron y si eran adultos o jóvenes”, agregó Gómez.

“En los últimos años, en las fotografías que tenemos puede verse cómo algunos manatíes tienen cicatrices en su piel por cortes de las aspas de las lanchas de motor que navegan en Barra del Colorado y los Canales de Tortuguero, dijo Ibarra, la maestra de la Escuela de Limoncito que apoyó desde el primer momento la iniciativa de sus alumnos.

La educadora hizo énfasis en que la principal amenaza que enfrentan estos mamíferos marinos -que no son cetáceos y llegan a medir más de tres metros y a pesar media tonelada-, “es la pérdida de su hábitat”.

El aumento de las áreas de cultivo a lo largo del cauce de los ríos que desembocan en el sistema de Barra del Colorado y los Canales de Tortuguero, provoca el arrastre de una gran masa de sedimentos, el aumento de la actividad humana y el tránsito de botes de gran tamaño y con potentes motores para la actividad turística, han desequilibrado el ecosistema marino costero en todo el litoral Caribe costarricense y en consecuencia el hábitat de los manatíes.

Gómez apuntó que el manatí es una especie de reproducción lenta lo que la hace muy susceptible a la extinción. “En 2007, hubo una alerta porque se encontraron 2 manatíes muertos al mismo tiempo como consecuencia de lo que se conoce como un episodio de contaminación del agua. Desde ese momento aumentó la preocupación por estos mamíferos entre la población local”.

Ibarra agregó que si no se da una protección legal mayor al manatí como la declaración de Símbolo Nacional, es muy difícil establecer algunas regulaciones para protegerlo como el uso de embarcaciones y motores menos agresivos para el ambiente.