Para Johnny Araya el retiro de su principal adversario asegura la candidatura presidencial. Berrocal ya ha anunciado que le apoyará a cambio de algunas concesiones que le serán concedidas, y por lo tanto el camino le queda despejado. Esta circunstancia le permite evitar una larga y desgastante lucha de tendencias que amenazaba con tornarse en guerra civil, y consolidar tempranamente su equipo de campaña a muy bajo costo. El PLN, además, está exultante y acaricia ya el sueño de alcanzar por tercera vez consecutiva la Presidencia de la República. Disponer de un sentimiento de unidad interna no es poca cosa en estos días, máxime cuando la base social liberacionista –la más perjudicada con las políticas estructurales adoptadas por su propio partido durante los últimos ocho años- necesita ser nuevamente conducida a sus imaginarios históricos. La ilusión óptica que Araya despierta como el “refundador socialdemócrata” del PLN depara un sentimiento de alivio para muchos liberacionistas tras el reino de los Arias, quienes han tenido la habilidad, a costas de Rodrigo, de atrincherarse en lugares desde los cuales podrán ejercer su enorme influencia sin desgastarse más.

Ya habrá tiempo después para cobrar las facturas que se hayan quedado sin cubrir en la última negociación con el alcalde.

No obstante lo anterior, el PLN continuará por el fondo siendo lo que hoy es: el “Caballo de Troya” de los grupos de poder económico que fueron capaces de apropiárselo de manera progresiva a partir de 1994 o, si se quiere ver de manera más compleja, desde la instauración de los primeros planes de ajuste estructural a principios de los años 1980, en plena crisis centroamericana. Esta condición insólita, que metió hasta la cocina partidaria a los sectores y personajes que el PLN había combatido por casi medio siglo, constituye el punto medular del debate que sigue. ¿Es Johnny Araya una alternativa real a esos poderes o simplemente se convierte en el rostro que podría depararles un cuatrienio más de dominio cada vez más hegemónico del sistema político nacional?

Mi impresión es que Araya hará todo lo posible por lucir como el heredero de don Pepe, don Chico, Daniel y Luis Alberto. Tratará de desmarcarse del neoliberalismo arista y, si la oposición no se descobija, logrará presentarse ante el electorado como el nuevo rostro del PLN originario. No le vendrá nada mal, a ese respecto, el apoyo de su tío y del mongismo que ya le acompañan en la campaña. Sin embargo dudo mucho que pueda desembarazarse con tanta facilidad del hecho concreto de ser el sucesor de dos gobiernos liberacionistas que han dejado al país hecho trizas desde un punto de vista social, con niveles de desigualdad sin precedentes en nuestra historia que son, además, los que crecen de manera más rápida en toda América Latina.

Ahora la palabra la tiene la oposición. Si no se logra articular, las posibilidades de superar esta nueva circunstancia serán pocas. Y esa articulación pasa por al menos tres procesos simultáneos: la definición de una plataforma programática común, viable y creíble; la definición de una candidatura presidencial y un equipo de campaña también creíble, fuerte y eficaz; y sobre todo la capacidad de convertir todo eso –la propuesta y la candidatura- en un mensaje que seduzca y convenza a la mayoría de electores y electoras que siguen declarándose “sin partido” y que no se van a dejar impresionar tan fácilmente por los cantos de sirena del “johnismo” .

Finalmente, el factor decisivo de esta historia continuará siendo la gente, el costarricense de la calle, que está absolutamente desencantado con lo que mira y a quienes mira en la política. Mejor no echar las “campanas al aire”. Todavía las puertas de la iglesia no se han abierto.