Foto. Mauricio Alvarez. Gruta ubicada entre las montañas de Dota, parte de la Ruta Sukia. 

En la actualidad, hay una ruta de senderismo y caminata por estas montañas que reivindica y revive parte de estas travesías. Para ser justo, más que una “aventura turística”, es una de las mezclas más hermosas y ricas de la historia ecológica comunitaria que aún late y se sigue escribiendo con muchos otros pasos.

Es como sentirse pionero por unos días, apreciar no solamente la naturaleza, sino también, estar en una conexión con la gente que vive hoy en lugares que siguen siendo invisibles para la mayoría.

Las personas pioneras tienen más de 50 años de retomar estos senderos, mejorarlos, ampliarlos, interpretarlos y compartirlos caminando. Una de esas familias son los Parra. Como nos cuenta Rafael Parra orgullosamente, su abuela huetar Inocencia Quirós y se enamoró de Marcial Parra un pionero chileno en San Gerardo de Parrita y sus padres Juan Parra Quirós y Bienvenida Chacón Chinchilla iniciaron una historia ligada a la “colonización” de la montaña de Dota, pero no como fue la norma de botar bosque y explotar la tierra e imponerse sobre las comunidades indígenas, si no de reconocerla, quererla y aprender del ambiente y los pueblos originarios. Es un trozo de la historia ecológica de la zona y de cómo no todos los caminos llegan al mismo sitio, si no que siempre se puede ir contra corriente, hasta que la mayoría entienda que hay muchas otras formas de andar y habitar el mundo.

Es otra forma de hacer historia ecológica desde las experiencias pioneras, de la toponimia que rescatan las personas fundadoras, los chistes o anécdotas, pero también las penas para forjarse una vida en las condiciones más difíciles y aisladas, pero a la vez acompañada siempre de comulgar y convivir con los ecosistemas y con grandes ríos como el Savegre, cuya cuenca tan conservada es testigo de honor de que estas comunidades lograron vivir sin destruirla, porque lograron encontrar esa formas tan necesarias y apremiantes para la sobrevivencia de la  humanidad. Estas personas construyeron familias, fundaron pueblos, caminos, escuelas o salones comunales con puro esfuerzo colectivo que hoy es visible y conocido gracias a la actividad turística. Pero el concepto del “turismo rural comunitario” no puede contener esta experiencia tan integral que debiera ser casi requisito para aprender a vivir y conocer la otra historia necesaria para un futuro sustentable.

Es una historia sabrosa y mágica porque entrar desde las casas y fogones de estas familias es como entrar a su corazón y a la luz de sus conocimientos, sin electricidad o señal celular. El fuego cocina el café y la comida campesina, mientras del humo emanan los recuerdos y las historias de la montaña, las noches que durmieron perdidos en tormentas o crecidas de los ríos, los relatos de arrancarle senderos a la montaña a fuerza de pico y pala, de comer plantas, frutos y las medicinas que acompañaban esas difíciles jornadas para hacer camino, de cómo el abuelo partía sobre la roca viva una tapa de dulce para que todas las familias dejaran las palas y endulzaran el cansancio. Una narración de la ingeniería campesina que perdura más que las carreteras de hoy hechas de plástico y pagadas a precios de oro. Estos trillos permanecen por el simple hecho que fueron construidos por el amor colectivo de hacer las cosas bien, es la fuerza de la historia de comunidades pioneras que deciden no solo abrir veredas para sacarles plata, si no para servir y no servirse, como lo hicieron las generaciones de antepasados y hoy seguimos disfrutando inconscientemente, por pasión y servicio a las futuras generaciones, esa lógica tan proscrita hoy por el actual sistema político desechable basado en la destrucción de la vida.

Estos saberes ecológicos que no solo son de Rafael Parra o su abuela, sino que son de otros pioneros viajeros y hoy turistas con los cuales los Parra intercambian y trafican una ciencia necesaria para otro futuro posible de buen vivir, porque si algo aprendimos estos 5 días fue que “más sabe el Parra por compartir y escuchar que por viejo o diablo”. Sin duda nos sentimos cobijados por su afecto familiar y al mismo tiempo, nos fue abriendo la historia de las luchas ecológicas por defender los ríos, los bosques y un sistema de conservación, más ligado a la lógica comunitaria que a la policial con que han querido imponer de manera autoritaria, un Estado ausente y excluyente. Muchas de estas luchas contra la caza ilegal, contra las represas en Río Savegre, la extracción ilegal de flora y fauna o la contaminación les ha valido amenazas de muerte y otras formas de amedrentamiento. Por lo cual dejo constancia en este escrito que son defensores y defensoras de la naturaleza y de este importante patrimonio de comunidades que no aparecen en el mapa, pero son una universidad abierta para cambiar el sistema.

La ruta Sukia y la familia Parra es una experiencia vital para aquellas personas que aman la naturaleza y quieran aprender como ésta puede ser el centro para la existencia, para una mejor calidad de vida y para encontrar la felicidad de manera colectiva. La sencillez y la bondad que se adquiere al servir y compartir con otras personas, con el “medio” o mejor dicho el “ambiente entero”, es lo que este proyecto, que es parte de la montaña, ofrece con una clara función de complementar la naturaleza y proyectar este conocimiento en las personas que, sin miedo, aceptan vivir plenamente este intercambio y complemento de saberes.

Invitamos pues, a todas las personas aventureras y curiosas a este “cinco estrellas de la ecología comunitaria”, a conocer por dentro la cultura campesina pionera, una muestra de un valioso patrimonio vivo y en extinción. Son caminatas promedio de unos 15 kilómetros diarios para la caminata de 5 días, 45 kilómetros en la ruta Sukia original pero que se le pueden agregar otros recorridos hasta los 70 kilómetros para aquellas personas con más condición física o puede ser hecha en trayectos más sencillos, cortos o más pausados y los que quieran solo llegar a comer y dormir en la paz de la montaña. Hay muchas variantes para agregar otros días e iniciar en el Cerro de la Muerte pasando por San Gerardo y Providencia o terminar en un rafting en rio Savegre. La travesía de 5 días es entre las casas de familias que sirven como albergues donde le devolverán todo el cariño y la energía gastada, con deliciosa y abundante comida criolla que, sin ningún reparo, son imprescindibles para recuperar y tener las fuerzas necesarias para la jornada siguiente.

Las preocupaciones o cualquier signo de estrés lo dejarán olvidado en alguna catarata, o lo ahogará en alguna poza o será sudado en alguno de los ascensos donde solo queda caminar, disfrutar, aprender y compartir, tomando agua de la montaña o alimentándose de alguna planta que encontrará en los senderos que han alimentado la dieta de las personas pioneras y viajeras desde hace siglos.

Claro, no es fácil la vida de las familias que integran este proyecto, pero muchas prefieren seguir sin electricidad por su propia decisión, otras desearían estar más conectadas y tener servicios o existir en los mapas y sobre todo con sus propios nombres en honor a las personas fundadoras y a la naturaleza. Hoy, hasta los científicos han reconocido este esfuerzo de varias décadas al bautizar a una laboriosa hormiga como “Parra”, porque las personas pioneras han trazado estos senderos igual que las hormigas, abriendo paso y caminando, para que todas las personas que quieran también ser hormigas pioneras y lleven por el mundo estas lecciones de amor a la vida.  Así que ya saben, los que quieran excelentes noticias para la esperanza y el futuro, visiten la ruta Sukia y sigan alimentando esta hermosa historia ecológica.

Presidente de FECON y profesor en la Universidad de Costa Rica.
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