Se impone entonces, como única alternativa volvernos creativos, construir democracia de calidad desde abajo, desde las tareas más modestas como el  comité de barrio; las asociaciones estudiantiles de escuelas y colegios; los grupos de estudio universitarios, el apoyo a organizaciones benéficas, hasta los emprendimientos más ambiciosos: comités para influir en presupuestos municipales y nacionales (que la gente fije prioridades y defina en qué se gastan sus impuestos), así como movimientos por el derecho al agua potable, al aire puro, a la tierra productiva.

Construir democracia por supuesto desde el sindicato y la cámara empresarial, pero también en las organizaciones contra el cambio climático y las energías limpias, la violencia contra las mujeres, los derechos de las minorías y los pueblos originarios.

Debemos celebrar, una vez más el derecho al voto y la confianza que brinda nuestro sistema electoral. Peto lo esencial anda mal y urgen transformaciones que nunca nos caerán del cielo, ni vendrán de mano de autoproclamados salvadores.