Morales obtenía 25,8% de los votos obtenidos al escrutarse el 81,5% de las mesas, seguido por el abogado derechista Manuel Baldizón con 18,6% y la aspirante socialdemócrata y ex primera dama Sandra Torres, con 17,9%.

Contra las expectativas generales de que la crisis política en que se realizaban los comicios provocaría un elevado índice de abstencionismo, los guatemaltecos se volcaron a manifestarse en las urnas en una proporción cercana a 8 por cada 10, sin precedentes en la historia del país, según el Tribunal Supremo Electoral.

La jornada transcurrió no solo con afluencia masiva de electores, sino también en un ambiente de calma, sin violencia ni incidentes de importancia que pudieran despertar dudas sobre la legitimidad de los resultados.

Sin embargo, muchos analistas coinciden en que la masiva participación de los guatemaltecos en las votaciones reflejan el estado de indignación en que se encuentra ese país ante los hechos de corrupción revelados por la Fiscalía y que involucran al ahora ex presidente Otto Pérez y la ex vicepresidenta Roxanal Baldetti, ambos en prisión.

Pérez y Baldetti son acusados de encabezar una organización criminal conocida como “La Línea” que se dedicaba a cobrar sobornos en las aduanas, defraudando al fisco sumas millonarias.

Un “outsider” en broma y en serio

Al no alcanzar ninguno de los candidatos el porcentaje mínimo de 50%, Jimmy Morales tendrá que enfrentarse a Baldizón o a Torres, quienes al cierre del conteo la madrugada de este lunes se diputaban voto a voto el segundo lugar, con una diferencia de 0,7%.

Jimmy Morales es lo que en inglés se denomina un “outsider”, un hombre sin trayectoria política que emerge con inusitada fuerza como opción de liderazgo, generalmente en circunstancias en que los electores de un país han perdido la confianza en sus dirigentes tradicionales.

Morales es un actor cómico y productor de televisión de 46 años que fue postulado por un partido de derecha.

“Durante 20 años los he hecho reír, les prometido que si llego a ser presidente no les voy a hacer llorar”, ha dicho Morales a los electores, muchos de los cuales son seducidos por su sentido del humor más que por sus propuestas de gobierno, que él mismo reconoce no están muy bien estructuradas.

El aspirante centró su campaña en convencer a la gente de que es un candidato diferente, alejado de los vicios de la clase política tradicional. “Ni corrupto ni ladrón”, se definía en sus anuncios publicitarios.

No obstante, su imagen la ensombrece el hecho de haber sido postulado por un partido de militares retirados a los que grupos de derechos humanos vinculan con las graves violaciones cometidas por el ejército durante la guerra civil guatemalteca (1960-1996).

Frente a Morales aparece Manuel Baldizón, un abogado derechista que busca la presidencia por segunda ocasión.

Baldizón, de 45 años, es un magnate que ha ganado popularidad por su discurso populista, de fuerte contenido religioso y altamente confrontativo hacia la cúpula empresarial.

Sin embargo, su imagen ha sido empañada por las acusaciones de corrupción que enfrentan seis diputados de su formación política, Libertad Democrática Renovada (Lider), e incluso su compañero de fórmula, Edgar Barquín, acusado de abuso de poder y lavado de dinero.

Una investigación periodística de Insight Crime en julio de 2011 vinculó a la familia de Baldizón con el narcotráfico, y varios medios locales lo llaman "El Berlusconi de Petén" por su poder político y empresarial, aunque no se le han probado delitos.

Baldizón asegura que fundó su primera empresa a los 19 años y actualmente es un empresario turístico, del transporte e inmobiliario.