Recibió el premio como Salubrista Destacado, otorgado por el Ministerio de Salud y ahora es declarado Benemérito de la Patria otorgado por la Asamblea Legislativa.

A estos premios se suman varios reconocimientos internacionales como el Premio Mundial de Salud en Atención Primaria otorgado por la Organización Mundial de la Salud en 1999. No obstante, debo decir que la obra del Dr. Ortiz ha impactado tanto por los resultados que obtuvo en el mediano plazo sobre la salud regional, que ha concentrado la atención en la parte técnica del trabajo del Doctor y su equipo. Desviando la atención a la naturaleza del método utilizado, su innovación, profundidad y alcances. Se ha dejado de lado el paradigma que guío, el doctor Ortiz.

Este había tenido una formación profesional muy sólida en México, y se había especializado posteriormente en la Universidad de Columbia en Nueva York y en el American Hospital de Chicago en cirugía y administración de Hospitales. Con esta formación, pudo permanecer detrás de su bata blanca y dedicarse a ejercer la medicina curativa bien remunerada, atendiendo pacientes, pero él intuía que este no era el camino para alcanzar la salud ya que muchas personas llegaban sin esperanza a morir al hospital. Su sensibilidad y vocación le llevaron a buscar soluciones en la ruralidad de entonces, donde él no veía pacientes pasivos, sino personas y comunidades preocupadas por su salud, pero que no sabían cómo actuar y participar.

Trató a las comunidades campesinas, de bajo nivel educativo como personas explicándoles los origines de sus males y les explicó cómo se podrían resolver con organización, tanto para elaborar un buen diagnóstico que le permitiera al personal de Hospital actuar certera y oportunamente, como para montar acueductos y letrinas que eliminaran focos de contaminación. La organización, o vitamina “O” fue el puntal central del método que le permitió descentralizar y enriquecer la actividad sanitaria. 160 comités de salud extrajeron la información básica de la salud de las comunidades, casa por casa, a través de sus “enfermeritas”, potenciando el conocimiento del equipo médico, aportándole a los galenos y a los comités de salud un conocimiento y una visión de la que carecían anteriormente. Se perfeccionó, así, el quehacer médico del hospital, al mismo tiempo que se incorporaban masivamente en la cruzada por la salud las comunidades organizadas alrededor de los comités de Salud.

Esto es, el Hospital había sufrido una profunda metamorfosis; de un equipo de médicos que atendía dentro de sus cuatro paredes enfermos graves, en una empresa de la salud que incorporaba las comunidades donde operaban los 160 comités, con información fresca y atención preventiva y focalizada. Actividad que no se limitaba solo a lo que tradicionalmente se considera salud, sino que abarcaba la infraestructura y condiciones de tenencia de la tierra empleo e ingreso de la cual depende el bienestar. Se generó una visión integral de la vida social, articulada alrededor de la salud y el bienestar humano.

En otras palabras gestó una nueva institucionalidad, que tiene mucho que decirnos como faro de inspiración hoy en día que nuestro Estado se encuentra al borde del colapso. No obstante la creación de esta institucionalidad y sus alcances ha permanecido ensombrecida por los procedimientos técnicos de recolección y ordenamiento de la información que realizan hoy en día los EBAIS, que no pasan de ser unidades de desconcentración de la salud, donde ha desaparecido en términos reales la participación y aporte de la comunidad.

El benemeritazgo otorgado, con justa razón al doctor Ortiz Guier por la Asamblea Legislativa abarca a todo su abnegado y comprometido equipo de trabajo, a los 160 Comités de Salud especialmente a su abnegada esposa doña Virginia que además del soporte cotidiano directo creó el comité de Damas cooperadoras del Hospital para dar soporte a los esfuerzos colectivos, sin los cuales estos logros no hubieran sido posibles. No obstante, no podemos darnos por satisfechos con este reconocimiento, debemos difundir la esencia del método que parte de una visión paradigmática diferente: En vez de pacientes o beneficiarios visualiza personas y grupos organizados.

En vez de asistir desde la institución capacita a las comunidades para conocer su problema y las incorpora a la solución. En vez limitar al equipo médico a aplicar el conocimiento curativo, indaga con la participación activa de la comunidad en los problemas concretos de la salud y diseñan de manera conjunta una estrategia de acción. Desarrolla las capacidades organizacionales en las comunidades y las transforma, junto al equipo médico en un nuevo sistema de salud altamente eficiente y de bajo costo.