Las estrategias del anticomunismo tico entre 1948 y 1962 fueron muy sutiles unas y brutales otras; como analiza en su libro “Los Amigos de Lucifer. La ideología anticomunista en Costa Rica” Jorge Barrientos Valverde, historiador y profesor en la Escuela de Estudios Generales de la Universidad de Costa Rica (UCR).

El libro publicado por la Editorial Arlekín fue presentado esta semana en un contexto de precarización de la fuerza trabajadora, de ataque a la clase media, anti-huelgas, anti-sindicatos y de criminalización de las universidades públicas.

Para Adriana Sánchez Lovell, psicóloga, historiadora, investigadora y docente de la Escuela en Historia de la UCR, el libro muestra cómo las utopías se han visto mancilladas a través de estrategias de manipulación de las élites políticas y de los medios de comunicación. También destacó el papel central que jugó la educación, incluyendo en este apartado a los pastores en los cultos, a las maestras en las escuelas y a los periodistas.

Después de la Guerra de 1948 se monta una estrategia de dominación consensuada, ideológica, de persuasión político-social y de manipulación sobre lo que representaban los proyectos políticos alternativos, como el comunismo. Si bien el Partido Liberación Nacional encabezó este movimiento, se le sumó la oligarquía cafetalera y los terratenientes y se fortaleció así una burguesía profundamente anticomunista.

Sánchez Lovell explicó que los vencedores de la guerra se atribuyeron el monopolio de la moral, buscando rescatar al país de todos los males, según ellos. La estrategia de los gobiernos que siguieron fue crear una campaña anticomunista con el discurso y también por la vía constitucional abrazando los intereses de los sectores productores. Fueron las administraciones de la Junta Fundadora de la Segunda República (1948-1949), Otilio Ulate (1949-1953), José Figueres (1953-1958) y Mario Echandi (1958-1962). El 17 de julio de 1948 se ilegalizó el Partido Vanguardia Popular (PVP), segunda fuerza electoral de la década de 1940. Luego se prohibió la Confederación General de Trabajadores. Aproximadamente 7.000 personas se exiliaron  hacia países como Venezuela, Panamá, México y Nicaragua.

George García Quesada, filósofo, historiador y profesor en la Escuela de Estudios Generales y en la Facultad de Letras, comentó que después de la guerra civil, los sectores vencedores fomentaron un clima de miedo frente a esta supuesta amenaza comunista y así se logró reprimir a los perdedores de la guerra.

Mientras que el director del Centro de Investigaciones Históricas de América Central (CIHAC), David Díaz, expresó:  “El anticomunismo es un deporte nacional. Los comunistas eran pintados como demonios, perseguidores de los bienes ajenos, destructores, monstruos diabólicos, batracios. Es decir, después del 45 se había construido esta imagen de que los comunistas habían transformado a Costa Rica en todo lo que hoy odia Ronny Chávez”.

“Lo que había era una dominación desclasada, una Costa Rica vista como una sola familia católica, donde el comunismo no tenía espacio y era una amenaza para esa familia. Es el mismo discurso que usan los sectores conservadores, la iglesia católica, los grupos neopentecostales para referirse al feminismo o al matrimonio igualitario hoy en día”, apuntó Díaz.

Lo que estaba en juego

Sin embargo, tanto para García como para Díaz, al libro le falta poner un poco en perspectiva cuáles eran los intereses materiales de los actores en esta disputa política. “¿Qué es lo que estaba en juego? No se trata solo de una histeria colectiva. ¿Cómo se articuló esta política anticomunista con los intereses de los actores del nuevo modelo económico?”, preguntó García.

Díaz agregó que falta recrear la idea inicial de dónde sale tanto odio. “¿Hacia dónde va tanto odio?
Después de la guerra hubo una reconfiguración de fuerzas económicas y políticas y nuevos actores se convirtieron en adalides de un nuevo modelo económico”.

Durante el conversatorio Barrientos dijo que sí incluyó el tema de la conflictividad económica material, y la tensión y disputa sobre quién administra la riqueza y los recursos.

David Díaz añadió que queda pendiente explorar la producción ideológica más interesante de este período, que es la construcción del PLN, que le dio sentido a todo este discurso político y significó su operativización. “Desarrolló un complejo poder para maniobrar en esta sociedad campesina, migrando entre la derecha y la izquierda”.

Más allá de las fronteras
 
Otro alcance importante de esta investigación realizada por Barrientos es que “es una historia que atraviesa las fronteras nacionales; no apostó a ser una historia nacionalista, sino que aborda por ejemplo lo que pasó en Guatemala, donde la guerra de guerrillas y las operaciones de tierra arrasada duraron décadas, en donde una acusación como ser comunista te costaba la vida y la libertad”, expresó Sánchez Lovell.

“En Latinoamérica el comunista ha sido ese ‘otro’ convertido en enemigo interno”, agregó George García.